El festival 4every1 celebró el pasado 27 de junio su segunda edición, a las afueras de Madrid. El lugar escogido para el festival fue El Álamo. El camino desde Madrid centro a más de treinta grados no era muy seductor.  Sin embargo, el oasis improvisado para amanecer bailando este fin de semana merecía la pena un pequeño sacrificio en el viaje. Una noria multicolor presidía The Music Park, un recinto de 120.000 metros cuadrados de los cuales la mitad era agradable césped, un espacio suficiente para alojar sin agobios a cerca de 25.000 personas durante 18 horas. Quizá algún espacio más de sombra y alguna fuente de más lo habrían hecho perfecto del todo. De todas maneras, el cartel confirmado hace unas semanas con una primera línea de pesos pesados del techno nacional e internacional y la idea de agruparlos en 4 escenarios bien comunicados según sus estilos, funcionó como un imán para los amantes de la electrónica, especialmente los más jóvenes. Da igual el año, se nota que el verano no empieza hasta que acaban los exámenes.

Dentro de la Black Area destacó el set de A. Professor y DJ Murphy. El combo vasco-brasileiro se equilibra perfectamente. Templanza -sobre todo la de Asier- y al mismo tiempo decisión y acierto en las mezclas, fundiendo con sobriedad el techno de las máquinas blancas de Berlín y las negras de Detroit en el mejor momento de la noche. El broche a este escenario lo pusieron Ben Sims -con esa espectacular contundencia que le caracteriza tras los platos- y DJ Pepo, protagonista absoluto del momento “atardecer bailando” del festival, con una sesión hecha estrictamente a base de vinilo y que reunió a nostálgicos y una comunidad de fans fervientes, que subía en cierta manera la media de edad en el público.

La Red Area o zona de hardcore dejó claro que la escena y el seguimiento nacional de esta variante gozan de muy buena salud. Buena parte del éxito de este stand descansa sobre los hombros de la crew In Hard We Trust, que merecen el mismo aplauso que recibieron talentos brillantes del festival como The Prophet, que hizo sentir los bajos como pocos, la reina Korsakoff o DJ Zatox y su cierre de mañaneo old school. No obstante, el hombre de la noche estaba oculto tras una máscara de hockey. El apoteósico show de DJ Angerfist dejó huella y satisfizo las expectativas de quienes esperaban con ansia al holandés errante en su tour europeo. Salir con máscara al escenario, de Slipknot a MF Doom, es una fórmula manida pero infalible. Muchos minutos ininterrumpidos de sintes estridentes y baterías machaconas y un juego de luces bien empleado, pusieron a bailar y saltar sin descanso a una masa de chicos y chicas en chándal como gabbers de Rotterdam, la combinación perfecta de música agresiva y buen ambiente en la pista.

Tanto la White Area, con un montaje enorme de pirotecnia, luces y efectos láser, como la Green Area, con un escenario de forma piramidal, hicieron parecer a las otras dos zonas recatadas y humildes. En la blanca se disfrutó el monumetal show de Dimitri Vegas & Like Mike, uno de los más llenos, o el back to back de Danny Avila y DJ Nano subidos a la mesa de mezclas y con momentos estelares como cuando hicieron sonar “Rock the place” (el tema de este último junto a twoloud). En el área verde se dieron cita grandes nombres del sonido ibicenco como SolomunLuciano; con este último pasamos de la noche al día a base de tech-house bailable, en esa línea que camina Luciano entre la oscuridad y el exceso de luz. En su set pudimos escuchar incluso el “The Bells”, de Jeff Mills, tarareado hasta la saciedad por cualquier clubber, incluso entre los sectores más juveniles. El de Cadenza convirtió su escenario en un mañaneo más propio de la Isla Blanca, con confetti, humo artificial y bailes despreocupados en la pista.

Y así, casi sin avisar, se fue haciendo de día.  Y el lema se hizo realidad para una marea de gente que amaneció bailando hasta el cierre con artistas como Paula Cazenave, que se marcó una sesión cargada de garra, con un techno potente que a ratos subía el nivel de dureza de una manera perfecta, ideal para el estado de ánimo de unas 7.30 horas de la mañana. La dj y productora dejó bastante claro por qué es una de nuestras artistas más internacionales.

Muchos se siguen preguntando por qué Pet Duo suelen actuar en horario matinal en muchos de los festivales a los que acuden; y es normal que algunos defiendan el amanecer como la hora perfecta para darse por ese schranz sin tregua alguna que lleva consigo la pareja brasileña. Se trata de quemar todo lo que queda, y viendo que la cosa va a ir terminando lo mejor es darse por los sonidos que más energía requieren, como los de Ana Luiza Gelfei David Merlino, coronados ya -muy probablemente- como los representantes más potentes de este estilo.

Y ya con todos los demás áreas cerrando, a eso de las 10.30 h. de la mañana, aparecía Cristian Varela en la zona Green para proporcionarnos una despedida de techno añejo y efectivo, con cierto toque nostálgico -materializado sobre todo en temas como “Knights of the Jaguar” de Dj Rolando-, que daba aún más sentido al contexto que nos rodeaba a esas horas. Misión cumplida.