El día que apareció Petals en las redes como globo sonda del último trabajo de Bibio, pensé que algo grande se avecinaba. Recuerdo que estuve varias semanas escuchando el track a diario en los largos trayectos conduciendo hacia tierras recónditas del interior, atravesando pueblos con poco más de 1000 habitantes, neblina y humedad por un tubo. El mensaje que recibí estaba cargado de honestidad y reflexión. Reflexiones, como las que un acaudalado trader de Wall Street podría hacer pensando en la vida que lleva y todo aquello que el verano le recuerda: Spare the fret that’ll make you miss all of summer. 


Con todo, para mis adentros, pensaba que el próximo trabajo de Bibio quizás seguiría esa línea de devastación y flor marchita que tomó The Green EP (2014), pero cual fue mi sorpresa al recibir Feeling, el segundo spoiler que nos dio Warp, más en la línea de trabajos como el entero Ambivalence Avenue (2009) o el fiestero Mind Bokeh (2010). Aquello me llevó a la confusión total. ¿Pero de qué iba esto?

Ah, es que A Mineral Love es un disco de recuerdos. De recuerdos, que se amontonan como capas o estratos en la memoria o el subconsciente personal, pero revisados desde la perspectiva que otorga la madurez y por ende la edad: el abandono del hogar para ir a cursar unos estudios de Artes sónicas, un viejo apartamento de estudiante en Londres, las baladas románticas de los 80, los tv-show británicos y sus mágicas sintonías ensoñadoras, y por supuesto; el primer amor y el consecuente abatimiento. Todos estos recuerdos, se ven plasmados en cada una de las diferentes composiciones, que, inconexas aparentemente, conforman A Mineral Love.

Petals, abre el disco con esa desnudez e inmediatez de algunas de las pequeñas grandes composiciones de Bibio (véase Aberriw de Hand Cranked, 2006). Cargada de esa self-confidence que de nuevo otorga la madurez, es tan rica en su más pura esencia, que sigue funcionando a la perfección cuando es tamizada por el filtro de esa ejecución a lo unplugged que circula por las redes desde hace días. A Mineral Love, una de sus -ahora sí- grandes composiciones hasta la fecha, se presenta compleja, rica, y de nuevo iluminada por aquellas luces de locales de música negra con bolas que dan vueltas, teñida por la marca personal de la casa y un cierto sabor agridulce que represente el fracaso y la esperanza. Raxeira, para acabar de matarnos, conforma el gran inicio pluscuamperfecto del disco, rematado, por una deliciosa end-sequence que confiere redondez y cohesión a la historia, recurso habitualmente utilizado (como por ejemplo en Pretentious del Mind Bokeh) y que tan bien funciona. Town & Country y Feeling, igualmente ya conocidas por el respetable, están cargadas de mensaje y recuerdo – sobre todo la primera, versando sobre el retorno al hogar-, y siguen revisando y mejorando estilos apuntados en trabajos anteriores pero, atención, presentado hasta este punto algunas de las mejores composiciones del inglés.

Dejando de lado el precioso homenaje a las baladas de los 80, en forma de deuda saldada a Gotye (Bibio, en su gran faceta de remixer ya reinterpretó el hit del belga Somebody that i used to know), luego llega la parte más dispersa con patinazos como With the thought of us yWhy so serios. Que sí, estarán muy bien producidas y las colaboraciones serán la leche, pero en realidad poco a portan al discurso del recuerdo.

C’est la vie, que mi intuición me decía sería un nuevo K si for Kelson (Mind Bokeh) o un À Tout à L’heure (Silver Wilkinson, 2013), hit’s centrales en cada uno de sus respectivos trabajos; sorprende como contrapunto al resto del álbum por su tono triste en forma de canción de cuna ensoñadora, mientras Wren tails revisa las viejas secuencias lo-fi de sus primeros trabajos. Pequeñas betas que se intrusan en ese conglomerado imperfecto y mineral que forma la totalidad.

Encarando la recta final del disco, Gasoline & mirrors presenta a Wax Stag como colaboradores (el remix de Bibio al track Folk Rock editado en el sello People on the Sky es de obligada revisión), Saint Thomas hace honor a Bibio como solista y por último, esa joya en forma de colofón y oda a la esperanza, Light up the sky, con unas de las líneas de sinte más deliciosas -al incio- que he escuchado.

Con Petals, la primera perla de lo nuevo de Bibio me creé grandes expectativas. Cuando apareció Feeling fruncí el ceño. Finalmente, cuando tuve A Mineral Love en mis manos como compañero de viaje a través de poblaciones grises y dejadas de la mano de dios, pensé qué todo daba igual, porque la aventura había cobrado sentido en forma de recuerdo y esperanza. Sólo dos palabras: delicioso y gracias.