BLANK, la nueva propuesta madrileña tuvo lugar el pasado viernes de la mano de dos pesos pesados del género. Abdulla Rashim, caracterizado por el dominio de lo sutil en sus producciones abstractas y mentales y el ya clásico de la capital Svreca, dueño del sello Semántica para el que el mismo Abdulla ha producido varias referencias. La complicidad entre ambos artistas, fruto de estas colaboraciones previas, se hizo patente a lo largo de una velada en la que cada relevo fue una continuación perfecta del anterior.

Podemos comenzar por lo inaudito, a las 00:00 ya hay gente canjeando su entrada por la consumición y el sello de rigor en la puerta de Siroco, y es que no es nada habitual que la apuesta internacional abra la noche prometiendo un set ambient y experimental. Así que hacia las 00:05 Rashim aparece y hay codazos entre los presentes. Tú, tú, que es rubio.

Más o menos dos metros de expresión impasible absolutamente a juego con la música que produce, vienen a sumergirnos con su set en una nebulosa para la que no todos los presentes estaban preparados. Las texturas carentes de beats flotaron alrededor del público aún un rato más cuando el madrileño Svreca tomó el relevo. Una coordinación perfecta que nos permitió acercarnos gradualmente a lo que Abdulla nos tenía reservado. Se contiene la respiración mientras las máquinas comienzan a tejer la atmósfera que va a marcar la tendencia del directo del sueco. Oscura y pesada. Minuto y medio y la tensión sigue creciendo.

Suelta por fin un bombo y se comenta que los gritos de los asistentes le sacan una sonrisa o dos. Rashim, tirando de los pulmones de la sala durante una hora, narcótico y orgánico como nos tiene acostumbrados, hizo gala de un discurso más contundente que experimental de lo que esperábamos con el que se ganó a los asistentes por completo, que permanecieron (segunda sorpresa) pegados al escenario durante toda la actuación.

Diría que fue la noche en la que menos salimos a fumar en mucho tiempo, a la que un Svreca mucho menos contenido que en la primera parte de su set, engoriló a la concurrencia como no se esperaba menos. El broche final a una velada en la que estos dos artistas nos llevaron de la mano a explorar los lugares más recónditos e inhóspitos del techno.