Cuando uno echa la mirada atrás y empieza a recordar sus primeras fiestas, la nostalgia le invade y los recuerdos le conquistan. Incluso puede que alguna lágrima caiga: esa noche donde conociste a tu primer amor, aquel concierto de tu grupo favorito, cuando bailaste por primera vez a ese disc jockey fetiche, la noche que se alargó demasiado por culpa de la química… Mil y una historias que forman parte de la historia clubbing de cada uno. Y seguro que entre todas esas historias, hay alguna que transcurre en CODE. Con sus doce años de trayectoria para un total de 107 ediciones, se antoja difícil encontrar un clubber que no haya levantado nunca el puño en esta histórica fiesta –sobre todo si eres madrileño–.

La del pasado sábado quizás era una fecha ideal para conocer CODE: un flamante decimosegundo aniversario con un cartel maratoniano, un horario extendido para la ocasión y una reinauguración de la vetada terraza de la discoteca Fabrik. Tres alicientes destacados para este aniversario. Un órdago de CODE que reunía todos los elementos para que esa noche fuese otra velada más para el recuerdo.

A las 15 horas daba comienzo el aniversario. El sol y el techno se aliaron para acompañarnos en nuestra primera toma de contacto con la nueva terraza, los cotidianos beats de Jason Mata sonaban en las dos carpas que formaban el novedoso espacio de la terraza. Allí nos encontramos con un guateque improvisado que se echaba de menos, nos recordaba a tiempos pasados bailando bajo el sol veraniego. La cosa empezaba bien, el ambiente era positivo. Con la primera copa del día en la mano visitamos las otras zonas observando que, efectivamente, esto era una carrera de fondo y acabábamos de empezar. Como nos comentaba el propio Nuke (promotor y DJ residente de CODE) al encontrárnoslo en el Club Area: “habrá un gran aforo pero se bailará a gusto. No esperéis agobios”.

La main room fue cogiendo color poco a poco debido a que Fatima Haji –una de las disc jockeys más queridas por el público más joven– entraba en acción a eso de las 18 horas, fans por doquier que la recibieron de forma exaltada. Algo que, sinceramente, no deja de sorprenderme. Fatima agradeció esa bienvenida con un bombo atronador de los que pueden llegar a peinar cejas.  Entre sacudida y sacudida, a no menos de 135 Bpm’s, llegó la hora de tomarse un descanso para afrontar el resto de la noche, por delante nos esperaban: Phase, Derrick May, Óscar Mulero, Regis, Rødhåd, Underworld… Lo que viene siendo todo un maratón technero.

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La noche llegó y con ella el discurso oscuro de uno de los tapados del cartel, el británico Phase. La sala satélite se entregó a las atmósferas oscuras y tenebrosas que proponía el londinense, actitud seria y sin aspavientos que transmitía la seriedad de su discurso. Con su tema “The Maze”, tuvimos uno de los momentos de su actuación. Fino y seguro en las mezclas, de notable la actuación del DJ con gorra.  Rápidamente nos movimos hasta la main room para ver a uno de los cabezas de cartel, el icónico Derrick May. Debido a los solapes llegamos con un Derrick bien entrado en harina, la pista entera ya bailaba a “The Innovator”.

Daba igual desde donde te situases en la sala principal de Fabrik, su energía llegaba a todos los rincones de la sala. El señor Derrick May es, posiblemente, uno de los disc jockeys que más transmite tras los platos. Todo personalidad, todo poderío. Si a Derrick se le ve sonreír y bailar, vete preparando porque te dará la noche, en el mejor sentido. Uno solo puede bailar, disfrutar y aplaudir a esta leyenda viva del techno. Como diría Andrés Montes: ¡Jugón!

Llegó el turno para unos viejos rockeros como Underworld, el gran reclamo de este 12º aniversario. Estos británicos llevan nada más y nada menos que 35 años en activo, uno no había nacido cuando Karl Hyde y Rick Smith agitaban Cardiff en 1979. Su directo sigue siendo fantástico, no defraudaron pese a reconocer casi al dedillo el repertorio musical: “Cowgirl”, “Rez”, “Spikee”, “Born Slippy”… Es lo que tiene tener una discografía atemporal y excelsa, hit’s que forman parte de la historia de la música electrónica. A lo musical hay que sumarle la puesta en escena, donde los bailes de Karl Hyde siguen siendo espectaculares, partiendo tarima al más alto nivel. Nada que envidiar a David Bowie y Mick Jagger en “Dancing In The Street”.

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Pasada la medianoche entramos en varios solapes encadenados, triple solape con: Dustin Zahn, Adam Beyer y Alan Fitzpatrick. Una hora y media donde nos tomamos un par de cervezas entre las salas principal y satélite; finalmente me decanté más por el cierre de Beyer para empalmar con Rødhåd, otro peso pesado del cartel. Del set de Beyer comentar que no arriesgó y siguió con su plan habitual: tirar de las producciones de su sello Drumcode.

La recta final de la noche estaba trazada: Rødhåd, Óscar Mulero y Regis. Primero llegó el gigante alemán para, una vez más, dejarme sin aliento. Rødhåd está de moda, se podría decir que surfea en la cresta de la ola. Algo que me parece lógico viendo el impacto de sus set’s. Ahora mismo no hay nadie como él que sea capaz de mantener tanta intensidad y contundencia durante su actuación sin caer en la monotonía sin sentido, durante 90 minutos los únicos respiros que hay son el antes y el después, hay que coger aire. Ofreció un techno opresivo, agresivo y aniquilador con el que creó varios momentos realmente impactantes; tremendo ese “Haumea (Phase Satellite Mix)” del propio Rødhåd. Incluso se atrevió con clásicos como el “Losing Control” de DBX o el “The Bells” de Jeff Mills. Notable alto para el vikingo del techno, aplausos del respetable y que pase el siguiente. Y ese era Mulero, que apareció entre los humos para coger el relevo, chaqueta fuera y al lío. Si dividimos los 90 minutos de su set en tres partes, me quedaría con el principio y el final. Hacía mucho tiempo que no escuchaba a un OM tan contundente, quizás se dejó llevar por el frenesí de su compañero Rødhåd. El caso es que hubo momentos pesados y espesos, algo extraño tratándose de quien se trata. Pero como digo, la media hora final fue para enmarcar: fuerza, dinamismo y pegada marca de la casa. Este tótem del techno patrio siempre tendrá esa clase innata en las mezclas.

Llegamos a la zona satélite con el cansancio en las piernas para que Regis nos termine de sentenciar. Del británico se puede esperar cualquier cosa, Karl O’Connor es un genio loco del techno. Postura de oficinista con el cuchillo entre los dientes, ahí estaba ofreciendo un techno contemporáneo que en ocasiones sonaba industrial. El angelito de O’Connor terminó por vaciarnos estrujando la controladora. Ya lo avisaba Irazu (DJ de la escena madrileña y amigo personal de Regis): “Regis viene con ganas, ha cambiado de sonido y viene a por todas”.

Antes de la retirada, dimos el último golpe de cadera con el “Never Grow Old” de Floorplan. Lo pinchó Ben Sims, un amigo de CODE que no podía faltar en este su 12 cumpleaños. Y así fue la última página en la historia de CODE, su edición 107 que dio lugar a su 12º aniversario. Los residentes Nuke y César Almena fueron los encargados de poner el punto y final al evento para poder pasar de página, porque la historia continuará.