Ya hace casi cinco años que la facción más underground de Minus dejó su acomodado hogar en el barrio minimalista de la escena berlinesa con fama mundial para montar un cuartel en la periferia electrónica y canalla y okupar los sonidos con los que llevaba tiempo soñando que algún día podría crear. Los rebeldes, que se fueron en son de paz (todo hay que decirlo) son, efectivamente, Marc Houle, Magda y Troy Pierce. Su proyecto, como muchos sabrán, se llama Items & Things y es un sello que nació en 2006, pero no fue hasta 2011 que el trío de los enfant terribles del minimal (tampoco lo son tanto, todo hay que decirlo) no se centraron ello más a fondo.

Desde que el trío dejó el sello de Richie Hawtin, la producción del sello creció exponencialmente y de forma muy nasty: Jimmy Edgar, Tomas More, Gabriel Ferreira, Seth Troxler, Miss Kittin, Click Box y el canario Carreno is LB, entre muchos otros, han dejado sus ruidos más estridentes, disonantes y sucios en el catálogo de Items & Things. Por supuestísimo, tanto Magda y Troy Pierce como Marc Houle, han hecho de su sello un juguete en el que seguir experimentando. El más activo, por ahora, ha sido el prolífico Marc Houle, que ya lleva firmados dos álbumes, “Cola Party” (2014) y “Undercover” (2012), y 4 EP, “Fusion Pop” (2014), “Razzamatazz” (2013), “Where is Kittin?” (2013) y “Zorba” (2012). Eso sí, a nivel de remixes y EP, ninguno de los tres se queda corto.

Como todos los sellos que nacen en busca de la realización personal de sus fundadores y de los artistas, la pretensión de Items & Things y de sus sonidos no responde a los sonidos más hot del momento. De hecho, nos los imaginamos retumbando en salas oscuras y pequeñas, con las paredes sudorosas, los cristales vibrando (medio rotos) y entelados del calor y algunos clubbers contorsionándose al extremo y con llamativos arañazos en la espalda. ¿Qué sonidos tenemos en mente al catalizar nuestra imaginación hacia este contexto de sublime y oscura perdición de club? Sin duda alguna, “Crafted”, el nuevo álbum del italiano Madato.

Si nos adentramos en su biografía, encontraremos algunos detalles que apuntan a una trayectoria vital que da para especular sobre unos cuantos rumores (no es casualidad que Magda le incluyese por primera vez con su tema “The Night’s Rumours” en una compilación para Fabric en 2009). Una pincelada doble de datos que inevitablemente nos increpan a que investiguemos más: Madato debutó en Watergate junto a los tres capos de Items & Things, Chloe y Jimmy Edgar y su ídolo y mayor fuente de inspiración es David Lynch. La letra de sus canciones surge de los diarios que escribe anotando sus sueños.

Desde ya mismo, podemos considerar “Crafted” (hecho a mano), disponible desde septiembre de 2015, el álbum de consolidación del talento de Madato y también que su firma personal carece de complejos y limitaciones estilísticas. Al mismo tiempo, en Items & Things se colocan la medalla de ser sus descubridores, cosa que tiene mucho de cierto y que, por lo tanto, el reconocimiento de su talento (elevado pero no masivo, recordemos la no pretensión comercial que tienen tanto Madato como el sello) consolida a su vez el sello de Pierce, Magda y Houle en cuanto a lanzadera y punto de ebullición artístico ubicado en los rincones más creepy y gamberros del muchas veces previsible y estancado panorama general electrónico.

Cuando nos referimos a esa transgeneridad musical de “Crafted” queremos ir más allá de la mera afirmación de que Madato saber producir tanto techno como dub o que sus zarpazos punk y su inspiración rockera son capitales en tracks como “17 Miles”. Lo que afirmamos es que Madato tiene ya su propio sonido y repertorio, y de sobra. Tiene su techno, su dub y su forma de hacernos bailar desafiando a los beats y sin renunciar a un bajo guitarrero que casi podría ser el de Joy Division en un track como “Wilderness” (1979). Por hacer un cruce extraño más, su pista Last Virgin tiene un ligero guiño a Hearing de Marc Houle en su álbum “Undercover”. Suma y sigue, las influencias y giros de Madato son tan inagotables como inquietantes. Pero si lo que buscamos es locura, la delirante última canción “Positiveland” parece la banda sonora de los altavoces del comentado y recientemente cerrado parque de Bansky Dismaland. Su lado más pistero, que tiene de techno lo que Marc Houle de deep house (casi nada, para ser exactos) podemos situarlo en una pista como G-Boys. Pero nos cae la comparación al suelo cuando la voz arranca como en un tema de concierto (parecido al clásico “one, two, one, two, three” que vocifera el cantante para hacer entrar a la banda). Quizás llame la atención la palabra bailable, porque lo que tienen todos los temas de Madato es que lo son, sin excepción. Otra cosa es especular, como consecuencia de su versátil y retorcido talento, la diversidad de público que congregará en sus conciertos. Nos imaginamos una harmonía siniestra y poco habitual entre rockeros y clubbers electrónicos. Los visualizamos extasiados, arañándose con placer unos a otros y sudando a mares, y todo de una forma tan natural y creepy que parece un sueño musical con guión de David Lynch. Como apunte final, una humilde sugerencia al booking del Sónar día: Madato puede ser el mesías del esperado y siempre exigente apocalipsis de cualquiera de sus tres aclamados atardeceres. Y, escondidos en la sombra del backstage, detrás de las cortinas, tres rostros borrosos esbozan una sonrisa. Son Marc Houle, Magda y Troy Pierce disfrutando de los malditos y adictivos frutos que sus años de experiencia, locuras y ganas de seguir su propio camino están empezando a dar a un nivel todavía más extraño, raro y brutal.

Review de Vanity Dust.