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I’m not in drugs. I’m just in love 

“Me encanta el amor –dice Yung Beef-; estoy enganchado. Lo busco como un yonki y cada día me hace menos efecto”. Algo así como lo que le pasa a Rihanna en el diseño de la artista Ms. Nina que vemos más abajo en la imagen.

Riri

El amor como temática en el rap ha ido evolucionando. Para algunos, su importancia se ha ido reduciendo en las letras. “Supongo que se habla menos de los valores tradicionales, al menos de forma explícita” afirma C. Tangana. Para otros, como Sho Hai, se ha ido incrementando: “Realmente, en el rap en castellano, ahora es cuando más se escucha a los rappers habar de amor. Antes no tanto. La verdad es que es una buena terapia para uno mismo, hacer raps de este tipo”. Y para Meswy, simplemente, la posición de los raperos ha cambiado: “El aburguesamiento del hip hop, el poder hablar de cosas ‘normales’… Y cuando digo ‘normales’ me refiero a lo que es normal para alguien normal, como si la gente de barrio no lo fuera. De experiencias personales que ya no son las experiencias de alguien de barrio, tratando de dejar de lado todo el contexto político social nuevo donde la lucha social desaparece porque el autor está en una situación de privilegio. Ahí es cuando hablar de amor ha cambiado”.

Fuera del panorama del rap en castellano, si se habla de Amor, se necesita citar -de manera especial-el nombre de Cool J. tal y como apunta Dano. “El rap de la nueva escuela (post 86) aportó una conexión directa con la juventud de los barrios de Nueva York, y esto trajo consigo nuevas caras del prisma, de la vida en la gran manzana a finales de los ochenta. No sólo cambió la estética; cambió la manera de ver y sobre todo de tomarse las cosas. ‘I Need Love’ de Cool J o ‘Teenage Love’ de Slick Rick son dos ejemplos de esta nueva etapa creativa; los chavales son jóvenes, listos y ambiciosos, pero también necesitaban cariño”. Ya lo decía Crema en “La mejor vista de la ciudad”: “aunque hablemos de la calle también buscamos caricias”.

Dano, que en su respuesta a la pregunta sobre la evolución del amor en el rap, se marca prácticamente un artículo independiente a este, continúa su argumentación de la siguiente manera: “Al pasar los late-80s y comenzar los early-90s, otro estilo musical negro llega a su cúspide; el New Jack Swing era el R&B de la nueva generación y muchos rappers que iban ‘endureciendo’ su sonido y su imagen a medida que la realidad se encrudecía, dejaban claro con su actitud que todo ese tipo de sentimientos ya estaba ‘cubierto’ por esta otra cara de la cultura musical afroamericana. El rap era rap y para el amor, ya estaba el R&B. Y no es que fuese así al 100%, pero sí que fue una idea que se extendió bastante en los primeros noventa. Fuck pasteladas, en resumen”.

Estos prejuicios, dice Dano, se superaron gracias a temas como “Bonita Applebum” de A Tribe Called Quest, “aunque los miembros de la Native Tounge fuesen calificados como ‘blandos’ por el lado más G del público”. Siguiendo las palabras del MC y beatmaker del colectivo madrileño Ziontifik, fue a partir de mediados de los 90’ cuando “las temáticas más personales lograron encontrar su hueco de vuelta”. Y señala un momento clave en lo que respecta al tema que estamos tratando: “Ese ‘coolness’ del 95, 96 y 97, donde toda la música pop empezó a sonar a R&B, lo cual realmente eran beats de rap con un cantante encima (véase los singles de George Michael, Madonna o Janet en aquellos años) no sólo es símbolo de que la industria copia todo lo que sucede en las calles; también es síntoma de los tiempos, del ‘vibe’ de la época. El Neo Soul, la aparición de beatmakers como Dilla, Madlib… de grupos como The Roots y de la explosión de esta nueva manera de entender la música negra, uniendo todos sus elementos y guiándose sólo por la idea de ‘cool’, de si mola o no mola, colocó la temática del amor, entre muchas otras, de nuevo en la paleta de colores a medida que nos acercábamos al final de la década”.

Con estos antecedentes sobre el amor en el rap (en la escena norteamericana), llegamos a los años 00’. A partir de aquí -continúa Dano- “pasó de todo”; “pero creo que lo más destacable para el lado más meloso fueron dos cosas; por un lado, la expansión y prácticamente conversión a un propio sub-género del ‘sonido detroit’ y su paso al broken beat y todo el boom del home-studio, MPDs y beatmaking en directo gracias a Internet… y por otro lado, la influencia y explosión del sonido sureño y establecimiento del trap como base rítmica de gran parte de la música negra y ‘urbana’ de la década que vendría a continuación”. 

