Creedme cuando digo que en esta era de tinieblas, mordazas y depredadores con traje de 2000 pavos, la música de Run The Jewels es tan necesaria como lo era la de Public Enemy o Paris en los tiempos de George Bush padre. Ahora que en Estados Unidos el comandante en jefe es un borderline racista con el vello genital de un orangután en la cocorota, los raps de Killer Mike y El-P son un asidero fundamental para los que nos ahogamos debajo de la alfombra. RTJ no nos va a dejar de lado.

El tercer álbum del dúo ha aterrizado en el planeta Tierra para recordarnos que vamos a arder todos en una pira distópica. Y cada vez queda menos. Desde los tiempos de Company Flow, El-P siempre ha recubierto su música con una épica apocalíptica que alcanza en la experiencia RTJ3 su más alto nivel de refinamiento: beats sci-fi y densidad lacerante; asfixia, conspiranoia y barroquismo sampladélico; rimas incendiarias de guerrilla urbana… Cero hits.

Y lejos de acomodarse en la dulzura de su estatus –los principales festivales del planeta han llamado a su teléfono en los últimos años-, Killer Mike y El-P han optado por inyectarle más queroseno al artefacto explosivo que esconden en la gabardina. RTJ3 es la prueba de que el dúo nunca se ha tomado este proyecto como un divertimento. Cuesta imaginar que ambos encuentren mejor acomodo con otros compañeros de almohada, cuesta dudar de la ambición y durabilidad de una marca que se reivindica con tanta fiereza. Porque su nuevo disco, el más largo hasta ahora, irrumpe en tu dormitorio como la bola de demolición enloquecida. En cada uno de los tracks se percibe la grandeza de una célula revolucionaria en su mejor momento de forma.

En RTJ3 la escudería no quiere ser más grande y popular, sino más cabrona y beligerante. Hay que valorar el enconamiento. Mientras Kanye West se saca fotos con Donald Trump, cual Eazy-E de bolsillo, RTJ intensifica el fuego contra la visión del mundo que representa el tirano. Y dispara también contra la policía, la vigilancia, los bancos, las grietas entre clases y el sarpullido xenófobo, en modo confrontación, como si denunciar ya no fuera suficiente, como si hubiera que coger las antorchas y las horcas. Hay que estar chalado para tomarse en serio a Yeezy. Y hay que estar chalado también para tomarse a broma a RTJ. Puede gustar más o menos su predicamento, pero es imposible no respetar a este par de cuarentones inadaptados en lucha perpetua contra la alpargata del sistema.

¿Y lo mejor de todo? El disco es una maldita roca alienígena, un meteorito en llamas cayendo como un puñetazo de Dios sobre la Casa Blanca. Todas las piezas de RTJ3 responden a las matemáticas de un motor de curvatura a punto de reventar en millones de cachos. Killer Mike y El-P se alternan en el micro al viejo estilo RTJ y se dejan acompañar por Kamasi Washington, Trina, Zack De La Rocha, Danny Brown o Boots en momentos puntuales del aquelarre. En esta trinchera todo suena gordo, futurista y distópico. Oh Mama parece la caldera de la nave Enterprise después de un bombardeo Klingon. Panther Like A Panther (Miracle Mix) es electro-trap hardcore narcotizado, inflado de rabia y cortocircuitado por interferencias de otra galaxia. Stay Gold y Hey Kids (Bumaye) son sendas descargas de subgraves que cocinarán tu cerebro como un huevo duro en Mercurio. Talk To Me, Legend Has It y Call Ticketron son himnos para la revuelta, hostiones como panes, el perfecto resumen de lo que supone apuntarse a esta trinchera bombástica en 2017. ¿Preparados para la guerra? A por ellos, joder.