“Las cosas entre nosotros están bien así”, dice Lindstrøm desde el título de su nuevo álbum. Y escuchándolo la interpretación es clara: para que vamos a cambiar si ya nos gusta tal como está. O, si lo prefieren: “si no está roto para qué arreglarlo”. Es una idea clásica, por no decir directamente conservadora, incompatible con palabras y conceptos como “experimentación”, “innovación” o “riesgo”. Cierto que no es obligado que la música (o el arte) transite siempre por ahí, y que en nombre de esos vocablos nos hemos tenido que tragar turrones a menudo difíciles de digerir. Pero uno siempre espera algo más de un productor de su talento, destellos o pruebas de una inquietud que abra nuevas vias para su discurso. It’s Alright Between Us as It Is no va en esa dirección: al menos no en sus dos primeros tercios.

Spiral y Tensions, situadas al inicio, son los tracks Lindstrom de siempre: percusiones  y claps en el arranque, colchones sintéticos entrando para asentar el discurso y melodías en espiral para el éxtasis final. Fórmula infalible, pies en movimiento, agradable mareo… y sensación de deja-vu. Todo estaría bien si llegaran a las cotas de, por ejemplo, Eggeddosis, pero no.Tras ellas, Hans Peter sitúa el primer tema vocal, cortesía de Frida Sundemo (cantante pop de Goteborg que servidor no tenía el placer de conocer), y se agradece un poco de cambio, aunque el listón permanece quieto, sin pasar de lo estrictamente correcto. El momento más bajo llega poco después, con Shinin, cantada por Grace Hall (que repite con el noruego tras su featuring en el single Home Tonight, del año 2015). Su tono dramático y decididamente sobreactuado convierte un tema normalito en una pedrada europop sin sentido, impropia de su autor, solo perdonable si nos la tomamos con altas dosis de ironía o abrazamos sin complejos el petardeo por que sí.

Por suerte en el tramo final la curva cambia radicalmente de dirección. Los arabescos de sinte inflamado de Drift casan bien con su ritmo sencillo y efectivo, y sirven como preludio al mejor momento de todo el álbum, Bung! (Like a Ghost). Jenny Hval, sugerente y magnética, se sitúa en las antípodas de Hall, y la superposición de sus fraseados con coros celestiales inesperados y pianos descuadrados por un momento elevan el disco hasta ese lugar en el que tendría que haberse situado desde el principio. Under Trees lo cierra, por suerte, también bastante arriba: 9 minutos de ritmo metronómico que parece que mudará en orgía cósmica en cualquier  momento, pero que se mantiene impertérrito para dar espacio a un precioso piano a ratos house y a otros más neoclásico. 

Este Lindstrøm, el del tramo final, más aventurero, es el que está a la altura de su pequeña leyenda; el otro, aunque quizás pueda contentar a un público menos exigente, ya le tenemos demasiado visto.