Nos recreamos en nuestro vacío

Para definir el concepto de balada, Elsso Rodríguez -que hace cinco años publicó un álbum titulado “Baladas Heavys”- se pone serio: “El gurú Google lo define como ‘composición musical de ritmo lento, instrumentación suave y carácter íntimo y expresivo, de asunto generalmente amoroso’. No se me ocurre una definición mejor”. Y siguiéndole el ritmo a Elsso, en el libro titulado “ABC de la música moderna”, del periodista Andrés Rodríguez, se puede leer lo siguiente:

“Según su etimología latina, canción destinada a provocar el baile (ballare: ‘bailar’). Sin embargo, la historia descubre que en la Edad Media una balada era una canción con un ritmo más intenso que en el siglo XX. Estructurada musicalmente sobre 32 compases, la palabra fue adquiriendo otro significado, refiriéndose a aquellas canciones más simples relacionadas con el folclore. Dos siglos más tarde el término hacía referencia a algo completamente distinto: una canción narrativa construida sobre un texto poético. Desde entonces, la balada ha tenido otros significados. Estuvo relacionada con la ópera gracias al sentimentalismo del género, del que ha heredado su significado actual que asocia como tal a toda canción de ritmo pausado, generalmente de temática amorosa, que incita a un baile tranquilo y lento. La balada, como se ha entendido en los últimos cincuenta años, ha sobrevivido frente a todo tipo de géneros, saltando del heavy metal al pop más inocente con muy pocas diferencias.

¿Por qué decidiste llamar a aquel álbum “Baladas heavys”?

– Porque se compone, en su mayoría, de canciones lentas, íntimas y de asunto amoroso -explica Elsso-. Pero gran parte de las letras son crudas, explícitas, son heavys. Aparte de que todo el mundo sabe que las mejores baladas son las heavys.

Sobre el romanticismo en el rap, en general, dice Miguel Grimaldo: “Creo que todo ese ‘género’ por llamarlo de alguna forma, ha sido explotado de sobra; aún así me parece que en cierto modo es lo más tangible que alguien puede contar, la miseria individual de cada uno. Pocas cosas conoce uno mejor que lo que lleva dentro”. “Supongo -afirma Dano- que en el fondo es la necesidad de expresar, de abrir la válvula y dejar salir lo que se cuece dentro”.

Lo cierto es que las baladas -especialmente las que hablan de amor/desamor- nos sirven para pasar la desidia y la pena de una manera bastante macabra pero que da mucha regustera. Las de rap también (incluso más si cabe). “Nos recreamos en nuestro vacío” como entona Gata Cattana en su tema “Atlanta”. En resumen, como apunta Grimaldo, “hay mucha música buena para regodearte en tu propia mierda”.

Mucho se ha hablado últimamente de las nuevas sensibilidades en el hip hop, sobre todo a propósito de la tristeza, la pena, “emotional” boys, sad girls… Y lo cierto es que en esta última etapa a la que apuntaba anteriormente Dano, la pena cobra una gran importancia, y lo hace a rebufo de la llegada del trap.

 

Sad and proud: los gángsters también lloran

El sad rap no habla tanto de amor como de un estado, digamos, depresivo o decadente, con tintes dark (o emo, como algunos lo han llamado) donde el consumo de drogas como método para paliar la pena, es bastante frecuente. En el artículo “Tears of a Thoug: Sad rap is a real thing”, publicado en Dangerous Minds y firmado por Kimberly J. Bright, se recogen unas declaraciones del rapero Little Pain acerca del tema:

I responded to Little Thug, “Can you tell me a little about what you guys are all about? I’m not familiar with sad rap.”

“Basically we represent the side of rap that isn’t being glorified,” he wrote back. “We’re embracing the reality of the struggle rather than trying to portray a facade or a lifestyle that we aren’t really about without going about it in a conscious way. We’re sad and proud.”

Sin salirnos del panorama internacional, si hay un nombre que lleva la etiqueta “sadness” implícita, ese es Yung Lean y sus Sad Boys. Pero no podemos olvidar, como dice Drew Millard en la entrevista a Little Pain publicada en Noisey, que a pesar de que ahora mismo goce de mayor protagonismo, la tristeza siempre estuvo ahí:

“Rap has been sad ever since somebody called the cops on a block party in the Bronx in the 70’s, and it’s gonna stay sad until the sun engulfs the earth, when some rapper will make his last act as a sentient, non-melting being to step in the booth and record a hot 16 about death”.

Dano también recuerda el contexto pasado del momento actual en el que se inscribe el Sad Rap: “Supongo que esa etiqueta, o el subgénero (o inclusive momento musical) al que se refiere es algo que tocaba, algo lógico dentro de este eterno ciclo. Todo se repite y todo vuelve, sólo que la manera exacta es impredecible; el efecto retro suelen ser veinte años, y hace veinte años ese vibe, ese aroma se dio en los estilos y ciudades/países por separado. En el rock fue el grunge, en el rap de USA fue el horrorcore y la movida de Memphis, etc. No es que fuese lo mismo, pero sí que representa ese mismo trozo de la tarta, esa misma parte de la juventud que a la cual todo le suda la polla, criticada y abandonada por los que vinieron antes”. Y continúa: “Nike sobre blanco o negro liso, Nike Tennis, TN del principio, reflectante, todo eso ya pasó pero tuvo otro contexto. Ahora esos chavales solitarios no están en la calle, en sus barrios o en sus casas de manera anónima. Y eso une mucho las cosas, salpica subgéneros entre sí y genera amalgamas creativas con todas esas influencias previas. El R&B de los 90s, Europa, Japón, la onda francesa, motocross, todo ese retro-ismo se ve en el rollo del que hablas. Estaba separado, pero ha dado como fruto esta movida nueva. Es la referencia de estos chavales cuando eran críos”.

