Sales de la oficina después de una jornada extenuante, estás hasta las pelotas de tu jefe pero obviamente no te cagas en él directamente y necesitas una vía de escape. Hay varias opciones, pero una muy recomendable y relativamente sana: ponerse una y otra vez la música de Carter Tutti Void. Para los despistados, éste es el trío formado por Chris Carter y Cosey Fanni Tutti, ex Throbbing Gristle, y Nik Void de Factory Floor. En mayo de 2011 actuaron por primera vez juntos en el marco del Short Circuit Festival de Mute. De ese show surgió “Transverse”, un álbum en vivo con cuatro interpretaciones del mismo tema más una extra grabada en estudio. Ahí este equipo transgeneracional entregó 40 minutos de música asfixiante, un sonido que, aunque a priori pueda parecer esquivo, una vez sumergido en él es difícil escapar. Por eso era la banda sonora perfecta de un día de furia, si quieres contener la mala hostia, ya la sueltan ellos por ti.

El trabajo demostró, entre otras cosas, que esa anti-música que el seminal grupo de industrial creó en la segunda mitad de los 70 tiene mucha más sustancia de lo que parece. También que Carter, pese a sus 62 años, puede crear un beat rico en texturas que deje en ridículo a cualquier productor techno del momento. O que las nuevas generaciones, en este caso, Nik Void, saben recoger perfectamente el testigo de sus referentes. Esto no es una apología de que lo viejo siempre será mejor, sino que en la escena siempre hay renovación y que no importa que hayas salido de la universidad o estés a punto de jubilarte, si llevas la música bien adentro y te mantienes fiel a tus raíces, la edad no debe hacerte perder autenticidad.

Durante estos tres años, el trío se ha mantenido más o menos activo, ofreciendo actuaciones en momentos puntuales y especiales, aunque desgraciadamente aquí nunca los hayamos podido ver. Y ahora entregan el que es propiamente dicho su primer álbum de estudio, “f (x)”. La novedad de que haya sido producido en un estudio no quita ni un ápice de la salvaje energía de su predecesor, al contrario, quizá añade más matices. Pero, siendo honestos, resulta difícil discernir qué está sonando en cada momento o quién está entonando esos cánticos satánicos (porque, cantar, Void y Fanni Tutti no es que canten). En este sentido, es un más de lo mismo. El trabajo es un nuevo homenaje al arte del pulso.

Los cortes avanzan con un implacable beat espartano, que se mezcla entre distorsiones, ruidos indescifrables, efectos de delay, guitarras metálicas maltratadas con arco, bajos punzantes, chillidos procesados en la oscuridad y demás. Es minimalista al máximo, pero si disfrutas del techno industrial, es difícil encontrar algo mejor que esto. Y aunque es tremendamente escurridizo aquí hallarás momentos que, sin dejar de ser puramente cerebrales, invitan a un baile en trance. Hay una lógica interna aquí, un estudiado cálculo del desarrollo de los temas. Aunque estos sean tremendamente repetitivos siempre hay a la vuelta de la esquina un inesperado matiz que hace que nunca te puedas desconectar de este complejo LP. Carter Tutti Void te tienen pillado por los huevos durante más de 50 minutos y difícilmente vas a escapar (tampoco querrás).

El disco, pues, es un fascinante viaje que puede crear auténticos delirios. Es como adentrarse en el corazón de la jungla o en aguas peligrosas, pero tiene ese punto de excitación que hace de la aventura tremendamente fascinante. También retiene la claustrofobia que debieron sentir los tres músicos encerrados en el estudio, buscando los sonidos más perturbadores y subyugantes. Como “Transverse”, este nuevo trabajo consigue unir pasado con presente para crear algo totalmente nuevo. En definitiva, todo lo que podrías esperar de estos tres genios de la música industrial. Si identificas sus apellidos al instante estos seis temas van a ser tu nueva droga durante mucho tiempo.