Después de catar Minutes of Sleep uno siente una sensación parecida al insomnio. No estás del todo despierto pero tampoco dormido. Esa confusión invade todo el disco y aunque parezca una cosa negativa en realidad es su punto fuerte porque crea una atmósfera perturbadora pero irresistiblemente atractiva. ¿Estoy ante una obra deep-house o escucho ambient y downtempo? ¿Por qué quiero bailar cuando el bombo está ausente y relajarme cuando aparece? Francis Harris ha vuelto a ahondar en las profundidades del dolor humano más duro como la pérdida de una madre para sacar la inspiración necesaria dejando para la posteridad un tributo sonoro que se convierte en el trabajo más maduro del americano.

Melancolía, tristeza, dolor, pesadumbre. No todo es un camino de rosas y eso se transmite. Pero se hace de una forma tan refinada, tan elegante y tan sensible que uno solo puede quitarse el sombrero en los 11 cortes que componen Minutes of Sleep. Y es que Harris ha apostado por rodearse de músicos para la producción del disco lo que irremediablemente le da un carácter orgánico y analógico donde no hay ni una sola estridencia a pesar de coquetear en algún punto con el noise y el Shoe-gaze electrónico. Abundan pianos, cuerdas, teclados, trompetas y guitarra apareciendo nombres en los créditos como Léah Lazonick, Brendan Golle, Emil Abramyan y Gabe Hedrick. La vocalista Gry Bagøjen y la trompeta de Greg Paulus (desde la formación No Regular Play) aportan el pasaje más blanco de la tonalidad gris del álbum. Esa maravilla llamada “You Can Leave Always” que se postula como un clásico para dar la bienvenida a los amaneceres.

Antes de llegar a ese punto hemos sucumbido a tres piezas ambientales y experimentales tan brumosas como elocuentes. “Hems” es un réquiem en toda regla. La estilizada suciedad jazz de “Dangerdream” podría ser la banda sonora que acompaña a ese perdedor carismático que deambula por la urbe de bar en bar ahogándose en una redención que no llega. “Radiofreeze” tiene echuras de downtempo evocador. El House aparece en “Lean Back” que simplemente es la aplicación del bombo 4×4 a lo anterior.

El desarrollo housero continúa en “Me To Drift” donde una liviana guitarra y un violoncello son los protagonistas dejando un peculiar juego de cuerdas. “What She Had” un homenaje minimalista a la figura maternal a la que le sigue un track ambiental como “Blue News“, único momento con ruido disonante.”New Rain” y “Minutes of Sleep“, los dos último cortes, condensan toda la profundidad del disco para finalizar con una extensa remezcla a “Dangerdream” de 14 minutos donde Terre Thaemlitz se decanta por la pura experimentación. De esta forma se cierra un álbum para escuchar en paz con uno mismo. Delicia que duele.