Backtail Was Heavy parece un tema sacado del catálogo de Reinforced más que un tema firmado por Lone. Por eso, cuando el británico Matt Cutler destapaba el primer single de este Levitate uno no sabía muy bien a qué atenerse. Después de cinco álbumes y otros tantos EPs, es fácil reconocer la estampa de este productor que, a pesar de haber ido saltando estilísiticamente entre el house, el techno y los beats, siempre se ha caracterizado por su fidelidad y su idiosincrasia. La música de Lone suena a Lone: hiperestesia, buenrollismo, riqueza orgánica plasmada en texturas digitales.

No es la primera vez que Lone bebe del rave para ejecutar sus producciones. Imperecederos son sus pianazos del Echolocations o Emerald Fantasy Tracks. Sin embargo, nunca había abusado tanto de los breaks como en este Levitate, que abre su paso ya con ellos en Alpha Wheel, donde la hiperestesia y esa acuosidad que han caracterizado su colección perduran. Sin embargo, en cuanto aterriza Backtail Was Heavy es cuando uno se da cuenta que Levitate puede ser su trabajo más diferente, más traicionero con la expectativas y con su tradición sonora. El single, ya lo hemos dicho, parece un tema del catálogo de Reinforced; y si bien esto es un piropo (y el tema es un pelotazo), en este caso también significa una traición. Lone sin sonar a Lone es como comer hamburguesas vegetales o ensaladas del McDonalds.

Vapour Tail o Triple Helix reinciden en los breaks. Son de semblante más vitalista, más propio, mientras que Sea Of Tranquility (en lo de recurrir a las referencias marinas para bautizar canciones, Cutler no se ha tirado de la moto) navega entre el rave y el ambient con una parsimonia apabullante. Apabullante por haber encontrado el balance perfecto entre el ritmo y la ingravidez; pero también por lo inusual de estas sensaciones en la discografía de Cutler.

Hasta aquí la tirada rítmica de Levitate, que rellena los huecos que dejan los breaks con transiciones que aspiran a ser catalogadas como ambient. Hiraeth cierra el tracklist con la mejor de las fortunas. Aquí Lone evita el uso de ritmos pero se crece con su superdotación melódica y te recuerda lo fácil que le ha sido siempre al de Nottingham trabajar las texturas de los sintes y, sobre todo, las armonías, para conseguir causar sensaciones placenteras. Sin embargo, el resto de cortes sin ritmo se quedan en agua de borrajas en un disco ya de por sí de tirada corta (apenas 32 minutos) que se podía haber quedado en un EP resultón de memorabilia old school hardcore. Es el peor disco de Lone y, aún así, se le puede sacar chupe.