Cabezas fritas: un paseo por la ketamina

Resultado de imagen de ketamine

Consideraciones del uso lúdico-festivo de la ketamina, a propósito de su legalización en USA para tratar casos de depresión.

 

La semana pasada hubo debate entre los profesionales de la Psiquiatría de Estados Unidos, ya que muchos avalaron la aprobación, por parte de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) de un nuevo aerosol nasal de efecto rápido para combatir la depresión. Después de muchos meses esperando la resolución final, esta llegó el 5 de marzo: la esketamina será comercializada con el nombre comercial de Spravato. Este es el primer medicamento de prescripción facultativa para la depresión derivado de la ketamina, un anestésico antiguo y ampliamente usado en elefantes y caballos y en menor medida en humanos.

Excelente noticia (según algunos psiquiatras) para todos aquellos pacientes que han recibido escaso o nulo alivio con la toma de otros antidepresivos.  Sin embargo, y como viene siendo habitual cuando se trata de las farmacéuticas, la preocupación viene por su elevadísimo coste y los efectos secundarios a largo plazo, así como sobre la logística de administración de acuerdo con los requerimientos de la sanidad americana. Pero vayamos por partes, ya que algunos se preguntarán ¿Qué es la ketamina? ¿Eso que a veces me han invitado en una punta de una llave o en forma de lo que conocemos en España como «una raya» cura la depresión? ¿Puedo hacer yo estas cosas en casa? ¿De camello a doctor con un camping gas?

Resultado de imagen de ketamine

La ketamina es una sustancia psicoactiva empleada legalmente en medicina y veterinaria (actualmente su mayor uso se da entre los veterinarios: entiéndase bien, ellos son los que administran la sustancia a los animales) como potente anestésico general de uso muy común para equinos y elefantes. Se trata de una droga derivada de la fenciclidina, con características afines al grupo de sustancias psicodislépticas, generando alteraciones en el funcionamiento del sistema nervioso, tendiendo a provocar alteraciones perceptivas, es decir, alucinaciones.

La ketamina actúa sobre el sistema nervioso como una sustancia depresora, generando sedación y analgesia casi de forma inmediata al reducir la actividad neuronal. Conocida en la calle por su uso lúdico como Keta, Kit-kat o Special K tiene potentes efectos alucinógenos, los cuales se caracterizan por disociar cuerpo y mente, pudiendo generar episodios  que te lleven a observar tu cuerpo desde el exterior, como puede ocurrir con algunas experiencias cercanas a la muerte. El abuso de la posología lúdica de la ketamina es letal para el cerebro. Su uso continuado y en generosas dosis garatizan tener la cabeza cagada por dentro de por vida en pocos meses.

A nivel clínico la ketamina se suministra por vía intravenosa, muy pocos connaisseurs se la inyectan para un uso lúdico-festivo. La ketamina que se vende en la calle es polvo para inhalar y se puede cocinar en casa de la siguiente manera (aunque desde Beatburguer os recomendamos que invirtáis vuestro tiempo en acabar los estudios para no tener que comprarlos como Pablo Casado o en cualquier otra cosa que no comporte una politoxicomanía severa como la que puede generar el consumo no controlado de ketamina). Aquí la receta familar, -la de toda la vida-  que se ha hecho en casa: se pone una olla a hervir con agua, un plato de cerámica encima de esta y en el plato se vuelca el bote de Ketonal de 10 mililitros (una de las marcas con más proyección y aceptación en el mercado negro). La ketamina al cabo de diez minutos irá cristalizando poco a poco: hay que mover los cristales con decisión, pero con cuidado, se pondrá brillante, -como una escama de serpiente blanca: peligrosa como la polla de Vicente del Bosque y golosa como la caída de ojos de la Goony Chonga-, no hay que permitir que esa luz blanca se apague (ya lo dijo Morrissey y luego reforzó el argumento Mikel Erentxun). Se retira del calor y se airea moviendo los cristales, que ya se habrán convertido en 0.80/0.90 gramos de ketamina. Una vez fríos, los cristales se peinan para convertirlos en polvo para inhalar o encapsular -en cápsulas de Frenadol vacías- para consumir por vía oral por personas con problemas en el tabique nasal o aguerridos personajes del levante español. Esta sustancia provoca cierta amnesia posterior a su consumo y en general no tiene olor ni sabor, contrariamente al famoso speed manzana o el keroseno que venden en forma de cocaína en grandes urbes pobladas por paletos como Barcelona o Madrid.

