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8 descubrimientos del Primavera Club que no vas a parar de escuchar en 2017

Tres años después, podría decirse que el Primavera Club (la edición otoñal y bajo techo del Primavera Sound) ha consolidado su nuevo formato y esa interesante apuesta de traer -prácticamente- grupos debutantes en España. Esta edición, que se ha celebrado durante el fin de semana en las dos salas de Apolo y el Centre Cultural Albareda, ha servido nuevamente para tomar el pulso a la escena y sacar de ella nuevas promesas (o realidades). De la veintena de conciertos que hemos podido ver, hay una serie de artistas a los que vaticinamos un futuro inmediato brillante y que seguramente repetirán en el PS del año que viene. R&B, pop en sus muchas variaciones, funk, hip hop y más en tres jornadas que nos han hecho recuperar la fé por la música en directo y los festivales.

 

Extrarradio

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Si vas a tirarte tres días encerrado en un recinto (con dos salas) quizá lo más recomendable es que las primeras propuestas sean algo más accesibles. En este sentido, el pop electrónico rico en matices y texturas de Museless hubiese sido más apropiado para abrir fuego que la densidad de Extrarradio. Pero aunque cueste meterse en la propuesta de los barceloneses, aún con material desperdigado por Bandcamp, el revuelo que están generando en la escena local es tal que había que verles. Su sonido es difícil de describir, pues por sus canciones desfilan influencias como el funk, la Movida -más en espíritu que en sonido-, el post-punk -en la manera en la que el vocalista arrastra con monotonía las palabras- e incluso algo de un hip hop enfermo, narcótico y psicodélico. Es tan personal su propuesta, tan diferente a casi cualquier cosa que se esté haciendo últimamente en el panorama estatal, que se justifica la expectación que generaba su actuación.

Pronóstico: están en una fase embrionaria, de ensayo y error en el mejor de los sentidos, por lo que vaticinar lo que cabe esperar de ellos en el futuro se hace difícil, pero apestan a banda underground de culto. Repetirán y lo harán tarde en algún escenario pequeño del PS.

 

Yumi Zouma

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Si Extrarradio eran la noche, Yumi Zouma eran el día, su reverso luminoso en el sentido de que su concierto fue accesible y atractivo. Realmente no son un descubrimiento porque muchos les venimos siguiendo la pista desde hace tres temporadas, pero este show suponía su debut en España (su álbum de debut no llegó hasta el pasado mayo y hace no mucho tuvieron que cambiar de vocalista). Sobre el escenario los neozelandeses confirmaron, a base de muchísima clase, todas esas cualidades que ya les adivinábamos en disco: pop coqueto y puro con referencias que van del balearic a Fleetwood Mac, del twee al synth-pop. Parece que lleven media vida, que temas que incluso no entraron en su estreno en largo como The Brae suenen clásicos de hace tres décadas. Irresistibles.

Pronóstico: no hay nada en su sonido discreto y honesto que haga presagiar un salto de gigante en cuanto a popularidad. Seguirán siendo un secreto a voces bien guardado, una de esas joyas pop que los grupos de 2036 reivindicarán.

 

Tversky

Se nota que el dúo Tversky ya lleva un par de años fogueándose en la escena, pues han conseguido limar lo que antes era un sonido interesante pero disperso. Ahora han conseguido formar un triángulo equilátero con tres vértices, disco, funk y house, con todo lo que ello conlleva, es decir, pura diversión. No hay que entender el uso del saxófono por parte de Alan Himar como exotismo (o boutade hortera en el peor de los casos), pues su inclusión es coherente en este contexto húmedo, tórrido y muy setentero. Y, sobre todo, parece no haber ni un atisbo de ironía en este ejercicio retro (ejem, ejem, M83).

Pronóstico: Bandas de vocación electrónica que ofrezcan directos y que sean atractivas para el público indie no hay tantas en España y a menudo los festivales acaban trayendo a los mismos tres o cuatro de siempre. Por tanto, no sería arriesgado decir que una vez saquen su álbum de debut se hinchen a tocarlo por los grandes eventos de la Península.

 

Operators

Las relecturas que se han hecho de los fértiles 80 son infinitas, y aunque hay muchas geniales (cada día sale alguien mostrando una apreciación genuina por la década del brillo y la gomina), a menudo hay algo que se echa en falta: esa tensión y paranoia de que el sueño podría saltar por los aires en cualquier momento tan propia de la última etapa de la Guerra Fría, los años de la presidencia de Reagan. Dan Boeckner (Wolf Parade, Divine Fits, Handsome Furs) la recrea cojonudamente en cualquiera de sus proyectos. Operators no tiene su mejor colección de canciones ni mucho menos, pero el tipo tiene tal rebosante carisma sobre el escenario que magnifica el impacto emocional de las canciones. Actúa como si fuese su última noche sobre la faz de la tierra. Y se agradece.

