«Misión: Imposible – Fallout» es la Capilla Sixtina del cine de entretenimiento

Xavi Sánchez Pons ya ha visto la nueva entrega de la saga de espionaje, nuevamente dirigida por Christopher McQuarrie, un portento del cine mainstream y la confirmación de que Tom Cruise está en su segunda (o tercera) juventud.

 

Un año después del batacazo y del escarnio público que le supuso La momia, película que acabó –de momento- con el Dark Universe que pretendía resucitar en clave moderna los monstruos clásicos de la Universal, y de Barry Seal: El traficante, filme que pasó algo desapercibido pero que tenía a un Cruise fantástico, el actor que dio vida al piloto de aviones de combate filogay Maverick en Top Gun vuelve a callar bocas y a dar un puñetazo en la mesa con la nueva entrega de Misión Imposible. La sexta aventura de Ethan Hunt confirma el estado de forma excepcional de la franquicia, una de las mejores sagas de acción de la historia del cine, y de un Tom Cruise que, con 56 años de edad, sigue fresco como un chaval.

En Misión: Imposible – Fallout, que por primera vez propone una continuación relacionada de forma directa con la entrega anterior, Misión: Imposible – Nación secreta, Christopher McQuarrie, guionista, director y mano derecha del Cruise cinematográfico de la última década, propone un estilizado y trepidante relato de espías clásico lleno de homenajes a la serie de televisión original y a otros títulos señeros del género (los más evidentes a James Bond). Ahora bien, más allá de su lujoso envoltorio (está rodada en 35mm y eso le da una calidez y textura especiales) y de la acción disparatada (rodada aquí con una clase y un tempo extraordinarios), McQuarrie es capaz de insuflar emoción a una historia que también tiene reminiscencias al western clásico.

El Ethan Hunt de Fallout se nos presenta como si fuera un pistolero atormentado por sus pecados (la primera secuencia es literalmente una pesadilla) que parece haber hecho un pacto con el diablo para poder seguir haciendo sus misiones imposibles y salvar así el mundo de los malos. Un tipo peligroso y noble a la vez, ya que es capaz de sacrificar el éxito de una misión sí el coste es la vida de uno de sus compañeros, pero también de poner en peligro la integridad física de su equipo y de sus seres queridos. La sexta entrega de la franquicia, sin olvidar el espectáculo pirotécnico de acción, ahonda en esa idea. Lo hace apoyándose en un Tom Cruise ultra-carismático que consigue algo dificilísimo; construir y hacer creíble un héroe (llamar a Hunt antihéroe sería exagerar) con una doble personalidad antitética: juguetona y trágica.

La dimensión emocional de la película también puede ser leída como una metáfora de la vida de Cruise, tanto delante como detrás de las cámaras. Las problemáticas relaciones con sus mujeres y sus novias, el pulso que mantiene con el paso del tiempo (los sesenta se aproximan pero parece tener veinte años menos) o su amor por la cienciología (si buscas en Google el término Cienciología lo primero que te sale son fotos del actor norteamericano en un púlpito), resuenan con fuerza en el universo de ficción de esta nueva Misión Imposible. Su alter ego Ethan Hunt es incapaz de tener una relación normal con una mujer y hasta puede resultar tóxico, corre literalmente contra el tiempo (la set piece de acción de París) y la devoción casi religiosa que siente por sus misiones y su papel como salvador del mundo es muy ciencióloga.

Volviendo a lo que hace grande a esta Misión: Imposible – Fallout y que la convierte en una Capilla Sixtina del cine de entretenimiento, vale la pena destacar que el encadenado de set pieces de acción que propone McQuarrie es alucinante. De hecho, convierte la película en una verdadera montaña rusa que merece ser disfrutada en la pantalla gigante de cine más grande que puedas encontrar en tu ciudad.  Como apuntábamos antes, este encadenado se fortalece gracias al pegamento que proporciona el pathos dramático del via crucis de Ethan Hunt. Pero, ojo, no está solo, ya que se apoya en algunos personajes secundarios que brillan con luz propia: la voz de la experiencia de Luther (un estelar Ving Rhames), la espía enamorada de Hunt Ilsa Faust (una gran Rebecca Ferguson), el retorno de un villano carismático, el Solomon Lane de Sean Harris, o esa Viuda Blanca a la que pone cara Vanessa Kirby y que hace pensar en la Pussy Galore que Honor Blackman inmortalizó en James Bond contra Goldfinger.