En España, sí se ha notado un cambio en algunas sensibilidades, un tono más “emotional” que tiene un ejemplo claro en algunos temas de Pxxr Gvng (sobre todo en los comienzos de Keftv Vxyz). Aún así, Yung Beef no se considera -de ningún modo- un sad boy. “Yo no soy un sad boy. Yo soy de barrio. Me gustan las mujeres y la marihuana”. A la pregunta sobre si los gangsters también lloran, dice Fernandito Kit Kat: “Claro que lloran. Depende de cual, pero suelen ser muy dramáticos y sentimentales”. De todas maneras, las frases de ruina están en su lírica; en temas como “Duele” de Los Yumas: “Me muero de la pena, quería que vierais esto”; en la Intro del ADROMICFMS (“llorando por dentro…”); en ese “por supuesto que he supuesto lo de suicidarme” del “^.^”; incluso en algunas canciones de D. Gómez: “Voy a drogarme hasta morir pa’ volver a verte. Si ya estoy muerto cómo voy a tener miedo a la muerte” (ojo con D. Gómez como gángster-baladista). Lo que es cierto es que el amor tiene mucho de inspiración en las canciones de los Pobres. De ahí ese “me encanta el amor. Lo busco como un yonki (…)” al que hacía referencia Yung Beef.

Estas “nuevas” sensibilidades tampoco son algo general. Explica Elsso: “No creo que los sentimientos sobre los que trata el rap actual hayan cambiado con respecto al que se hacía antes, quizá sí se haya abierto un abanico mayor a medida que éste ha ido evolucionando. Los sentimientos son infinitos, universales y congénitos al ser humano. Y dentro del rap hay, o debería haber, la suficiente variedad de corrientes como para  hablar sobre toda clase de sentimientos”. A todos se nos viene a la cabeza aquel “Gángster del amor” de Kase O (1995).

En términos generales, sobre todo en lo que se refiere a la manera de trabajar, dice Meswy: “Más que sensibilidad veo pérdida de ésta. Todo se mecaniza, es más impersonal, más frío, no hay tanto contacto físico, algo que hizo desarrollar esta cultura, el juntarse para crear algo de la nada y poner todo tu alma en ello”. Esa pérdida del contacto físico que ha propiciado internet, camina paralela al aumento de contactos no físicos, es decir, las colaboraciones de una punta a otra del planeta (o en la misma ciudad, claro, pero propiciadas por la red).  Las colaboraciones, en general, conservan ese lado romántico de los comienzos del rap. “Fui a Sevilla a crear la canción de ‘Los chicos sí lloran’… y a grabarla, porque Supersónika (la primera chica que canta) vive allí. La magia salió improvisando, fue muy emotivo porque las dos nos metimos mucho en el beat (creado por Kenke) y a partir de ahí apareció la idea y un poco la forma. Además fuimos al estudio de Pedro Ladroga y fue muy guay, muchas risas”. En maneras de trabajar como las del colectivo Ziontifik también perdura ese lado romántico del que hablaba Meswy en referencia a CPV. “Todo lo que hacemos es por romanticismo -señala Dano aludiendo a Ziontifik- por puro amor adolescente. La forma puede cambiar pero la esencia es la misma”.

El romanticismo, desde el lado punk al enamoramiento, desde el rollo naïf o la desobediencia, puede ser revolucionario. Aunque se esconda tras un ritmo lento o una base decadente; aunque el partirse en mil pedazos tenga apariencia bachatera. Hace algunas semanas, el artista Francisco Morales (que en 2006 -bajo su alias S. Curro- publicaba un trabajo titulado “Amor y Droga”) compartía a través de facebook, una reflexión digna de lectura en la que (entre otras cosas) escribía lo siguiente: “Frédéric Beigbeder dice que en la cultura del zapping el amor sólo dura tres años. Yo creo que dura menos […] En aplicaciones como Tinder, las fotos de los candidatos y candidatas se desplazan con el movimiento de un pulgar como si de productos de Wallapop se tratase. Con una pulsación digital calificamos a las personas en dos grupos: apto o no apto, compro o no compro. Es la extrapolación de las nuevas lógicas de consumo al terreno sentimental”.

Y después de varias vueltas de tuerca a la [in]volución de la palabra “amor”, termina su reflexión de la siguiente manera: “El amor debe ser el que mande. Puedes amar a alguien del mismo sexo, o amar a dos personas a la vez, todo es válido mientras que ames. Al sistema no le interesa que ames, porque el amor está fuera del mercado y lo que no es susceptible de ser valorado en el mercado es por definición ANTISISTEMA”.

Y las “baladas” en el rap, sean de la índole que sean, también pueden ser antisistema.

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