Para escuchar el nuevo disco de The Weeknd y disfrutarlo como se merece hay que hacer un serio ejercicio de reflexión, concentración, resignación y posterior aceptación. El Abel Tesfaye de la trilogía de mixtapes de 2011 no volverá. De hecho, a estas alturas debería estar superado este trance. Ya nos ha dado muchas pistas evidentes desde entonces. Presentó ese material en el Primavera Sound 2012 en uno de sus primeros conciertos y lo hizo con banda, algo que descolocó a muchos, que quizá esperaban escucharle sólo a él y toda una serie de pregrabados. Multitud se bajó del barco. Con su fichaje para una major se confirmaba todo: el canadiense ya no era esa estrella del underground, una de esas que aparece cada muchos años y que llenó de niebla 2011. Republic, división de Universal, lanzó a finales de 2012 “Trilogy”, que recopilaba y remasterizaba todo su material y añadía tres nuevos cortes que para nada deslucían comparados con sus primeras composiciones. En realidad no hubo muchos cambios en cuanto a sonido, tienes que tener un oído muy bueno como para percibir las diferencias. El siguiente paso era, claro, estrenarse en largo. Y lo hizo con el decepcionante “Kiss Land”, en el que no supo combinar las intenciones arty de las mixtapes (siguió con samples de Portishead, Emika o Sébastien Tellier) con una música algo más comercial. Con todo, su plan para conquistar el mundo seguía en pie.

Los siguientes movimientos de Tesfaye fueron aparecer en una canción con Ariana Grande, “Love Me Harder”, que fue un auténtico pelotazo y le puso en la cresta de la ola. Ahí demostró que podía sonar comercial y a la vez atractivo. Más tarde participó en la banda sonora de “50 Sombras de Grey” (¿quién mejor que él para poner música a un thriller erótico?) con un tema de lo más apañado. Pero lo que verdaderamente marcó un antes y un después su presentación de “Can’t Feel My Face” el pasado junio en la puesta de largo de Apple Music ante un público de ejecutivos que posiblemente no tenían ni puta idea de quién era ese tipo de pelos extraños que parecía la reencarnación de Michael Jackson. Olvídense de “Lean On” de Major Lazer y MØ, sin que nadie lo esperase, el tema se convirtió en la canción del verano. La letra trataba los mismos temas de siempre, ya saben, el amor es como una droga, pero el enfoque era distinto, de hecho, es la única pieza sin la etiqueta de lenguaje explícito en “Beauty Behind The Madness”. Un bombonazo pop bailable compuesto con Max Martin (responsable de hits de Katy Perry, Taylor Swift o Britney Spears) como cómplice que sería algo así como ese caramelito que te da un malintencionado para luego llevarte a sus mazmorras. Tom Cruise la cantó en televisión, The Weeknd la interpretó en los VMAs con su nuevo colega Kanye West bailando entre el público. Era algo nuevo para el canadiense, pero algo totalmente irresistible. Hay otros momentos disco en este LP, como esa brutal “In The Night” muy propia del Rey del Pop.

Aunque estas piezas puedan estar a años luz de ese R&B crepuscular y altamente sexual que ofreció en las mixtapes, a lo largo del álbum aparecen destellos de esos momentos pero, por supuesto, con los medios que te puede ofrecer una gran discográfica. El tramo inicial del álbum es como un coming of age, la expresión que los anglosajones utilizan para esas historias de la niñez a la adultez. Aquí Tesfaye muestra signos de madurez (recordemos que tiene sólo 25 años). Una de las joyas de la corona de este álbum es “Tell Your Friends”, coproducida por Kanye West, que parece como la segunda parte de su “Devil In A New Dress”. Aquí repasa su meteórico ascenso con algunas de sus mejores letras: “I’m that nigga with the hair / Singing about popping pills, fucking bitches, living life so trill” o “My cousin said I made bit and it’s unusual / She tried to take a selfie at my Grandma’s funeral”. Su manera de hablar sobre el sexo es brillante, lo mismo puede ser irónicamente sutil en esa “Acquainted” (“To say that we’re in love is dangerous / But girl I’m so glad we’re acquainted”, cuando ese somos conocidos quiere decir que han follado y si te he visto no me acuerdo) o completamente explícito en “Often” (“Baby I can make that pussy rain, often”).

Líricamente, pues, queda claro que sigue siendo el mismo mujeriego (y bastante misógino) de siempre. También musicalmente hay ecos de la trilogía. De hecho, una de sus manos derechas desde siempre, Illangelo, está involucrado en casi todo el álbum. Especialmente en cortes como “As You Are”, donde en sus minutos finales se pone de lo más atmosférico, o en “Shameless”, donde regresa a esa épica a la que en algunos momentos recurría en las mixtapes. Lo único realmente negativo del álbum son las colaboraciones. Queda claro que The Weeknd se las puede apañar perfectamente él solito sin tener a ninguna estrella al lado. Sí, en “Love Me Harder” tocó el cielo, pero las tres que hay aquí no son material radiofónico. El corte con Labrinth no pasa de correcto, lo de Ed Sheeran es bochornoso, no hay quien se crea al yerno perfecto del Reino Unido hablando de tiempos oscuros. Pero, ojo, lo de Lana Del Rey está más que bien. Ahí sí hay química, de hecho, es la unión que más sentido tienen, pues ambos se mueven por unas aguas bastante parecidas. De hecho, Tesfaye ha ido tan lejos hasta afirmar que ella es su versión femenina. Tampoco hacen falta samples de Beach House o Siouxsie & The Banshees para conquistar a los oídos más exigentes. Con “Beauty Behind The Madness” Tesfaye demuestra que puede hechizar tanto durmiendo en el sofá de un colega en los suburbios como mirando desde lo alto de su lujoso apartamento en Toronto.