¿Por qué son tan volátiles las formaciones que acompañan a Andrew Butler en Hercules & Love Affair? Se dice que el ego del pelirrojo exaspera y dilata la paciencia de sus vocalistas hasta lo que da de sí un disco y una gira. No se comenta, pero se puede llegar a la conclusión de que la naturaleza de la formación es por sí volátil y que a Butler le gusta rodearse de gente distinta en cada álbum. The Feast Of The Broken Heart llega con nuevos nombres, el más llamativo es el de John Gray. Ni Shawn Right, ni Nomi Ruiz, ni Aérea Negrot; ni siquiera Kim Ann Foxman forman parte ya de un proyecto que ha dado bandazos del disco al house añejo con bastante suerte. Y sus ausencias apenas se notan en este álbum. Así que, egos a parte, Butler tiene mejor sistema de rotaciones que cualquier club de Primera.

La retentiva tiende a vanagloriar aquel Blind que catapultó la carrera de Hercules & Love Affair con su debut. Aquel hit redondo de primoroso espíritu disco fue un pelotazo global que pudo, puede y podrá levantar el ánimo de cualquier fiesta. De “Blue Songs”, el segundo trabajo del proyecto, apenas se recuerda nada más allá de “My House”, un single con sabor a house añejo que marcaba la nueva línea sonora de Hercules & Love Affair. Del cruce de bondades de estos dos singles –la impetuosa letra de “Blind” y el pagajoso groove de “My House”- está hecho este “The Feast Of The Broken Heart” en el que abundan de tal manera lo temazos que Moshi Moshi podrá sacarle chupe promocional al disco hasta bien entrado 2015.
Do You Feel The Same?” y “That’s Not Me”, las dos intervenciones del belga Gustaph, brillan precisamente gracias a su presencia: su andrógina voz con facilidad pasmosa para el falsete y el melisma sumado a las buenas letras invitan a darle a repeat hasta aprenderte la canción (coros inclusive). Algo que también ocurre con “My Offense”, más bouncy y sexy gracias a su bassline y sus pianos, o con la misteriosa y ácida “Liberty”, cantada por John Gray. La liste de temas superdotados se extiende hasta “5.43 To Freedom” (¡qué vivan los cencerros!) sin desmerecer el resto de minutaje que, a base de reavivar la llama de house old-school, el funky house y el sonido gay-friendly neoyorkino de los noventa, convierten este álbum en la mejor droga de sustitución para los que ya echamos de menos a Azari & III.