Decir que Tiga se ha mantenido durante un largo tiempo en silencio sería incorrecto. Sin quitarse ni la gorra ni el peluquín, la estrella canadiense del electrohouse lleva años pateándose sin descanso el mundo entero, yendo de club en club como quien iría de flor en flor, buscando alimento y placeres, y sobre todo nunca ha dejado de tuitear. Para cualquier persona interesada en el deporte y la cultura pop, la cuenta oficial de Tiga en la red social del pajarito azul es un oasis para desconectar de los rigores del día a día: ahí siempre podremos leer sus últimas impresiones acerca del juego del Barça, o un análisis de la Champions mucho más interesante que el de Maldini, incluso una exégesis por entregas de la carrera de David Bowie. Menos mal que existe todo eso, pues si no podríamos haber llegado a creer que Tiga había desaparecido del mapa musical.

Entre este No Fantasy Required y el anterior álbum oficial, Ciao! (Turbo, 2009), han pasado algo menos de siete años. Tiga ha mantenido algún proyecto paralelo activado en el ínterin, como ZZT -el álbum Partys over Earth, que sonaba gordo y viscoso, electro de trazo grueso con algún momento eficaz, aunque con demasiado colesterol en la producción, es de 2011-, pero en general parecía como si Tiga se hubiera conformado con limitar su carrera a la gestión de su sello y al engrose de su cuenta bancaria, pinchando mucho sin deslomarse apenas en el estudio de grabación. Por supuesto, para Tiga la palabra no es deslomarse, él no es de sudar la gota gorda ni de pelearse con plug-ins, es de esa clase de artistas que necesitan apoyo exterior, ya sean ghostwriters o colaboradores oficiales bien acreditados. Como suele decirse, él desarrolla el concepto sobre el papel y luego una mano experta baja al barro de la tecnología para acabar emergiendo con oro de un brillo intenso. Y, por supuesto, Tiga también canta.

Ciao! fue un álbum de hits, y junto con Sexor formó una secuencia convenientemente espaciada, en cuatro años, que ayudó a consolidar la fama de Tiga como un artista dance para todos los públicos, a la vez que con credibilidad en el underground. Su carrera como DJ estaba fuera de toda sospecha, y era conocida su inclinación hacia el pop, lo hortera -de ahí sus inicios en el electroclash-, pero también hacia el house antiguo, el acid, Chicago. La transición de Tiga se explica brevemente en el paso de You Gonna Want Me y (Far from) Home a Pleasure from the Bass, todas ellas en el mismo disco: de la influencia de Modern Talking a la de Phuture, del italo y el pop prefabricado ochentas al house crudo y rebozado de acidez. Tiga siempre se ha movido entre esos dos polos, no tan extremos como podría parecer, pero que han creado en su carrera un doble lenguaje, un doble alcance hacia públicos con expectativas y necesidades distintas, uno más purista -y tolerante con sus gustos comerciales-, y otro más veraniego, receptivo de vez en cuando a las selectas delicias gourmet.

La llegada de No Fantasy Required parece haber girado levemente el eje de rotación en la música de Tiga, y aquí es más importante el matiz underground que el popular. No es un cambio radical, sino un matiz en la inclinación: sin dejar de ajustarse al mismo esquema de disco que los dos anteriores -básicamente, un álbum de canciones en la que cada una parece un homenaje a diferentes héroes históricos, desde Kraftwerk en Plush (tiene un no sé qué a lo Home Computer) a Carl Craig en Planet E, por motivos obvios-, parece como si ahora a Tiga le preocupara el fondo de la producción y no la inmediatez de la melodía. Poco a poco, el recuerdo del viejo electroclash parece más lejano, hay pocas pistas en este álbum que indiquen que un día existió una cosa llamada Sunglasses at Night, y por el contrario permite intuir que en su colección de discos hay mucho house de Detroit, mucho techno fino, viejas grabaciones de Voice Stealer o Ralph Lawson, en definitiva, bastante más clase y finura. Sólo como empieza, con un beat seco, el típico bajo líquido y el colchón armónico de ecos suavemente retumbantes, sabemos que este Tiga está más cerca de Ibiza que de Magaluf, que su cosmopolitismo es más propio de Londres que de Benidorm, y en el momento en el que alcanza la segunda base, con Make me Fall in Love, queda claro que las intenciones son honestas: la colaboración vocal es Jake Shears, de Scissor Sisters, pero la producción es de Matthew Dear, y esa diametral oposición -pavoneo pop y concentración tech-house- es la que resume el carácter del resto del álbum: diversión sin cutrerío. Aunque a Tiga esta vez no le ha salido ningún hit incuestionable, sí le ha salido un artefacto que puede ser exprimido, pieza a pieza, minuto a minuto, por todo el circuito house internacional.

Hay dos colaboraciones más con Matthew Dear, 3 Rules y Having So Much Fun, la primera en un estilo casi hip-house y la segunda como si fuera un ghetto-tech humorístico, que añaden diversidad de sabores al álbum, aunque no varían el fondo. El fondo es retro, pero un retro esta vez “respetable”: en Always colabora con la crew acid Paranoid London y parece como si la línea de bajo estuviera asando tocino; en Planet E lo hace Hudson Mohawke y la teleportación a Detroit es inmediata; hay un precioso momento balearic en Tell me your Secret y otro de house descacharrado y renqueante en Bugatti, un track que pide a gritos remixes progresivos (Don’t Break my Heart) y otro que pide remixes a secas (Blondes Have More Fun). En definitiva, tras siete años sin sacar disco, Tiga podía haber elegido entre varias opciones: o seguir haciendo lo mismo pero mal, o pasarse a una especie de grosería EDM para pillar cacho, o seguir haciendo lo mismo pero bien. No Fantasy Required es entretenido, sustancioso, no desprecia a ningún público y trata con respeto al más exigente, es un álbum en el que es fácil encontrar provecho, de esos de fondo, trotones y con larga vida. Tiga, en definitiva, ha elegido correctamente.