Con nombres tan grandes como Ólafur Arnalds (y su alias junto a Janus Rasmussen más enfocado al techno minimalista, que no minimal, Kiasmos), Nils Frahm, Peter Broderick o A Winged Victory For The Sullen sería fácil colgarle la etiqueta de artista menor a Rival Consoles en el reputado sello londinense Erased Tapes, epicentro de la vanguardia y música neoclásica. Pero con discos como “Howl”, su tercero ya, el productor de Leicester, con base en Londres, toma la delantera y se posiciona como uno de los músicos a seguir. No hay que olvidar, de hecho, que Ryan Lee West, que así es como se llama, fue el encargado de inaugurar la discográfica a principios de 2007. Su CDR de demos bajo el pseudónimo Aparatec inspiró al fundador, Robert Raths, a emprender esta aventura que rápidamente se ha visto que no es una locura. El inglés ha girado junto a luminarias de la electrónica actual como Nosaj Thing o Clark y compañeros de sello como Kiasmos, lo que viene a indicar que comparte con todos ellos unas mismas pulsiones creativas.

West es un artesano y fanático del sonido desde bien pequeño, por eso decidió dedicarse a estudiarlo y experimentar con él. Todo esto le ha valido para actuar en una Boiler Room en el Victoria & Albert Museum de Londres o en la Tate, poca broma. Dale un sintetizador y te creará las más penetrantes e hipnóticas capas de sonido posible, las texturas más sugerentes. Es imposible que la bella y hechizante música que crea no cale en lo más profundo de tu piel, pues cuida todos sus elementos como el orfebre que es. Las nueve piezas que caben en “Howl” son lo suficiente variadas entre sí (también en los propios desarrollos de cada uno de los temas), como para que la escucha sea absolutamente fascinante, ya sea en casa como en uno de sus alucinantes directos. Tenemos los loops de sintetizador que se pueden apreciar a lo largo de todo el álbum, los riffs de guitarra que aparecen en “Walls” (no olvidemos que es guitarrista de formación), los beats rotos de la serena “Morning Vox” o ese épico y dinámico cierre que es “Looming”, como para no aburrirnos en ningún momento.

Que no sólo forme parte del roster de Erased Tapes, sino que fuese el encargado de inaugurar el sello tiene mucho sentido, pues aunque utilice mayoritariamente máquinas (analógicas, eso sí) para crear su música, es tan humana y aparentemente orgánica como la de otros eruditos de la neoclásica como Peter Broderick o Nils Frahm. Escuchar este disco es, en definitiva, una experiencia inmersiva que es aún más sorprendente teniendo en cuenta los pocos elementos que ha utilizado para él.

Tracks:

1. Howl

2. Ghosting

3. Afterglow

4. Pre

5. Walls

6. Low

7. 3 Laments

8. Morning Vox

9. Looming