Copiar y pegar: como la indústria musical se está convirtiendo en un universo Marvel

«Me Gusta» de Anuel AA y Shakira y otros ejemplos recientes de tributos por la vía del sample que acaban en agotamiento.

 

Empezamos la década con nuevo tema de Anuel AA, que junto a Shakira nos traen Me Gusta, un reggaetón tranquilo y un tanto melancólico sobre los problemas de pareja. A Marriage Story con Adam Driver perreando. Aparte de un estribillo pegadizo y el punto de carácter que aporta la de Barranquilla a sus colaboraciones, el tema llama la atención por empezar con un sample de “Sweat” de la banda jamaicana de reggae Inner Circle. El famoso “alalalalalong” es aquí rearmonizado sobre una base de cadencia rota, que juega entre el mayor y el menor, el alegre y el triste, para coincidir con el tono y contenido melancólico del tema, lejos de la sonoridad que tiene en su canción original. Es decir, nos cogen el “alalalalalong” que conocemos todos, le cambian un poco la onda y nos explota la cabeza.

No es la primera vez que Shakira incluye otras canciones en su tema. Su archiconocido Hips Don’t Lie (2005), parte del tema Dance Like This (2004) de Wyclef Jean, que a su vez samplea Amores Como el nuestro (1992) del cantante de salsa Jerry Rivera. La canción del mundial, Waka Waka, sale del tema Zamina Mina (Zangalewa) de Golden Sounds (1986). Pero no es un tema solo de Shakira. Parece que los samples, esas reinterpretaciones en mayor o menor grado de otras canciones, se han vuelto una constante en las producciones musicales del momento. La música hecha hasta ahora ha pasado a ser no solo material de inspiración sino de tributos, guiños o directamente plagios. Todos recordamos el “cho-cho chofer pare el taxi” de Osmani García con Pitbull que terminó siendo una repetición de pe a pa del tema reggae Murder She Wrote de Chaka Demus & Pliers, publicada en 1992.

En principio, samplear consiste en registrar un sonido (musical o no), descontextualizarlo y repetirlo de manera que cree o contribuya en crear algo completamente nuevo. Podríamos definirlo como un collage sonoro, o un easter egg musical. Se lo hemos escuchado a la Rosalía, a Rihanna, a Ariana Grande… Esta técnica musical se practica desde las primeras incursiones en música electrónica hechas por compositores del siglo pasado como fueron John Cage o Pierre Schaeffer. Y de hecho, el samplear de oído, manual, siempre ha estado presente tanto en el jazz como en la música clásica. Desde los “licks”, partes de solos famosos cortadas y pegadas a un nuevo solo, a la reproducción de melodías populares y folk en sinfonías clásicas.

A lo largo de la historia de la música siempre ha habido un pedestal para la referencia y lo meta. Según www.whosampled.com, solo en 2019 se han publicado más de 3.000 temas con alguna referencia no original. Pudimos escuchar a Ariana Grande cantando Sonrisas y Lágrimas, a Residente y Bad Bunny con Hatsune Miku y a Daddy Yankee auto- referenciandose y auto-sampleando su Tu me dejaste caer en su más reciente tema China, que a su vez se basa en It wasn’t me de Shaggy.

El sampleo salta fronteras, géneros y estilos: lo que era hip-hop, se usa para el pop, del reggae pasa al reggaeton, del country al hip-hop, y de Bach, al Bum Bum Tam Tam. Como si el mundo de la música se hubiera convertido en aun otro universo Marvel, en el que cada canción parte de otra y otra y otra. Una matrioshka en la que el diminuto tesoro final es la originalidad. Lo curioso es que esta misma tendencia es la que encontramos precisamente en el mundo del cine. Cada año, las salas se llenan de remakes, secuelas, precuelas, todos explotando hasta el milímetro cualquier idea que en su momento tuvo gracia. ¿Es este el producto de una época en la que tenemos la memoria colectiva completamente digitalizada o es simplemente una cuestión de pereza y miedo de arriesgar?

No siempre es algo malo; introducir un elemento ya conocido a tu discurso puede ser una forma de darle profundidad, de dar matices, de explicar de donde vienes tu y tus referencias, justificar tu creación. Reinterpretar otros temas puede servir de ventana al universo creativo del autor, que nos deja ver exactamente como escucha él o ella ese tema que todos conocíamos. Como lo ha interpretado su gusto. Los samples son como los emojis. Pueden servir para enriquecer, para darle un tono diferente que de otra manera no se podría leer, pero si lo único que mandas son corazones, ¿qué tanto de verdad hay en tu mensaje?