“The Suicide Of Western Culture son los Fuck Buttons españoles”. Seguro que te has topado con esta frase en multitud de medios o conversaciones de bar. No hay que entenderlo como un complejo de inferioridad, es decir, la década pasada cuando aparecieron Franz Ferdinand ya se decía que eran la respuesta británica a The Strokes, pero sí que es cierto que se tiende a comparar los productos de aquí con los del extranjero (Sau Poler es el Four Tet catalán, El Guincho el Animal Collective canario, etcétera). El dúo barcelonés publicó su álbum de debut homónimo en las postrimerías de 2010 y, siendo comparados con otra dupla, en este caso británica, y también con Holy Fuck, cabe decir que en todo este tiempo han editado tres largos, a cada cual mejor, mientras que Benjamin John Power y Andrew Hung sólo “Slow Focus” y, todo hay que decirlo, aunque más que correcto, no se acercaba ni de lejos a esa obra cumbre que es “Tarot Sport”, y los canadienses no han sacada nada. En serio, nada. Dicho esto, entenderéis adónde quiero llegar, que TSOWC no es la respuesta de nada, que es una banda que se ha ganado el derecho a poderse tutear de tú a tú con los que hace cinco años fueron sus referentes.

El caso es que los del Vallès siguen sin despegar del todo a nivel internacional como sería lo justo, y mira que aquí no hay apenas barrera idiomática. Es decir, sí, han estado en SXSW y el FYF de Los Ángeles, pero no son unos John Talabot o Hinds, para entendernos. Es injusto, decimos, porque ya llevan tres álbumes con el que acaban de editar, “Long Live Death! Down With Intelligence!”, y ninguno de ellos baja del notable. El hecho de que hayan dado el salto a El Segell del Primavera y su sencillo de adelanto haya sido remezclado por The Field y Hugo Capablanca da ciertas esperanzas de que ahora sí, a la tercera va a la vencida.

En “Long Live Death! Down With Intelligence!” las constantes del dúo se mantienen: post-rock hecho a partir de cacharrería analógica que, dicen, adquieren a través de chanchulleo y viajes a Cash Converters para conseguir los trastos más viejunos pero más eficaces a la hora de sacar un sonido añejo pero genuino. Por tanto, esperad muchas grabaciones de campo, samples loquísimos (por ejemplo, el que aparece en “Amor De Madre” recuerda en su uso a los de Megabeat) y una mezcla entre paisajes atmosféricos sumamente melódicos y otros momentos más ruidosos cercano a lo que Orbital podrían entender por industrial (“Still Breathing But Already Dead”). Dura 69 minutos, pero en ningún momento el viaje se hace extenuante, al contrario. Cada tema muestra una faceta distinta de lo que pueden ofrecer Juanjo y Miqui. “Dysplasia” es su acercamiento más descarado a las pistas de baile (una perla ensangrentada para los DJs de tendencias más darks) y “Beware Of The Fifth Column”, a vueltas con esa obsesión por la Guerra Civil española que tienen, muestra su cara más amable, gracias, en buena medida, a la aportación vocal de Louise Sansom de Animic (que parece pronunciar más un anuncio de interés público a lo Boards of Canada en “One Very Important Thought”). No es la única invitada, pues también ayuda con su trompeta Pau de Za!, otro dúo catalán desquiciado.

Y así, entre luz y oscuridad, drones abrasivos y melodías planeadoras de sintetizador, aproximaciones a la new beat y al pop, una épica bien entendida, un dinamismo abrumador, una imaginería deslumbrante y unos títulos geniales y cachondos (algo que hay que decir que predomina mucho en la electrónica española gracias a mentes chaladísimas como las de Sistema), nos encontramos con uno de los mejores trabajos de este año, que quizá se ha publicado demasiado tarde como para que aparezca en las listas de lo mejor de 2015, pero que esperemos que sirva para que impulse su carrera hasta la posición privilegiada en la que merecen estar.