Calvin Harris no creó el disco, aunque así reza con humor el título de su álbum de debut. Un trabajo publicado hace ya una década a remolque del éxito de Daft Punk, LCD Soundsystem y Justice que, si bien arrojaba al oyente toneladas de nostalgia ochentera, se vio claramente ensombrecido por el momento de gloria de tan magistrales coetáneos. Y aunque “divertido” y “escuchable” son algunos de los adjetivos más positivos para referirse al electropop superfluo y hedonista que abanderaba en sus inicios, nada estaba escrito todavía sobre el papel protagonista en la música comercial que aquel joven de tan solo 23 años desempeñaría en el futuro. De las fiestas nerd adolescentes en casas de padres adinerados, sus sintetizadores retro y líneas de bajo funk pronto se trasladarían a los grandes pabellones con sus primeras incursiones en los sonidos más genéricos del EDM, que a partir de Ready for the Weekend asomaron la patita y con 18 Months le auparon a la misma división en la que compiten artistas como Tiësto, David Guetta y Steve Aoki, a quienes el escocés aventaja en ingresos según nos recuerda de vez en cuando la revista Forbes.

Difícilmente habría encontrado su lugar en 2017 un disco como Motion, pesadilla para muchos durante los veranos que vinieron después de 2014, pero Calvin Harris ha demostrado ser como esos capitanes que no dudan ni un segundo en abandonar la embarcación al producirse un naufragio, y una vez en tierra firme tras estallar la burbuja del EDM, calculó a la perfección sus siguientes pasos. O mejor dicho, planeó como nadie sus próximas vacaciones, fondeando esta vez el yate en aguas algo más tropicales y reclutando a una tripulación de superestrellas sin parangón: más de una veintena de voces del hip hop y el R&B, en su mayoría acomodadas en los primeros puestos de las listas de ventas, han sido invitadas a esta celebración tan exclusiva como desenfadada en la que el DJ y productor escocés nos recuerda una vez más, sin ánimo de dar lecciones a nadie, que el pop y la música de baile no están reñidos con la vacuidad en el mensaje. Quien pretenda encontrar atisbos de profundidad en este guateque estival en el que los famosos se codean y divierten al son del boogie de los 80, quizá se ha equivocado de fiesta. Quienes en cambio no tengan reparos a la hora de entregarse a su infalible y extáctica atmósfera de ligereza retro, encontrará en Funk Wav Bounces Vol. 1 la banda sonora perfecta para estos meses de verano.

El primer single en estrenarse, Slide, es exactamente el hit que Frank Ocean no nos ofreció en el delicado Blonde por clara incompatibilidad en cuanto a encaje y que, sin embargo, tanta falta nos hacía con la llegada de las altas temperaturas. Con Quavo y Offset de Migos –el tercero del triunvirato, Takeoff, rapea en Holiday junto a Snoop Dogg y John Legend– dándole un acabado trap a su sencillo pero resplandeciente desarrollo instrumental, el tema constata el potencial de Harris cuando acomete producciones pop renunciando a los excesos sintéticos, si bien cabe señalar que la voz de Ocean, autotuneada o no, convierte en magia cualquier base mínimamente melancólica. De su cristalina calidez, que podríamos dejar on repeat hasta bien entrado el otoño, pasamos al groove irresistible de Cash Out, con versos a cargo de ScHoolboy Q y las siempre entrañables contribuciones vocales de PARTYNEXTDOOR y D.R.A.M. amoldándose sobre un contundente beat y adictivos sintetizadores hasta entregar un tema apto para cualquier pool party que se precie.

En la línea de Random Acces Memories, el falsete atemporal de Pharrell Williams cobra especial presencia en las dos canciones melódicamente impecables en las que participa, apuntándose el logro de que una exquisita Ariana Grande tome el relevo de un excitado Young Thug sin estridencias en Heatstroke y aclimatizando el terreno para que Katy Perry y Big Sean resuelvan sin problemas el pegadizo corte de inspiración ska Feels. Otro rotundo acierto del disco es Rollin, donde la voz cálida y elástica de Khalid, promesa del R&B casi recién llegada, nos salva de un robótico y asfixiante Future en un delicioso juego de coros y contrastes enmarcados en un paisaje caribeño. Pese a la inclusión de algún corte más anodino como Prayers Up, que arranca con una interesante introducción de piano y guitarras funk para luego dejar a Travis Scott y A-Trak ahogándose en arenas movedizas, destaca una Nicki Minaj que, a diferencia del resto, campa a sus anchas en el vitaminado corte dancehall Skrt On Me, así como la sensación del R&B Kehlani poniendo tontorrón al jovencísimo MC Lil Yatchy sobre la inmaculada producción de Faking It. Y para aliviar cualquier resaca en la hamaca, Jessie Reyez se convierte en la gran sorpresa del álbum pese a ser su nombre más desconocido en el placentero cierre Hard to Love. Imposible no amarla.

Una crítica recurrente a Calvin Harris es su falta de aportación a la música, el arrimarse siempre al sol que más calienta y según sopla el viento en cada momento, pero quizá a algunos se les escapa esa ironía implícita en el título I Created Disco. De hecho, lejos de acomodarse en el revival paradisíaco con el que en esta ocasión ha rediseñado los sonidos pop mainstream, muy probablemente el DJ escocés ya está estudiando cómo surfear por encima de la próxima gran ola sin ir a contracorriente. De lo que quedan pocas dudas es de que con algunas de las canciones comprendidas bajo otro título tan ridículo como Funk Wav Bounces Vol. I, el productor más astuto de la industria ya ha reinventado este verano invadiendo nuestras playlists, caldeando nuestros clubes, amenizando nuestras barbacoas y posiblemente ambientando algún que otro acto sexual… y tras enterrar definitivamente el EDM, eso ya es muchísimo.