En su última (y extra) edición, Brunch Electronik llevaba hasta la plaza del Poble Espanyol de Barcelona un escaparate de sonidos que iban del house de la old school al pop electrónico de ensoñación. La novedad de esta última jornada estaba en la inclusión de un concierto, el de Delorean, previsto para el arranque pero que finalmente supuso el cierre de la temporada 2015.

Con el calor de unas cinco de la tarde pegando fuerte, con la plaza buscando sombra y anti-resaca/brebaje fresquito y tras algunas pruebas de sonido, el orden de los factores que formaban el cartel de este último Brunch se alteraba. El arranque correría a cargo del b2b entre Pau Roca y Kresy, que aparecían en escena resguardados bajo unas sombrillas mientras el público iba alejándose de los laterales y sacando esa valentía clubbera de jugarse una insolación por echarse el baile con el altavoz. La dupla formada por el catalán y el asturiano llevaba consigo una oda a la música house de esencia añeja, esa de la que tanto se habla estos días a colación del tema Ten Walls, esa que los libros sobre historia de la Música Popular ubican en la discoteca Warehouse de Chicago; en Derrick May, Ron Hardy, Frankie Knuckles“El club tenía un aforo de 600 personas, pero una buena noche podían atravesar sus puertas unas 2.000 personas. La mayoría era gay; casi todos, de color. Vestían con elegancia, pero con ropa que demostraba una predisposición a sudar” (Last Night A Dj Saved My Life).

Y con esa misma predisposición hay que ir a cualquier evento donde aparece el nombre de Pau Roca, capo de Bons Records y alguien capaz de contagiar sin ningún tipo de miramiento ni reparo su pasión desmedida por el house (incluso entre los más esquivos). Desde la cabina a la pista de baile, estrictamente, “for the love of house, for the love of beats, for the love of dance”. Groove brillando desde lejos.

El pasado domingo, el artista también hizo de las suyas detrás de la mesa de mezclas, en esta ocasión junto a Kresy, miembro del sello Hivern y uno de los nombres más activos dentro de la electrónica asturiana. El b2b entre ambos fue aumentando pulsaciones a medida que pasaban los minutos. Del relajado “Drifting Back”, de Genius of Time al tribalero “Afro gente” de Glenn Underground. Hasta que en la última media hora, había quien se subía a hombros del compañero más cercano para agitar mejor los brazos; culpa de joyitas que el dúo fue lanzando como el “From Disco To Disco” o el remix de Derrick Carter para el tema “My Beat” (de Blaze ft. Palmer Brown).

La entrada en escena del francés Pépé Bradock, motivo por el que una buena parte del público estaba allí, parecía preveer una sesión memorable. Y es que si arrancas con el ritmazo latino de “Llorarás” -de Oscar D’Leon-, en su versión hecha por Dj El Niño, la pista traduce tu comienzo en un venirse arriba del que no entendemos que en algún momento se vaya a bajar. Pero se bajó, porque después de esto lo que vino fue una sesión bastante lineal, de tech-house con pocos sobresaltos y bastante menos luz que en las dos horas anteriores.

Al comienzo de la tarde, tras anunciar el cambio de Delorean de la apertura al cierre por problemas de sonido, hubo quien fruncía el ceño al pensar en los de Zarautz a una última hora, con el cuerpo con ganas de marcha (y un angelito apoyado en el hombro recordándote que al día siguiente es lunes). Pero lo cierto es que a la música de Delorean le sientan divinamente los atardeceres; y le multiplican ese poder evocador que llevan implícitas cada una de sus canciones. Delicadeza pop sobre estructuras dance que no hacen otra cosa que empujar a la despreocupación absoluta (aunque sea momentánea) cuando suena el arranque de aquel “Deli” y nos arrastran mentalmente hasta aquel Sónar Village de 2010 (sobre esta misma hora) donde algunos les vimos por última vez.

Último Brunch de la temporada con un cierre un tanto atípico (no intencionado), pero bonito.

 

Foto: Astrid Bosch