En un mundo como el de la música en el que todo es de consumo rápido tomarse cuatro años entre disco y disco es casi un suicidio, sobre todo si no eres un coloso que puede permitírselo. Algunos yonquis del pop electrónico pensábamos que Chairlift lo eran, pero si nos paramos a pensar fríamente, tan sólo tenían Bruises, un hit mayúsculo en su álbum de debut, Does You Inspire You, y un segundo trabajo mejorado en cuanto a producción y que se inclinaba más hacia la new wave que el dream pop de sus inicios. Durante este periodo no se han mantenido del todo inactivos: han remezclado a Phoenix o las leyendas Indochine; su vocalista, Caroline Polachek, sacó en 2014 su debut como solista (una rareza más que apetecible); y más importante, colaboraron con Beyoncé. Fruto de esas sesiones de estudio surgió No Angel, una inmaculada balada R&B de acabados preciosistas que, aunque no era la pieza más destacada del último LP de la Knowles, con el tiempo ha ganado peso. Algo que podría resultar anecdótico y que nos ilusionase a los indies, ya saben: “¡la penúltima sensación de Brooklyn colabora con Queen B!”, al final ha marcado para bien la carrera del dúo.

En realidad, tampoco es que esa reunión con Beyoncé marcase un antes y un después en su sonido, sino más bien era una transformación que se dejaba intuir tanto en sus anteriores trabajos como en todo el indie pop en general (esta es la última vez que utilizaremos la palabra indie, como bien apunta Stereogum, ya no tiene sentido emplearla en este tipo de trabajos). Chairlift, como tantos otros artistas, han hecho esa transición que va del dream pop a un pop más cristalino hasta abrazar géneros más urbanos y negros. Estuvieron una semana en un estudio de Manhattan con Bey y no sería de extrañar que Ch-Ching, una de las mejores canciones del año pasado, surgiese de esas sesiones, aunque Patrick Wimberly dijo en su momento a Pitchfork: “Coincidió con el momento en el que íbamos a empezar a componer el disco, pero no es que fuésemos ahí y nos cambiase abiertamente”.

Aunque ese irresistible hit de ritmos sincopados, acercamientos descarados al R&B y algunas líneas endiabladamente pegadizas parecía difícil de superar, entre el momento del anuncio de Moth y su publicación Chairlift compartieron otros tres adelantos que nos hacían presagiar que éste sería uno de los álbumes del año. Moth To The Flame era su tema más bailable hasta la fecha (sí, más que Ch-Ching) y ya estamos deseando que llegue el Primavera para dejarnos los pies cuando la toquen. Mientras que Crying In Public es una de las canciones pop más redondas que han hecho hasta la fecha y eso, en serio, es mucho decir de los autores de pelotazos como Bruises, Met Before o I Belong In Your Arms (tanto en su versión original como la japonesa). Está cargada de emoción, construida a través de sonidos tan cristalinos y delicados como una figura de Swarowski y ese romanticismo tan marca de la casa. En definitiva, ahí son los Chairlift de los que nos enamoramos pero con cuatro años más de experiencia.

Pero con Moth sucede como con muchos discos a los que les rodea mucho hype: la banda se ve obligada, seguramente por la discográfica, a compartir más y más adelantos y una vez nos ponemos el disco de cabo a rabo nos deja una sensación agridulce, como si lo mejor ya lo hubiésemos escuchado y se hubiesen dejado pocas sorpresas para el producto final (siendo honestos, lo único que está a la altura de los sencillos es esa ochentera y llena de groove Show U Off, que es como un hit de Duran Duran teñido de negro). Desde luego, las dos primeras canciones son ideales para crear un tono, plantear el sonido y el concepto del disco, que ellos describen como algo parecido a lo que representan las polillas a las que hace mención el título, algo “bello, vulnerable y honesto”. Y, sí, aunque estas canciones tienen ese nexo de unión y el disco tiene una estructura como de montaña, con los grandes pelotazos situados en el tramo central, no deja de haber esa sensación de que Chairlift son una de banda de singles. Y eso no es malo necesariamente, ya quisieran muchos grupos contar con una decena de himnos con sólo tres álbumes como ellos, sólo que las expectativas que teníamos algunos eran demasiado altas. Con todo, Moth es el disco pop pulcramente producido que esperábamos todos y da los suficientes momentos de excitación, euforia y melancolía que les pedíamos.