¿Qué lugar ocupa un beatmaker como Madlib en el actual juego del rap? Sus experimentos al límite del funk, los que le granjearon la reputación de mejor cubista de la Costa Oeste a principios del 2000, adquieren en la era Drake la apariencia de delirios incomprensibles para las nuevas generaciones de headz. Resulta admirable que el marciano californiano no haya cambiado un ápice su credo musical en pleno empacho de R&B hiperdigitalizado y trap ultracomercial. Mientras ahí fuera el hip-hop se está yendo a la mierda, Otis Jackson ha trazado un recorrido de tres lustros extrayendo maná de su increíble colección de vinilos, fabricando un sonido parcheado, planeador; mosaicos sampladélicos vintage empapados de THC.

En este nuevo siglo de raperos cantarines y sensibles, la huella del alquimista oscuro es extensa y variada. Siento especial predilección por sus experimentos con voz de helio, bajo el alias Quasimotol, el culmen del rap psicodélico. No obstante, su mierda inmortal reside en las colaboraciones con titanes como MF Doom (“Madvillainy” 11 años después, sigue siendo una obra maestra arrebatadora), Jaydee (enorme “Jaylib”) o Freddie Gibbs (apabullante el recientísimo “Piñata”). Digamos que el bueno de Otis no se mete en la cama con cualquiera.

En la misma estela colaborativa que tan buenos réditos le ha dado, Madlib vuelve a cruzar manubrios con los rappers californianos Med y Blu, unos tipos con los que ya había probado la temperatura del agua en el EP “The Burgundy” y el single “The Buzz”, y cuyos flows se deslizan como calcetines de cashmere sobre las acolchadas líneas musicales madlibianas. El esperado larga duración de esta triple alianza no decepciona en absoluto e incide en la misma fórmula, con una sofisticación en los acabados mucho más concienzuda y ambiciosa. Los relatos de Med y Blu, armados a golpe de flow perezoso y dicción fumada, encuentran en los graves resonantes, sintetizadores tostados y loops alucinógenos de Madlib alimento en abundancia. “Bad Neighbor” es fiel a su creador y se mantiene leal la imaginería negroide-psicotrópica que ha caracterizado los mejores beats de Jackson hasta la fecha.

El concepto de “viajar” se vuelve capital en este recorrido sampládelico, rebozado de teclados hipnagógicos. Desde el embriagador loop en 8 Bits de “Peroxide”, con Dam Funk, pasando por el soul sintético hipertrofiado de “Finer Things”, hasta el funk triposo de “Belly Full”, con Black Spade, el tracklist se revela como una colección absorbente de pasajes hip hop impresionistas, elegantes y drogados; una fórmula fuera del radar de las nuevas tendencias negroides, hábilmente avivada por la participación de voces de altas prestaciones. La entente con Anderson. Paak funciona con una finura asombrosa en formato soul cibernético en la magnífica “The Strip”. El corte con MF Doom, “Knock Knock”, es una de las mierdas disco-funk más exquisitas que escucharéis este año. “Drive In” con Aloe Blacc es un puto hit R&B que desgraciadamente pasará desapercibido, enterrado bajo las toneladas de basura que dominan el circuito actual… Curioso, lo que en principio olía a disco de amiguetes metiendo rimas entre canuto y canuto, ha terminado siendo uno de los proyectos más sólidos que ha dado el underground en las postrimerías de este 2015. El rey de noviembre.