Ghostly siempre cubre ese espacio necesario entre la experimentación y la melodía, donde las cosas suenan suaves, sin glitches ni drones o todo lo contrario, este es uno de los casos donde la música tiene sus espacio dentro de la electrónica. El nuevo Lp de Fort Romeau se mueve precisamente en esos parámetros, canciones melosas, de rítmica relajada, profusas en arpegios y armonías y con un trasfondo muy sintético.

Durante ocho cortes se nos traslada a un viaje con un pie en los ochenta y el otro en los noventa, cajas de ritmos clásicas, mucho sinte, mucha cuerda y estructuras cercanas al pop y al viejo ítalo disco. Música electrónica para bailar y tararear al tiempo, ideal para estos días espléndidos que se nos vienen encima.

Por ponerle una pega quizás suena demasiado perfecto y clínico, pero intuyo que esto es parte del mensaje. Lo veo más para consumo personal que para empleo de club, para escucha continúa en el día a día o para banda sonora de vuelta ciclista, como unos modernos Azul y Negro.