En pleno relevo generacional, con los grandes grupos de rap de la Vieja Escuela española cada vez más cerca del desguace y la escena trap tomando posesión del barrio, la publicación de El Círculo convierte a Kase.O en un paladín de doble filo: salvador para el B-boy adulto; intimidante para los rappers de la generación Youtube. Los frutos que recoja este ambicioso trabajo arrojarán una luz sobre el estado de la escena nacional.

Por el momento, queda claro que el tirón gravitatorio del zaragozano es incomparable: ni siquiera los grupos trap o los nuevos rappers más en boga pueden acercarse a su impacto popular en términos musicales. Basta con ver la polvareda que ha levantado el disco (5 años de silencio desde Jazz Magnetism), el cartel de sold out en el concierto de presentación en Madrid, las colas descomunales en las sesiones de firmas y su don para seducir a audiencias de dentro y fuera del rap, para comprobar que España sigue adorándole cual dios en un carro tirado por tigres.

A pesar de la inseguridad, de los demonios y los bajones, Javier Ibarra se reivindica en su feudo como icono del puto rap en unos tiempos en los que el rap no es lo que parece. Por eso vacía el cargador con rimas como miuras que le humanizan más que nunca, sin renunciar a la costra rítmica del hardcore con denominación de origen Violadores del Verso. En Zaragoza hace frío. Y se bebe mucho. El rap es crudo, pesado, y de esa dieta grasienta no va escaso El Círculo.

De hecho, uno de los mejores cortes es el fugaz retorno de Violadores del Verso en Rap Superdotado, un tocho marca de la casa que reactiva el aura luciferina del trío zaragozano y permite soñar a muchos con una pronta reunión. Yemen también podría englobarse en el apartado más ortodoxo. Es una de las grandes: gatuna, turbia, con una letra bestial. Esto No Para son cuatro minutos de hard funk y riffs de guitarra en clave denuncia. Incluso hay una oda alcohólica en recuerdo de los good ol’ days de litronas y cubatas en barril, una divertidísima Viejos Ciegos junto a Xhelazz y Sho-Hai que podría pertenecer a Tha Alkaholics. Por supuesto que hay rap canino, pero en la otra mitad del LP encontramos mucho más. Cosas que no habíamos oído todavía en un track de Kase. O.

No nos engañemos, hay giros sonoros en este disco que serán despedazados salvajemente en los foros rap integristas, evoluciones que molestarán a los que quieren ritmos hardcore y rimas de competición y no salen de ahí. El Círculo no es una barra de granito, no tendría sentido. De hecho, contiene algunos desvíos (temerarios y estimulantes a partes iguales) que han hecho más dúctil el tejido de su discurso. Javier Ibarra tiene 36 años, ya no es el crío que a mediados de los 90 vendía maquetas e improvisaba en los parques amorrado a una litrona: eso es lo que nos dice a gritos la parte menos convencional de El Círculo.

El spoken word y la prospección emocional de Basureta (Tiempos Raros), con un base a lo James Blake; los borbotones jamaicanos y los recursos electrónicos de la adictiva Pavos Reales; el soul funk romántico de Amor Sin Cláusulas; el ¿flamenco? semi cantado de Mazas y Catapultas, un giro que no dejará dormir a unos cuantos…

Este disco es un paso valiente, una expansión del universo Kase.O que no le pierde la mirada al rap y ofrece, en su lírica, un perfil que todavía no habíamos catado en España: el rapper que se psicoanaliza. La libreta es ahora un examen profundo de los adentros del artista. Sus miedos, neuras, sinsabores e inquietudes más profundas afloran en un temario denso y brutalmente honesto, donde el amor parece ganar la partida sobre la pesadumbre, pero muy al final, como una canasta salvadora en el último segundo. El Círculo es un camino tortuoso hacia el paraíso, como vemos en la portada… Es Kase.O ajustando cuentas consigo mismo, aferrado a una corona que le pertenece más que nunca.