Pronóstico: probablemente al final de la gira disuelva esta banda y nos quedaremos con el recuerdo que en una fría noche de otoño le pudimos ver. El año que viene, si está en el Primavera Sound, será con Wolf Parade.

 

Alex Cameron

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Tras Seth Bogart, el mayor frikazo que se subió al escenario durante el Primavera Club fue el australiano Alex Cameron, que se pinta como un crooner decadente. En lo musical recoge influencias tan diversas como Suicide (esas cajas de ritmo) o Nick Cave (la oscuridad con la tiñe sus canciones) y las traslada a un lenguaje más synth-pop. También sirven Twin Shadow o Daughn Gibson como referencias más actuales. Durante el concierto apareció el segundo saxo del festival, lo que termina de confirmar ese amor del indie por el soft-rock y el AOR. Más allá de los vientos no hay ningún soporte instrumental, por lo que estábamos ante un cuasi-karaoke. No molestó, pero cuando venga con banda al completo será la hostia.

Pronóstico: Es casi tan bueno como monologuista que como músico, así que si le va mal siempre puede tener un decrépito show de stand-up en Las Vegas. Él, que tanto habla de fracaso al referirse a su carrera, estaría orgulloso.

 

Maria Usbeck

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El Primavera suele traer bastantes músicas del mundo, pero la mayoría vienen de África y Asia, así que una propuesta radicada en Ecuador (aunque con base en Brooklyn) como ésta siempre se agradece. Maria Usbeck lideraba antes Selebrities y bajo su propio nombre hace un pop exótico con algo de electrónica y bastante marimba (también en vivo) que le acerca a esa perla demasiado desconocida que es Antena. Nutre sus temas de los viajes que ha hecho en los últimos años por Costa Rica, Argentina, Isla de Pascua y España y los adorna con toda serie de grabaciones de campo sacadas de parajes naturales. Hasta utiliza dialectos indígenas. Suena como algo exigente pero en directo (y en disco) es mucho más accesible de lo que parece. Además de atreverse con una versión del Cállate, niña de Jeanette también tocó la mejor canción que se pudo escuchar el fin de semana, Una de tus ojos.

Pronóstico: el talento lo tiene, ahora le falta la suerte. Lo mismo puede ser una joya underground del synth-pop como Nite Jewel que nunca termina de explotar o una mediática artista como su amiga Caroline Polachek y acabar produciendo a estrellas como Beyoncé.

 

River Tiber

Es probable que hayas leído que River Tiber es colaborador de Drake, en realidad el rapero sólo le sampleó en No Tellin’. Lo que sí tienen en común es que son dos de los máximos exponentes del sonido Toronto actual. Tommy Paxton-Beesley, un niño mimado de la Red Bull Music Academy de Canadá, es un auténtico genio al plantear una electrónica que establece nexos de unión con la música negra. Se le compara bastante con James Blake seguramente porque, como el británico, le basta su potente voz y el uso de un instrumento (en su caso, la guitarra) para cautivar a la audiencia. Para una propuesta cercana al R&B que había, fue una pena que tuviese que competir con los cabezas de cartel del festival.

Pronóstico: Su álbum de debut no ha venido precedido de críticas entusiastas, es más, ha pasado bastante desapercibido. Y en este sentido juega con desventaja respecto a James Blake para convertirse en un fenómeno para los próximos años.

 

Porches

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Decir que lo mejor se guarda para el final casi siempre es un topicazo, menos en el caso de ayer, porque en esta edición se ha cumplido a rajatabla. Sin rodeos: Porches ofrecieron el mejor concierto y el más profesional del fin de semana, y eso que a Aaron Maine se le notaba que la hierba le había subido (hasta emplazó al público para después del show a dar unas caladas con ellos). El humo no empañó un sonido de cualidades cristalinas propiciadas por el afán perfeccionista del líder, que hizo reiniciar la brillante Hour porque había detectado un pequeño fallo en el teclado que nadie más percibió. Esta, Car, Be Apart son auténticas maravillas de ese pop electrónico cool -con algún momento R&B o hasta house- que se fabrica a espuertas desde Nueva York. Abandonar el rock que practicaba en sus inicios era la mejor decisión que podía tomar.

Pronóstico: el año pasado, también en domingo y casi a la misma hora tocó Empress Of, que ya entonces prometía ser una estrella del pop y que ahora se cumple poco a poco pero con paso firme. A Porches no les tardaremos en ver en escenarios grandes.