Resulta fácil entrar en comparaciones entre Kelela y FKA twigs. En términos reduccionistas, ambas han aparecido más o menos al mismo tiempo para revolucionar el R&B (simplificamos, porque con estas artistas habría que hablar de mil y una influencias). Cuentan con una producción exuberante, de la mano de algunos de los productores más respetados del momento, desde Arca hasta Kingdom. A ambas las pudimos ver recientemente en Barcelona en el plazo de dos semanas. La primera, en el escenario más pequeño del Primavera Sound, ante un público escaso. La segunda, como gran reclamo del Sónar, compitiendo con los vejestorios de Duran Duran y consiguiendo llenar su escenario. Entonces, ¿qué pasa con la angelina que no lo ha acabado de petar como la británica? Quizá será porque aún no ha sacado su álbum de debut propiamente dicho, porque no tiene el apoyo de un sello grande o trendy (aunque, bueno, el EP que ahora nos ocupa lo edita Warp junto a Cherry Coffee), por un enfoque algo más experimental, porque, permítanme la expresión, lo de Barnett es muy fuerta o directamente porque no le sale del coño convertirse en estrella.

Como decíamos, ambas podrían ser consideradas artistas R&B, aunque toquen otros palos, pero mientras que la música de FKA twigs es futurista, la de Kelela, sin dejar de ser vanguardista, tiene ese toque más humano propio del género, que la hace más cercana y menos divina, que no tiene que ser necesariamente bueno o malo, simplemente diferente. Con Arca, Kingdom y MA de Nguzunguzu, que le devuelve el favor después de que ella prestase su voz en el álbum de debut de Future Brown, consigue sacar los sonidos más retorcidos y sofisticados que puedes encontrar ahora mismo en el R&B aprovechándose de las nuevas corrientes de baile británicas. Hay subgraves más grandes que la vida en el sombrío tema que cierra el EP que, por cierto, es lo más cercano que escucharéis al The Weeknd de las mixtapes en mucho tiempo, hi-hats, arrebatos de 808s en la brutal “Rewind” o incluso se atreve a que su voz suene al revés en el corte titular. Ni por esas Kelela consigue desprenderse de ese onírico y sedoso tono que posee su voz. La temática sexual, por supuesto, sobrevuela estas seis canciones. Habla sobre una relación, aunque la narración no es cronológica. Hay temas de dominación y fracasos amorosos todo lo que puedes esperar, de un producto R&B. Como continuación de la magistral mixtape, “Cut 4 Me” (repasar su lista de productores aún provoca mareos), es todo lo que podíamos esperar, pero ya es hora de lanzar el álbum de debut, lo más esperado en mucho tiempo de eso que se llamó indie R&B con la irrupción de Tesfaye, How To Dress Well, el Drake de “Take Care” o Holy Other.