“Watch me form new nests

Weave a matriarchal dome

Build a musical scaffolding

Between sleep and awake

Day and night

Between night and day”

Björk en Future Forever

 

El sueño lúcido de una noche bajo las estrellas como motor y brújula. La imaginación y la construcción del “buen lugar”, de la Utopía, como agente frente al escenario devastador, el “mal lugar”, en el que se ha convertido nuestro mundo real.

“Si el optimismo ha sido alguna vez una emergencia, es ahora”, dice Björk a Jon Pareles en su entrevista para The New York Times.

En su última obra, la exposición Björk Digital, la islandesa trazaba un camino por el doloroso proceso de pérdida que narró en Vulnicura, su anterior álbum, y nos invitaba a emprender junto a ella un camino hacia la sanación y la reencarnación en un organismo más fuerte, consciente y bonito. Björk Digital nos dejaba a las puertas de Utopia.

Aquí, en este organismo que es su nuevo álbum, vivimos una experiencia casi fisiológica de “escapar a una isla, y ahí está lleno de mujeres con niños, y todo el mundo toca la flauta, todo el mundo está desnudo, y hay todas esas plantas que no has visto nunca y esos pájaros que no has escuchado nunca, y orquídeas, y hay ese sentimiento de empezar en un mundo nuevo”.

El genoma de la vida en su particular Utopia ha sido diseñado junto a Arca, el genial artista venezolano con quién ya trabajó en Vulnicura.

La canción que abre el disco, Arisen My Senses, es el despertar de los sentidos, del conocimiento de uno mismo. La unión de lo físico  y lo espiritual. Para la ocasión, el productor recupera aquella maravillosa canción del EP Baron Libre, Little Now A Lot, editado en 2012 en UNO, y crea una maximalista explosión de vida y luz.

El trabajo de Arca es revelador en todo el álbum. Canciones que unen la experimentación digital habitual en el venezolano juegan y remoldean composiciones propias de la música clásica. Genera espacios y hace contorsiones llenas de emoción de una forma profundamente elocuente y acorde con las evocadoras melodías vocales de Björk. En Courtship, por ejemplo, se acerca a una construcción Footwork donde los kicks bombean de forma casi submarina el fluir vivo de las flautas.

En Blissing Me, Björk narra la historia de dos nerds de la música que se enamoran a medida que van intercambiando música en red. Así ha funcionado su colaboración con Arca. Si en el anterior trabajo el papel del venezolano fue más puntual, Utopia ha sido un proyecto que se ha fundamentado desde el primero momento en el diálogo continuo entre ambos artistas.

“Nos mandábamos miles de ideas, era como jugar a un juego”, explica en la entrevista de The New York Times. Sus señas para Arca fueron: “si vamos a unirnos como dos músicos, salgamos de los márgenes. Vamos a intentar no hacer las estructuras típicas, pero encontrémonos en cada elemento instrumental. Seamos libres”.

Esta libertad se desarrolla a partir de un elemento común. El instrumento central del álbum es la flauta, ese tallo de madera que sostiene en la portada y que aparece en cada composición de Utopia. En la canción que da nombre al disco, Björk la señala en la primera línea:

“Bird species never seen or heard before

The first flute carved from the first fauna”

Nos remite al mito de Pan y Syrinx narrado en la Metamorfosis de Ovidio, la primera referencia documentada al instrumento. Pan, un fauno (mitad hombre mitad carnero), Dios de la sensualidad masculina y la naturaleza animada, perseguía a la ninfa Syrinx que acorralada en el río pidió a sus compañeras que la convirtiera en junco para que su castidad no fuera violada. Del junco Pan fabricó una flauta y con ella una nueva arte que cautivó al propio dios por su dulzura. “Que movidos dentro de la caña los vientos / efectuaron un sonido tenue y semejante al de quien se lamenta”, escribió Ovidio.

