Cómo clubber joven que soy, he escuchado hablar de Deep en más de una ocasión. Se le consideró un club clave durante años en la escena madrileña, así que la noticia de su reapertura me brindaba la posibilidad de conocerlo por fin, y en su lugar de origen. La noche se presumía un éxito ya que la cola para entrar era bien larga, con una mezcolanza de jóvenes y viejos fiesteros dispuestos a descubrir unos, y rememorar otros.

Al entrar a la 1:30 presidía la cabina el residente más joven. Con una sala que  estaba ya a medio gas, Afrobeat hacía su papel poniendo house pistero para animar al bien adulto público que allí se encontraba. Según se fue llenando la sala se podía palpar que la gente venía con muchas ganas de divertirse, y dada la mezcla de generaciones el ambiente era muy curioso y desconcertante de ver. Y es que, como me comentó una veterana: “todas las viejas caras están aquí”. Además podíamos disfrutar de un sonido que se suele echar de menos en otros clubs de la capital, en ese apartado la sala Maxime es un acierto.

Sobre las 2:40 con una sala muy llena pero sin agobios comenzaba el plato fuerte y, por sorprendente, el único punto negativo de la noche, Kyodai. La última vez que vi a los hermanos pamplonicas fue en la main room de una Goa en la que fueron de lo más destacado y dejaron un recuerdo memorable con su buen hacer. Sin embargo, en esta ocasión teniendo al público tan animado y cerca no supieron qué hacer con él. El primer tramo, aunque con house de calidad, adolecía de constantes “bajones” que hacían desconectar al respetable de la diversión. Cuando ya llevaban una hora, y bastante gente lucía un poco cansada de que les corten el viaje en cada despegue, los hermanos Garayalde empezaron a tornarse techno. Había esperanzas de que por fin nos dejasen bailar sin parar, pero de nuevo empezaron las transiciones y “bajones” que no dejaban disfrutar y se empezó a notar más espacio en la sala  debido a que un número considerable de personas comenzaban a escapar fuera del meollo de la pista.

A las 4:40, y con semejante panorama, entra en escena el corazón de Deep, JL Magoya. Si algo me imaginaba sobre qué sería Deep cuando leía o me hablaban de ello, fue justo lo que vi en esta parte de la fiesta. Magoya consiguió devolver el ánimo a la sala en apenas 5 minutos y nos despertó a todos del sopor. Pinchando house enérgico de bajos suntuosos tapó los pequeños agujeros en una pista que volvió a bailar y desconectar con una sonrisa en la cara. Mientras, el residente saludaba a todo el que tenía en frente desde la cabina, sonriente y muy conectado con el público. Lamentándolo mucho no me pude quedar al cierre, pero sin duda se estaban viviendo los mejores momentos en este tramo final en el que bailaba hasta el más cansado.

Como conclusión, la fiesta fue sin duda un éxito de acogida y con el anuncio de la visita de Dyed Soundorom y Pional me hace pensar que esta sesión tiene muy claro que vuelve para quedarse. Quién sabe si dentro de 15 años soy yo una de las viejas caras y otro joven iniciado dedica unas líneas sobre su primera experiencia Deep.