Hace un año que descubrí a El Niño Andrés y su proyecto, en forma de sello, llamado Hija de Colombia. Y no se lleven a engaños, que esto no procede de Sudamérica, ni siquiera de España o de una colonia latinoamericana que viva en Alemania. El hombre orquesta que está detrás de todo esto es Anton Kordic, un croata que vive en Bosnia. Un apasionado del fútbol que llegó a ser compañero de equipo en juveniles del mismísimo Luka Modric. Para desgracia de los futboleros y para bendición de los melómanos de electrónica, dejó el balón por los sintetizadores y se entregó al house. Pero, ¿qué diferenciaba a éste productor de house de otros, más allá del juego que da su nombre artístico en contraposición a sus orígenes balcánicos, para dejarme maravillado?  Sin duda alguna, sus riesgos a la hora de producir, conceptualmente hablando. Un ejemplo sería el más que interesante “Hora Mágica“, un track de house donde toda su segunda parte se sustentaba a nivel rítmico en la bassline y las cajas sin utilizar un bombo. Hay que tener unos cojones muy grandes o estar muy seguro de lo que tienes entre manos, para hacer eso y no caer en el rídiculo y en la pretenciosidad. Y por esa razón quería comprobar de lo que sería capaz en su siguiente release que nos llega ahora.

Infatuación E.P (la infatuación es ese momento de enajenación donde las pasiones sustituyen al raciocinio) consta de cuatro cortes sin nombre, tan solo numerados por la cara del vinilo. Supone el acercamiento al House más funky y groovero por parte de Kordic, que ha trabajado con cajas de ritmos analógicas combinándolas con secuenciadores digitales. El primer track refleja a la perfección como fluye el discurso cálido del croata. Mucha alma en un corte con voces y sonido americano de los 70 que anima a cualquiera. Lo que se podría denominar como un arma para que afloren sentimientos en una pista de baile. A2 se inspira también en dicha década pero suprimiendo voces y apostando por cuerdas y bajos. Don Cornelius movería el esqueleto con esto sin problemas.

Sonidos más tranquilos y profundos se encuentran en la cara b donde los teclados tienen mucho que decir. Más jazzy y con reminiscencias de su anterior trabajo, es decir, su ADN como artista. Y si aquél me encantó, éste me ha enamorado. Esos 180gr de acetato han de estar en las maletas más selectas. Aunque tan solo sea por el precioso artwork de Max Moser. Sobresaliente en todo.