A propósito del show de Bad Bunny en la gala de Pornhub, los «Oscar» del porno

Se viene un clásico: la entrega de premios de Pornhub, la web de contenido pornográfico con más visitas del mundo. Allí puedes ver desde un coito normal -como el que practican tus padres en el sofá donde te sientas cada día, y le acabas pidiendo dinero a tu madre para comprar droga, vestido como un mamarracho y con la gorra puesta dentro de casa con 35 años- pasando por gente que se mete una pierna (hasta la rodilla) por el culo o personas que eyaculan en un vaso grande de sidra y lo comparten con alegría y camaradería sin necesidad de estar en el descenso del Sella y siendo estos de Cincinnati, Ohio.

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Ahí hay de todo, como en el bazar del sr. Ming de debajo de tu casa. Solo tienes que buscar un poco para salirte de lo obvio, de la paja mainstream, de la mierda que ve tu vecino, que con catorce años se cree que la primera vez que huela un coño tendrá que actuar como el infraser que sale en los 12 minutos con los que se pajea en Pornhub: un sujeto más enfarlopado que Pepe El Marismeño en el Rocío, que ahoga y fuerza un deep troath a una adolescente rumana -que en el mejor de los casos será mayor de edad, y en el mejorísimo de los casos hasta cobrará-, dándole más tortas de las que recibió Martxelo Otamendi, para luego dejarla prácticamente ciega eyaculando esa argamasa de semen y cocaína en sus pupilas.

Pues bien, en la fiesta fin de curso de la plataforma responsable de un 80% de las pajas que se ejecutan en el mundo,  individualmente -o incluso por terceros- actuará Bad Bunny: delante de millones de dispositivos móviles que antes, después o durante, también serán utilizados como medio indispensable para masturbarse -o incluso para introducirse objetos de gran tamaño por vía rectal, independientemente de ideologías y/o sexualidades-.

De Burgos a Kuala Lumpur, de un barrio chuli, e incluso comprometido con el peor de los colaboracionismos capitalistas de Occidente -ideológico, económico e infracultural- como Gràcia, en Barcelona, hasta donde tenía la parcela la persona que actúa como marido de Olvido Gara: siempre hay alguien que está consultando Pornhub. Un año después de que Juan el Golosina le lavase los pies a Carmina Ordoñez con un botellín de Cruzcampo -en la mejor romería que se ha hecho en este país-, ya estaba Pornhub facturando más que la Seat pero menos que algunos colaboradores veraniegos en radios y televisiones a lo largo y ancho del reino. España, en agosto,  es el paraíso del periodismo a punta de pistola, del atraco infame, de la peor sección de la historia de la radio, de asaltar las cuatro monedas que quedan en los medios públicos, de colocar a ese cuñao prácticamente subnormal en la televisión: de pillarle al primo de tu vecino en la barbacoa hecha en la piscina comunitaria y que salga -el hecho, el acto y el cuñao- en la última sitcom de TV3, que pese a estar intervenida ya desde antes de la Olimpiadas de 1992, se sigue saqueando a espuertas, a camiones, a tráilers, bajo una pátina impostada de modernidad y toneladas de basura que ni aceptarían en el Instituto Pasteur para analizar.

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En este panorama actuará Bad Bunny, un artista comprometido con el devenir político de Puerto Rico. El populacho, históricamente, y en todos los países -España ejemplo mundial de ello- siempre se ha mostrado agradecido ante la caridad de multimillonarios fuertemente comprometidos con la llegada de la electricidad a las chabolas del proletariado, Mercadonas en todos los barrios e incluso poner medios punteros para que no se te muera un hermano por un corte mal curado en la casa de socorro de tu pueblo al saltar la verja de una propiedad privada de algún familiar directo de Franco para poder llevar leche en polvo a casa. Las gentes quieren gestos y porno.

Normal que Bad Bunny actúe en estos premios. Primero porque Pornhub se puede permitir pagar el caché de la rutilante estrella mundial y segundo porque está de moda. Evidentemente que no van a invitar a Luis Eduardo Aute para que cante «Una de dos», justo después de entregar el premio al rabo más grande de la industria, o a Amaia de OT para que haga lo propio con el mejor bukkake de la temporada. Bad Bunny ha declarado: «no se pierdan mi performance, será salvaje».

El año pasado, Kanye West y Willo Perron hicieron las veces de directores creativos de los primeros premios Pornhub. West usó -literalmente- la entrega de premios para estrenar el «I Love It» con Lil Pump. Mientras tanto, Young M.A fue galardonado con el premio «Visionario» por su película «The Gift». La ceremonia fue un tostón infumable. Una basura infecta impropia de la plataforma que más personas entretiene en el mundo con sus contenidos.

La única alegría que se llevó el aficionado hetero español fue el reconocimiento, con dos premios, a nuestro actor más internacional, Jordi el niño polla: «Me llevé dos premios y una bolsa de regalos exclusivos de Pornhub que os enseño en este vídeo. Y es que a vuestro caudillo siempre le gusta tener dos premios gordos entre manos jeje».

Esperemos que este año, y con la actuación de Bad Bunny (y de otras superestrellas que la organización anunciará en breve), la ceremonia de entrega de premios sea un poco más amena que la función de fin de curso de San Pablo CEU.