Hace una semana, el flamante sello británico Warp anunciaba su último fichaje: Nozinja. Quizás el nombre de este surafricano no sea familiar para la mayoría, pero se trata del comandante de Shangaan Electro, el combo que puso patas arriba Sónar de Día en 2011 con sus endiablados repiqueteos midi -la adaptación moderna del folklore musical de la etnia tsonga shangaan-, sus monos naranjas de presidiarios y sus faldas de paja. Un año antes, en ese mismo espacio, tenía lugar otro de aquellos momentos tan bizarros como mágicos en el festival barcelonés. El reactor de dicho momento fue la actuación del sirio Omar Souleyman, cuya carrera ha seguido in crescendo desde ese momento, actuando en numerosas plazas occidentales y poniendo en la calle Wenu Wenu, el primer álbum oficial del artista (sin contar la colección de casetes distribuidas en Siria), producido por Four Tet.

El exotismo de este nuevo folklore africano y la familiaridad de sus sonoridades con la música electrónica han propiciado el éxito entre el público, solo hay que ver el espíritu festivo que se crea en las actuaciones de Shangaan Electro o Souleyman. Que un sello como Warp o un productor como Four Tet se interesen por este material, no hace más que confirmar el interés que despiertan estos artistas en Occidente. Pero no son los únicos ejemplos. El pasado verano, Ministry Of Sound en su faceta editorial añadía a su roster a Atumpan, una joven referencia del Afrobeat procedente de Ghana, y ponía en las estanterías “The Thing“, un single que ya era todo un éxito en su país de origen.

El interés de Ministry Of Sound por un artista de Afrobeat (el nuevo pop africano, una mezcla entre la electrónica y el hip-hop global con la música popular centroafricana) no extraña en un contexto como el londinense, donde la comunidad de inmigrantes africanos es ya tan extensa como cualquier otra en la ciudad y nutre el underground con sus raíces culturales, como explicaba el periodista Dan Hancox en este artículo de 2012.

Sin movernos de Londres encontramos otro buen ejemplo de intercambio creativo y musical entre Europa. Auspiciados por el British Council, la estación de radio Rinse FM y el colectivo egipcio 100 Copies han comenzado un programa de intercambio entre artistas del entorno de la radio londinense y MCs y productores de la ferviente escena electro chaabi y mahraganat de El Cairo, que han puesto banda sonora a los últimos movimientos sociales en el país africano. Aunque “Cairo Calling”, que es como se llama el programa, durará todo este año, ya se pueden ver algunos de sus frutos, como el showcase de DJ Figo, Sadat, Knka y Diesel en la plataforma de streaming Boiler Room el pasado mes de febrero.

Esta cada vez más extensa lista de interconexiones entre la electrónica y la música africana podría seguir con la excelsa labor de rastreo musical de Awesome Tapes From Africa, la mezcla de ritmos árabes y acid de Acid Arab, la colaboración del beatmaker francés Débruit y la vocalista Alsarah -que participarán en el próximo Sónar-, plasmada en el álbum Aljawal o la explosión del kuduro y el zouk como géneros de baile globales vía Buraka Sound Sistema y otros agentes portugueses como los sellos Enchufada y Principe Discos. Cualquiera de los ejemplos citados aquí apelan a la búsqueda de nuevas fórmulas de música de baile en un momento en el que el DIY ha sobredimensionado la oferta pero no la imaginación. La tradición africana, su folklore y su imaginativa manera de usar la tecnología a su favor son una auténtica golosina para aquellos que busquen algo nuevo a la hora de darle al play y mover el cuerpo. Disfrutémoslo.