En octubre de 1981 salieron dos discos fundamentales para entender la explosión del synth-pop, el “Dare” de The Human League, lo mejor que se ha hecho y se hará jamás en este género, y el debut de Depeche Mode, “Speak & Spell”, la banda más exitosa de este estilo. Teniendo esto en cuenta, hace ya por lo menos 34 años que convivimos con el pop electrónico, un sonido que nunca decae ni caduca, pero en el que no queda nada nuevo por hacer. Sobre 2012 apareció un trío escocés llamado CHVRCHES que no venían a revolucionarlo ni mucho menos, pero sí a aportar un aire fresco. Escuchar su estreno en largo, que llegó un año después, es como volver a principios de los ochenta y descubrir por primera vez este sonido que tantas noches y días de gloria nos ha dado durante más de tres décadas. No había ninguna canción de relleno, era una apisonadora hipervitaminada, enérgica y musculosa dispuesta a hacerte bailar ya sea literal o figuradamente hasta el fin de los tiempos. El replay value de ese trabajo era insultante alto. ¿La clave del éxito? Bien sencillita: sintes brillantes, unas melodías vocales celestiales de una Lauren Mayberry arrebatadora y un buen sentido de la estructura, creando desarrollos complejos que deparaban sorpresas en cada esquina.

Su segundo trabajo, “Every Open Eye”, insiste en la misma fórmula, no sólo porque si algo funciona es mejor no tocarlo, sino porque no nos imaginamos a CHVRCHES probando cosas nuevas. De acuerdo, hay algunos cambios aquí. Se pueden poner ligeramente funk en “High Enough To Carry You Over”, el único momento en el que canta Martin Doherty, que tanto en estudio como en directo demuestra tener más poderío vocal y carisma que Lauren, pero que en realidad lo que estás deseando es que se acabe el tema y vuelva ella a coger el micro. Cierran, también, con una balada, “Afterglow”, y aunque evidentemente es preciosa, no es exactamente lo que buscamos en ellos. A medio camino entre la euforia y la sutileza se encuentra “Down Side Of Me”, que se acerca al R&B. Resulta interesante, pero no tanto como los números más tradicionales. Queremos que nos hagan bailar como pollos sin cabeza, que nos hagan olvidarnos de la peor depresión en años, que nos den ese aliento necesario cuando las fuerzas flojean. No hay necesidad de cambio, el synth-pop dorado y optimista de los escoceses funciona como un reloj suizo y ellos lo saben. No hay síntomas de agotamiento y aunque puedas tener cierta sensación de déjà vu, sin darte cuenta y sin querer, cuando acabe el disco volverás a poner el primer tema.

Aunque desde que saltaron a la fama su vocalista ha tenido que aguantar día sí, día también, ataques misóginos, hasta el punto de escribir una columna de opinión en The Guardian, no hay la mala leche que cabría esperar en este trabajo. Alguna puyita ocasional sí, como en esa majestuosa “Leave A Trace”, el primer adelanto del álbum y el que marca un poco la pauta que siguen aquí, un synth-pop en el que rebajan un poco la intensidad en favor de un sonido mucho más pop, directo y amable. Algo que se repite en “Clearest Blue”, en el que resuenan ecos de “Just Can’t Get Enough” del ya citado primer LP de Depeche Mode. Con todo, hay momentos más agresivos, cercanos a los pasajes más metálicos e industriales de su debut, como en “Never Ending Circles” o “Bury It”. Es esta dicotomía entre luz y oscuridad la que también se refleja en el registro de la cantante. Lauren puede ser a la vez tierna, pero también se muestra fuerte, convincente, implacable y muy segura de sí misma. Y, por lo que hemos podido ver en los recientes directos, ha dejado de ser esa muñequita tímida para soltarse un poco y entregarse más. CHVRCHES vuelven con un trabajo que les confirma como una de las grandes bandas de pop del momento, difícilmente encontrarás un trabajo de synth-pop más puro, tradicional y mejor que éste en el mercado.