La flauta, que ha inspirado a tantos artistas, de Henri Matisse en su cuadro Música a Debussy en Preludio a la siesta de un fauno, La flauta de Pan y Syrinx, tal como lo explica David Toop en su libro Resonancia Siniestra, es un instrumento el cual se consideraba que “conducía al oyente receptivo hacia una experiencia de éxtasis: el ensueño erótico o la unión mística con la naturaleza”.

La música que Arca y Björk habían compuesto con el ordenador la grababan después doce flautistas de Islandia, todas ellas mujeres, en localizaciones que propiciaran la sonoridad adecuada para cada canción.

Pero “en Utopia hay espacio para lo feo y lo oscuro” también, explica James Merry, encargado de la identidad visual de Björk por más de ocho años. “No se trata tanto de la perfección sino sobre cómo la gente que vive en ese mundo funciona y se relaciona, con amabilidad e igualdad, con respeto por la naturaleza y armonía con el mundo que les sustenta”.

Así, encontramos canciones como Loss, que se vuelven agresivas, distorsionadas y oscuras, en contraposición a las amables flautas y pájaros que cantan en Paradisia, el pequeño interludio instrumental barroco que antecede a Saint. Ésta última es un homenaje a la música en forma de figura matriarcal, como señalan en la web Genius, una santa con el poder de la sanación, del amor y la empatía.

En todo este universo utópico, Björk hace una exaltación de todo lo femenino como fuente de vida, ya sea remitiendonos a la energía del Kundalini o a las numerosas representaciones de la fertilidad y lo divino. Cada elemento contribuye a que esta utopía sea un poco más real. Cada beat y cada frame de su interpretación visual, contribuye a su política. Este es el universo que ella construye, “una idea, una sugerencia, una propuesta del mundo en el que podríamos vivir”. “En vez de quejarnos y estar muy enfadados, necesitamos hacer sugerencias sobre el mundo en el que queremos vivir en el futuro”, dice al The New York Times Björk, que presenta su utopía como una propuesta frontal de cambio.

El diagnóstico que hace HJ Darger en su artículo sobre el Visual Album de Grimes, Grimes Goes Prerrafaelita, podría funcionar también en el caso de Utopia: “esta naturaleza en la que (las artistas) aparecen inmersas podría tratar de desmitificar una mirada masculina que ha construido a la mujer sublimada en el hermetismo, indefensa frente a unas fuerzas naturales siniestras e inconmensurables, acobardada allí en su reducto de intimidad”.

Esta mirada masculina es la que hace centrarnos en descifrar el mundo que nos rodea a través de la mitad de la gente que lo habita (la mitad masculina) y, por lo tanto, obtener la mitad de respuestas, las que nos han llevado hasta aquí.

William Blake grababa en 1788 que “los deseos del Hombre están limitados por sus percepciones; nadie puede desear aquello que no ha percibido”. Por lo tanto, sumar aquellas perspectivas que han sido obviadas y reprimidas, escucharlas y añadirlas a la agenda, nos llevarán a soluciones más éticas y humanas para todos, nuevas. Lo explica la historiadora Joan W. Scott: basarnos ahora en la mirada de la otra mitad creará “no sólo una nueva historia de las mujeres, sino también una nueva historia para todos”.

El místico Blake seguía así en sus aforismos de Todas las religiones son una: “Así como nadie que viaje por tierras conocidas puede encontrar lo desconocido, desde conocimientos ya adquiridos el Hombre no puede adquirir más; por lo tanto existe un Genio Poético universal”.

Y esto es precisamente lo que propone Björk: convertirse en el Genio Poético universal, en la ninfa de su propia isla flotante en las nubes y dar a nuestra sociedad esas tierras desconocidas, prósperas y justas; divulgar una mirada idealista, universal, imaginativa y matriarcal, un punto de vista nuevo que cree un sendero de transformación real.

Lo define bien el título de la canción que cierra el álbum y con la que lo resume todo: Future Forever. El futuro como forma de entender y de vivir el presente.

“Imagine a future and be in it

Feel this incredible nurture, soak it in

Your past is on loop, turn it off

See this possible future and be in it”

Björk en Future Forever