Drogas y festivales: un viaje lisérgico a un futuro lleno de mierda

Nuestro especialista en drogas y música electrónica nos explica por dónde irán los tiros en lo que se refiere al consumo de drogas en festivales y clubs después de la pandemia: parkineo o traje clubber anti COVID-19. ¿Susto o muerte?

El quince de agosto de 1969 se oyó por megafonía del festival de Woodstock: «Hay una partida de ácido en muy mal estado que corre por el festival. Tened cuidado con los ácidos de color café: os pueden dar un viaje terrible. No los consumáis». El festival acabó tres días después con el siguiente parte médico: 450.000 asistentes, dos muertos (uno por sobredosis y otro por atropello), 5.000 atendidos por sanitarios, ocho mujeres sufrieron abortos involuntarios y hubo más de 5 nacimientos (dos de ellos en el mismo recinto y el resto en los aledaños).

Festival de Woodstock (1969) Foto: Paul Gerry

Afortunadamente para todos ya no estamos en 1969 y los organizadores de festivales en nuestro país llevan años implicándose en el bienestar de sus asistentes aliándose con organizaciones como Energy Control. No miran hacia otro lado. Los más viejos de lugar aún recordamos su primera presencia en Sónar y ahí siguen, multiplicándose por festivales y clubs de toda España. Esos stands llevan ahí desde 1997 porqué festivales y clubs aplican el sentido común y anteponen la seguridad y la salud de sus clientes a cualquier tipo de discurso aleccionador en lo moral y ético: saben que la gente se pone y lo más normal del mundo es poner a su disposición herramientas para saber qué es y qué hace eso que llevan en el bolsillo. Cuando entro a un festival o a un club y veo la parada de Energy Control sé que estoy en un sitio donde puedo depositar toda mi confianza.

«Pupilotes»

Los stands de Energy Control deberían estar igual de presentes en nuestras calles que las casetas de la ONCE. Dice Albert Pla que en el Congreso de los Diputados tiene que haber controles de alcohol y drogas, y no le falta razón. España es el país de la drogadicción lúdica por antonomasia: en todos los estamentos sociales se consumen drogas. Desde tu cuñado de San Pablo CEU que sale a hacer el vermú y al tercer botellín ya está llamando para que le traigan medio pollo «para bajar la torta, no por vicio, ojo. No se lo digas a tu hermana. Ya te invito yo», pasando por el colega del taller que se come cuatro pepas como la cabeza del Cholo Simeone cuando va a la cubierta de Leganés o por el del diputado que se mete dos talfis rápidas en el lavabo del Congreso para dar un mejor servicio a la patria: España se droga, de norte a sur, de este a oeste. De hecho hay muchísimos más compatriotas drogándose fuera de festivales y clubs que en ellos.

Albert Pla

Tal y como está la cosa el panorama nos parece desolador, tanto en lo cultural como en materia de consumo de estupefacientes en festivales o clubes. ¿Te vas a comer una cuarta este verano viendo a Rozalén o a una persona/laptop que ponga techhouse trotonero en un descampado de un polígono industrial (rebautizado como Beach Club? Pues disfrútalo como si te estuvieran comiendo el ojal mientras esperas a que se dignen a atenderte en la barra del Berghain: disfrútalo como si no hubiera un mañana, las cosas ya nunca volverán a ser iguales. No hace falta que salga Fernando Simón, todo pinturero con la chupa y la moto en la portada del catálogo Venca, para recordarte que hoy por hoy, el clubbing tal y como lo hemos conocido es ilegal. No puedes estar en una pista de baile o en un festival sudando la pastilla mientras pincha Nano o Talabot: eso es pasado. El futuro que nos espera hasta que llegue la vacuna es para ponerse a llorar, y cuando llegue la vacuna ya veremos, porque lo que también es evidente es que tampoco saldrá Fernando Simón por la tele a decir «Ya tenemos la vacuna: los primeros en vacunarse serán los que van al Fabrik y luego los del Primavera Sound» y así hasta llegar a los del Pub Chaplin de Zamora o los asistentes al festival de Ortigueira.

Popper y clubbing

Ya te hablamos en Beatburguer del traje clubbing que habían ideado en Los Angeles las gentes del estudio Production Club. Se nos antoja imposible estar con este traje en el Sónar de día, a 40 grados a la sombra… ¿Cómo compartes cachi en el Dreambeach vestido así? ¿Por los tubos? Vamos, no me jodas: no me veo en el DC-10 intentado comerle la boca a mi señora con ese traje mientras Seth Troxler y los Martinez Brothers llevan tres días sin dormir dentro de esos mismos trajes, fumando porros del tamaño de un niño de seis años y cagando por un tubo todo el vodka con zumo de arándanos que se han bebido mientras sueltan el «A better light» de Santos Resiak y hacen así con las manos hacia arriba. ¿Te comerías dos UPS dentro de ese traje en una sesión remember de Vicente One More Time? ¿Cómo te vas a meter esas rayas del tamaño de la cordillera cantábrica que te metes cuando estás en La Riviera disfrutando de las Hinds o de Ismael Serrano?

Taje clubber diseñado por Production Club

Solo en los parkineos y en las raves ilegales se mantendrá el verdadero espíritu festivalero: allí subsistirá el espíritu primigenio del clubbing. En España es tradición que la juventud se junte antes de los eventos para darle al alpiste. Ya sea en el parking de La Masia, en la puerta de IFEMA antes de los Manel o esperando a que te den las notas de fin de curso en el parque de delante del instituto: el botellón manda. ¿Vas a programarte las tomas? «Mira, me pongo la alarma en el móvil y así dentro de media hora me como otra y para cuando me suba ya habré perdido toda la vergüenza y ya no me importará bailar y acompañar con palmas los bombos de Marco Carola. Pero ahora antes de entrar y ponerme el traje me bebo ya dos botellas de Dyc con Coca-Cola del Dia y eso que voy adelantando» ¿Vas a pasarte toda la sesión en el parking como cuando tu hermano mayor iba a Chocolate? Igual no es mala opción, pero recuerda que también tu hermano se pasó 5 años en Alcalá Meco por un malentendido con la Guardia Civil en la N-III y tampoco sería el mejor ejemplo a seguir.

Histórico parkineo en Masía con Luisito y Monyketamina

¿Cuándo volveremos a hacer lo que más nos gusta en este mundo después de follar? ¿Cuándo volveremos a sudar con desconocidos en un club? ¿Cuándo volveremos a notar la espalda empapada en Bacardi-Cola porqué un gilipollas ya no puede ni mantener el pulso en el after? Dime, Fernando Simón, ¿cuándo?