Seis años ha tardado Brunetto en dar continuidad a “B+”, su hasta el momento último trabajo largo editado. ¿Ha valido la pena la espera? Pues claro que sí, con este hombre casi siempre se tiene la seguridad que si no está publicando a diestro y siniestro todo lo que sale de su estudio (como muchos ansias suelen hacer, sin ningún tipo de filtro ni autocensura, y luego pasa lo que pasa y sale lo que sale), es que se lleva entre manos algo potente. Y así ha sido, pues “Sheroine” (título que remite tanto al amor de Brunetto por las heroínas tebeísticas como a los efectos habitualmente narcóticos que la música del sevillano provoca en nuestras malas cabezas) es un compendio de todo lo que este hombre devora, ya sea musical o referente a otras escenas y expresiones artísticas. Porque la música de Brunetto no está hecha solamente para bailar, ni para estar en el sofá ahumándose ni para bailar la lambada horizontal entre sábanas, o para dejarse llevar por los recovecos de nuestras mentes, sino que engloba todo eso (y seguramente más) en un trabajo que, suena a cliché pero posiblemente así sea, es el mejor hasta la fecha.

Mucho menos inocente y disperso que sus primeros LPs, en “Sheroine” nos encontramos a un Brunetto que domina perfectamente el medio, y no tiene miedo ni pudor en sonar ecléctico, variado y valiente. Psicodelia electrónica, ritmos rotos por doquier, hip hop mutante, contante y sonante, electrónica noventera (o ensoñadoramente cósmica, llámenla como ustedes quieran), trip hop más oscuro que el ojete de Tricky e incluso reminiscencias rockerosintéticas. Y aunque toda esta parrafada pueda sonar a batiburrillo sonoro, no se confundan, este disco está muy pensado para no sonar ni a pastiche ni a mestizaje del siglo XXI. Lo mejor de todo es que suena a lo que tiene que sonar, a Brunetto.