The Suicide of Western Culture hace ya tiempo que andan ajenos a ese cansino post-no-sé-qué en el que suelen encasillarlos, campando a su puta bola por ese limbo que ellos mismos abrieron en su día, entre la electrónica y el rock, a golpe de pedal. Kraut, fuzz, IDM, punk, hardcore, dark wave, industrial o techno forman parte de la artillería que despliegan en su particular guerrilla sonora. Un discurso que ha ido creciendo según el dúo ha ido conquistando escenarios y audiencias cada vez mayores. Y se han hecho enormes. De todo esto ya se habló mucho y bien en su día, cuando salió el tercer álbum de los de Rubí,  Long Live Death! Down With Intelligence! (El Segell, 2015), con todo el personal volcado en un material único.

En ese plan maestro tramado por Juanjo y Miguel, la elección de artistas para sus remezclas tampoco es arbitraria y no responde precisamente a ninguna estrategia pensada para “vender”, sino que hablan por sí mismas de la voluntad del grupo y de su sello por dar continuidad y sentido al sonido del dúo. Still breathing but already dead, primer maxi de Long Live Death…, llegó con remixes de The Field y Hugo Capablanca, en lo que sería una extensión de la bipolaridad del grupo: el uno (Axel Willner), expandiendo su lado épico y emotivo, y el otro como extensión del gamberro y díscolo. Un año después, y en esa idéntica línea bipolar,  llega ahora el segundo EP del álbum, con el original y remixes de Dysplasia, a cargo de Pedro Vian, Reykjavik 606, Pina y Fairmont & Undo. Lo mejor de cada casa, vamos.

Fairmont y Undo, que ya se han juntado y revuelto en varias ocasiones, se han remezclado entre sí y han publicado el uno en el sello del otro, se marcan un hipnótico y planeador remix en la onda más trance-pop de Border Community, con parada en Detroit. Y (Pedro) Pina deja sus ambientales maneras para otro día y tira de bombo gordo y esponjoso en una revisión techno-dub con la que es imposible no ponerse palote. Son los dos remixes más pisteros del paquete. Por su parte, Reykjavik 606 recrean el original por la vía idemera y electroide y Pedro Vian lo hace por la del Detroit más fino y contemplativo, como si rematase una noche de juerga en el estudio con Omar S.

Y, a todo esto, Jordi Ponsa ha vuelto a hacerlo y el artwork del EP es otra maravilla, donde se reproduce un detalle de la imagen de la portada del álbum: la criatura diabólica que emerge del averno y que aquí, amplificada, ya da miedito del bueno. Y de nuevo esa tipografía gótica que ya es droga. Todo en su sitio.