A muchos de los rara avis que configuran la nómina de artistas Warp apetecería mucho observarlos enfrascados en nubes de ideas dentro de sus respectivos estudios. Proyectos que parecen islas alienadas a todo lo demás, creativamente alérgicas a tendencias, estilos o categorías asociativas. Verlos crear o probar nuevos derroteros dentro de sus peculiares coherencias sería equiparable a visitar distintos planetas a ojos de un astronauta.

Chris Clark pertenece a esa ristra de artistas, además uno de los más veteranos de todo ese ramillete de propuestas que protagonizan la hornada post-IDM del sello y seguramente de los que más solidez ha demostrado publicación tras publicación desde que debutara con aquel ya lejano (y recordado por muchos) “Clarence Park EP” cuando apenas contaba con 21 primaveras. En trece años nuestro hombre ha publicado más de media docena de LPs que han ido consolidando un sonido muy característico o fácilmente reconocible que bascula entre ambiguos ambientes construidos por fantasiosas melodías (su último “Iradelphic” de 2012 o incontables interludios en todos sus demás trabajos) y aguerridos fogonazos rítmicos (el contagioso salvajismo de “Totems Flare” en 2009 o el previo pseudo-raver “Turning Dragon” de 2008). Además ha tenido tiempo de ser ciertamente regular en el apartado de remezclas sirviendo casi una treintena de ellas para artistas como Amon Tobin, Massive Attack, Nathan Fake o Nils Frahm compilados el año pasado en “Feast/Beast”.

A excepción del mencionado “Iradelphic” (en el que abrió la veda al terreno colaborativo y se adentro en terrenos estéticamente más apaciguados) rara vez ha realizado un sustancial cambio de registro en toda su discografía. Tiene el método más que interiorizado y su personalidad sonora, pese partir siempre de sus característicos elementos, fluye como un volcán siempre dispuesto a emitir energía, espontaneidad y porque no, también ensoñación o preciosismo. “Music is like sculpture. It’s like trying to capture a moment of ultímate momentum, and distill it forever” comentaba el británico con la gente del sello. Una visión vinculada a la improvisación, pero a la vez cargada de trascendencia, que deja entrever que siempre ha ido a su propio tempo, viéndolas venir con naturalidad y llevando a su propio terreno cualquier idea que se le cruce en la cabeza.

Su séptimo álbum “Clark” es homónimo (una buena pista), y si tratamos de visualizarlo en un estudio aislado del mundo mientras lo escuchamos no es descabellado decir que durante su grabación el chico seguramente se sonreía a sí mismo entre la malicia y un auténtico disfrute creativo en gran parte de esos cuatro meses. Épicas progresiones de bombos a ciegas marca de la casa (la impecable “Unfurla”, “The Grit In the Pearl”, o la sorprendentemente technoide “Sodium Trimmers”), intencionados accidentes electro (“Banjo”) que seguro va a brillar en sus intensos directos, interludios inconfundibles (“Beacon”, “Petroleum Tinged” o el pseudo-tributo a Geinoh Yamashirogumi “Snowbird”, sonidos ambientales grabados por él mismo y ritmos bastante reminiscentes a trabajos previos (la progresiva y trepidante “There’s a Distance In You” o “Silvered Iris”) que pueden dar pistas evidentes de lo que ha tratado de hacer Clark en esta ocasión (el tema final “Everlane” es tan sólo un miraje evocador de dicha ambigua intencionalidad)
Para aquel que lleva años siguiéndole “Clark”, el disco, va a sonar como siempre. Y precisamente ahí reside su principal valúa. Durante sus catorce cortes uno puede apreciar como el mismo arquitecto de un mundo hecho a su propia (y bipolar) medida rinde tributo sin aparente dificultad técnica ni excesivas capas conceptuales a todos los recovecos explorados hasta la ocasión. Presentando de este modo una colección de canciones fieles a su procedencia, que no es otra que la mente de un infatigable creador que mientras siga disfrutando en el estudio va a prolongar la expansión de su burbuja hasta dónde le venga en gana. Clark sonríe, Clark sigue a lo suyo, todos seguimos ganando. Si puedes pillarle en directo próximamente no lo dudes.