La ketamina, como cualquier vianda que se cocine, no debe consumirse recién sacada del fuego. No te puedes meter una punta de ketamina caliente: no tiene el mismo efecto que fría y reposada. Es como beber Don Simón de tetrabrik o optar por algo más o menos decente de alguna de esas bodegas jóvenes de Burgos (DO Ribera del Duero). La ketamina caliente te destrozará igual el cerebro pero no te dará la misma hostia que fría. La referencia culinaria se entenderá rápidamente: el guiso cocinado del día anterior tiene mejor paladar consumido el día después. Pero siempre hay que tener presente la caducidad de las cosas que se hacen en casa, ya sea una tortilla de calabacín, un arroz con leche o manipular litros de Ketonal como quien carga con garrafas de 5 litros de Solán de Cabras.

Imagen relacionada

La ketamina recién cocinada (hasta los 7 días) tiene una entrada suave y limpia. Suministrada a la española, esto es, en la punta de la llave de casa, del parking o del coche, tiene un efecto placentero, relajante y con cierto regusto a distanciamiento brechtiano: vas flojo -como dirían en Basauri-, anestesiado, con un globazo importante en la cabeza, a tres metros ves las cosas como las vería Óscar Broc de Arusitys sin gafas. En lo físico, si te has metido ya dos o tres copas, generas a tu alrededor una sensación que ni Echenique y El Langui en la curva de Estafeta.

Dejada curar una semana más la ketamina gana en peligrosidad, y en el lotazo: els distanciamiento cuerpo-mente es hasta palpable. Me pasé toda una sesión de David Morales en el extinto Biarritz de Barcelona pensando que estaba bailando cuando, en realidad, llevaba más de cuatro horas sentado, mirando mi Alcatel One Touch Easy de color azul como si Mariah Carey estuviese meándome en el pecho: una sensación rara pero placentera, pese a ser de los pocos que aún llevaba el pecho cubierto en el local.

Entre la segunda y tercera semana en barrica la ketamina se convierte en el Kevin Christian del barrio: te reta constantemente. Generas una tolerancia y desasosiego que pasas de la raya en el CD de Ismael Serrano que tu hermana guardaba en la guantera del Citroen AX que compartiáis (y que acabó destrozado bajando de ver a Roger Sanchez el 31 de agosto de 2002 en Florida 135 – a 43 grados celsius a la sombra-) a ponerte una diagonal en el 12 pulgadas del vinilo del «Free» de Ultra Naté – un evidentísimo homenaje encubierto a la ketamina-. A las tres semanas la magia química de la anestesia para equinos que nos suministraban los mejores hipódromos de Europa (cuando aún dejaban entrar a Fernando Savater) se convertía en el peor de los vinagres: lejía en nariz, ditanciamiento cuerpo-mente abismal (solo visto años después en puntuales intervenciones de Ferran Adrà o Paulina Rubio) y una sensación de estar más cerca de Enrique Urquijo que de lo que se cocía en Defected Records.

La dosis recomendada del fármaco recién aprobado en EE.UU. es la siguente: dos veces a la semana, durante cuatro semanas, con dosis de refuerzo conforme se necesite (lo que en círculos de Maradona o Pantani se llamaba «el remanente»), junto con algún antidepresivo mainstream. Sin embargo, tanto la esketamina, como la ketamina,  causan efectos secundarios, incluyendo sensaciones extracorporales y alucinaciones propias de Carmen Porter en un mal domingo en Cuarto Milenio. Las dosis que se administrarán a los pacientes estarán controladísimas y los pacientes estarán monitorizados al menos durante dos horas después de la toma: la experiencia debe ingresarse a un registro y los pacientes no podrán conducir el día del tratamiento (no como Nancy Reagan). La CIA, Facebook y el FBI traficarán con esos datos para controlar, penalizar y sacar rédito económico -una vez más- a la droga.

Resultado de imagen de ketamine kills

No hace falta tener un despacho en el Mount Sinai de New York para saber lo que comportará un tratamiento con ketamina a largo plazo. Personas que regentan un taller en Mieres, reponen estanterías en el Alcampo Vaguada o emprenden post Playground saben lo que va a pasar:

1-. Habrá relajación física extrema: homenajes a Ramón Sampedro incluidos.

2-.  Amplificación de la percepción sensorial: lo de Alizzz con Pablo Alborán.

3-. Alteraciones de conciencia: la redacción de El País.

4-. Alucinaciones y K-Hole: flotar en un mar de mierda con BSO de Cupido.

5-. Amnesia: Zidanes y Pavones.

6-. Analgesia: la SGAE.

7-. Deshinibición: Cuatrecasas defendiendo a Cecilio G en un juicio por faltas a El Bloque TV.

8-. Descoordinación y reducción de la capacidad de movimiento: el pop español.

Por favor, utilizad la cabeza para algo más que llevar la gorra.