En el tiempo en el que Neon Indian ha estado más o menos desaparecido, su gran amigo y rival en aquellos tiempos del chillwave, Toro y Moi, ha tenido tiempo de lanzar tres álbumes (uno como Les Sins, su alias más estrictamente bailable) y una mixtape, que le han afianzado como uno de los valores más seguros de esa electrónica de dormitorio que ha mutado en todos los géneros de baile posibles: disco, funk R&B, house y hasta hip hop. Por eso llama la atención que Alan Palomo, que ya en su segundo disco, “Era Extraña”, demostró que supo desmarcarse bien de ese movimiento tan efímero, haya tardado tanto tiempo en volver a asomar la cabeza. Pero todo esto tiene una explicación. El tejano ya tenía buena parte de su tercer largo listo, pero en un incidente en el que tuvo buena parte de la culpa el alcohol, perdió todo el material que tenía. Para cualquiera sería un drama y más en la era de Internet, en la que si no te pones las pilas, la gente se olvida de ti y desapareces del mapa. Así que rápidamente se puso a trabajar en su sustituto. Y para ello recurro al pasado, pero no a ese chillwave circa 2009. Sino aún más atrás, cuando tenía un proyecto de disco muy en la línea de Daft Punk llamado VEGA. Así, unió sus dos personalidades para dar con “VEGA INTL. Night School”, que de esquizofrénico tiene poco.

Aunque el título del álbum habla por sí solo, Alan Palomo se ha encargado de aclarar el concepto que hay detrás: “Casi todo lo que he aprendido de la naturaleza humana en mi veintena ha ocurrido de noche. La gente es bastante más honesta a esas horas. Más intencionada. Me gusta llamar a los sitios a los que voy Night Schools (escuelas nocturnas)”. Pero, como decíamos, que esto sea una vuelta a los orígenes no significa ni mucho menos que se haya encerrado en su habitación para componer estas canciones. Al contrario. En la producción de este álbum han trabajado hasta 17 personas, a las antípodas del concepto bedroom producer. Pero el fichaje más importante y gracioso no es el de un reputado productor externo, no, sino el de su hermano, Jorge. Resulta que Jorge era el bajista de la banda residente del barco Carnival Fantasy Cruise y a Neon Indian no se le ocurrió otra cosa que decidir hacer ahí su LP en lo que él describió como un “invierno mágico”. No se nos ocurre un sitio más apropiado para que surja la inspiración y salga esa música fresca, veraniega, irresistiblemente sexy, bailonga, tropical y con algunos toques kitsch que siempre le ha gustado al tejano.

Alejado del neblinoso ruido del guitarrero “Era Extraña”, en el que se atrevió a coquetear con el glam rock, el shoegaze o el post-punk, aquí recurre más que nunca a los sintetizadores, en un doble álbum de 51 minutos que no decae ningún momento. No hay hits como “Should Have Taken Acid With You” o “Polish Girl”. En lugar de eso todo el disco es un gigantesco pelotazo en el que cada canción fluye en la siguiente, concebido más bien como una sola pieza, como la banda sonora ficticia de ese crucero. En medio hay una serie de interludios que ayudan a sujetar la estructura. Y aunque el trabajo de estudio ha incrementado, sigue habiendo todas las sellas de identidad de Neon Indian: trapicheos con el pitch, sintes de juguete y samples por doquier.

El álbum tiene un sentido del humor y la diversión tan genuino que abruma. Entiende a la perfección qué significa la música de baile y qué ha de proporcionar. Consigue evocar sonidos de otras épocas y que viajemos a ella y a la vez ofrecer algo totalmente nuevo y refrescante. Alan Palomo es un cachondo y añade pequeñas dosis de picante aquí, como cuando deja un mensaje en el contestador de una chica o nos presenta un encuentro fortuito en la sección porno de un videoclub. Esto es una gran fiesta en el que desfilan géneros como el reggae, el disco y el neo-disco, el R&B del mejor Prince, el primer hip hop el funk y el pop sintético. En otras palabras, ha sabido tomar buena nota de lo que ha hecho bien hasta ahora su colega Toro y Moi para adelantarle por la derecha. Que no se entienda eso como una manera de desprestigiar a Chaz Bundick, es más que probable que en su próximo largo, como en ese pulso que echan dos amigos, se saque de la chistera otro truco de genio y le gane la partida (cabe recordar que recientemente los dos se batieron en duelo en una batalla de DJ en la noche de clausura de Sundance sin saber muy bien quién fue el ganador final, ni que importase).

En una época en la que las playlists han vuelto a ser importantes gracias al impulso que le han dado plataformas como Apple Music, desmarcándose de su competencia y ofreciendo listas de reproducción con algo más de sustancia, este LP es como una respuesta a ello. A ver quién se atreve a coger una sola canción de este trabajo y que no pierda fuerza sin su contexto. Así que la próxima vez que montes una fiesta, olvídate del shuffle de tu reproductor, incluso pasa de las playlists. Ponte “VEGA INTL. Night School”.