El rechazo que ha generado Junk, el nuevo álbum de M83, entre buena parte de sus seguidores, especialmente, los que vienen siguiendo a la banda francesa desde hace diez años, es, hasta cierto punto comprensible. Hasta ahora Anthony Gonzalez había publicado trabajos que oscilaban entre el notable alto y algo cercano a la obra maestra. Esto no es ni una cosa ni la otra. En realidad se le podría considerar más como un rara avis en su discografía, con varios hitazos que rescatar en el futuro pero sin el calado de obras anteriores. El enfado se entiende porque este LP se ha hecho mucho de esperar, casi cinco años, y sucede a Hurry Up, We’re Dreaming, con el que se consagró definitivamente, aunque ni mucho menos es el mejor (es ponerse ese doble álbum ahora del tirón y hacerse un poco de bola). Pero lo que no puede ser es que pille por sorpresa este largo, pues ya se advertía desde Saturdays = Youth que el galo podría emprender este camino.

En realidad lo que más interesa de este trabajo, que rehúye de la épica instrumental a caballo entre el shoegaze y el post-rock de su obra de la anterior década para abrazar ese pop-rock de radiofórmula de finales de los 70 y todos los 80, es que un artista en la posición de Anthony Gonzalez, es decir, que ha entregado un álbum aplaudido por muchos, que incluye un himno que ha sonado en absolutamente todos los sitios, Midnight City, le dé continuidad sin presión alguna. Es más, pasándose por el arco del triunfo toda expectativa de los fans. Ya desde el título y la portada se toma esto como un chiste. Ya lo dijo él, que quería recrear toda esa música que escuchaba de pequeño y que le ha marcado. Todos la hemos sufrido/amado en casa de nuestros padres y es difícil no sentir ciertos arrebatos nostálgicos cuando se escucha Junk. Esto no es ni una tomadura de pelo ni un ejercicio de estilo, sino un álbum muy ameno, con evidentes fallos que lo convierten en una obra menor, pero más sustancial y coherente con la evolución del artista de lo que algunos puedan creer.

Porque venimos del tipo que introdujo un saxo horterísimo y muy Springsteen en su gran hit, el anteriormente mencionado Midnight City. Y nadie se quejó. Es más, Pitchfork la escogió como mejor canción de 2011. Y si retrocedemos hasta el muy popero Saturdays = Youth encontramos algunos temas que podrían caber en una banda sonora de cualquier película adolescente de los 80 como las de John Hughes. Entonces, ¿qué problema hay que la muy magnífica Go! incluya un solo de guitarra del virtuoso Steve Vai? Absolutamente ninguno. Anthony Gonzalez está en esa posición en la que se puede permitir en el futuro llamar a Phil Collins para que recree el histórico solo de percusión de In The Air Tonight si le viene en gana. Es un ejercicio de reivindicación nostálgica hacia esa música que le/nos ayudó a crecer, algo que ni mucho menos es nuevo. Tal y como acertadamente recuerda Pitchfork en la crítica de este trabajo, Lady Gaga ya llamó a Clarence Clemons de la E Street Band para el solo de saxo de Edge Of Glory. Y si este ejemplo chirría ahí está Daft Punk rescatando a Chic o Justice saqueando el legado prog-rock en Audio, Video, Disco.

Desde luego que hay patinazos indigeribles que no superan la segunda o tercera escucha como esa Moon Crystal que es un guiño demasiado obvio a Vacaciones En El Mar, con esas cuerdas, esos vientos, esos teclados tan horteras y desfasados de producciones baratas de los 80. Tampoco es del todo satisfactoria la colaboración de Susanne Sundfør, diosa noruega del pop electrónico. Muchos hubiesen querido alguno de esos grandes himnos revientapistas, pero no, aquí presta su voz para una balada negra azucarada y casi infantil. Y, en general, todos los interludios no tienen esas cualidades atmosféricas y espaciales que hicieron tan grande e inmersivo Hurry Up, We’re Dreaming. Pero se le perdona si llama a Beck, que normalmente nos suele apesadumbrar o hasta deprimir en sus canciones (en el buen sentido de la palabra, por supuesto) y sacar ese lado disco que también tiene ocasionalmente. O que incluya Solitude, un guiño para los fans de los M83 de toda la vida. Y, por supuesto, que consiga hacernos olvidar a Morgan Kibby, esa voz que siempre habíamos asociado a los franceses, con el fichaje de la polivante Mai Lan. Siendo honestos, desconocíamos de su existencia, pero aquí demuestra que puede ser angelical o marchosa según lo que pida el tema; diva de la chanson (Atlantique Sud) o del synth-pop (Laser Gun).

Así bien, hay varias cosas que quedan claras en Junk. Primero que el viejo Anthony Gonzalez está lejos de volver. Sólo hay que ver el repertorio de sus nuevos conciertos, en los que se centra en sus dos últimos trabajos. Segundo, que este álbum está llamado a crecer con el tiempo. Repito, nunca va a llegar al nivel de cualquier cosa posterior al debut (con la excepción de esa rareza que es Digital Shades Vol.1), pero cuando en sus conciertos de julio suenen pelotazos como Laser Gun, Do It, Try It, Road Blaster o Go! nos vendremos muy, muy arriba. Y si todo esto no es suficiente, como ahora ya casi nadie compra discos, que se haga su propio Junk en el iTunes quitando precisamente la ídem (Moon Crystal, Tension, Ludivine o lo que cada cual considere impropio de M83).