Si, todo el cuarentoneo electropopista nacional –y tribus aledañas- se dieron fiel cita, el pasado 18 de enero, en el madrileño Palacio de los Deportes para disfrutar de nuevo, y en apabullante directo, de Depeche Mode. Allí estábamos todos, no cabía ni un alfiler y menos todavía un adolescente; si hubo alguno no lo vio nadie. Difícil oler gente con menos de treinta y tantos entre el respetable. Y es que parece que las nueva generaciones electrosas pasan hasta el mismo ojal de todo lo que no sean DJS saltimbanquis con barba hipsteriana de quita y pon, tatuados de gilipolleces hasta el cielo del paladar, que pinchan música fea subidos en barquitas hinchables y se lo llevan calentito por lanzar “brazos de gitano” a diestro y siniestro. Fin de la cita.

No amor, es religión

Y allí, con el siempre soñado cartel del “no hay billetes”, salieron Dave, Martin y Andy para ponernos una sonrisa en los labios, de arriba y abajo, por muy diferentes razones. La primera es porque pudimos comprobar que el híper rimelado, engominado, endomingado y ex enfermo de cáncer Dave Gahan está en jodida plena forma a pesar de todo, y cuando digo todo es todo. Sus acrobáticos caderazos ya son casi igual de efectivos, sexys y lúbricos que los de Elvis en los 50 y también él a los 50 aún conserva, además de cuerpazo de látigo, ese barítono grave de voz oscura y épica que es santo y seña de la santa casa depechista. Lo segundo es que estos tipos ganan siempre el partido sin apenas salir desde el habitual hotelazo de cinco estrellas, casi no les hace falta vertirse de corto para meter media docena, de chilena y por la escuadra. Apenas con dos segundos de presencia encima del escenario ya se han ganado a una marea de viejunos que les profesamos no amor: es religión. Y lo tercero, y más definitivo, es que una banda –aún estando solo al 70% de estado de forma, como lo fue en Madrid y me imagino que también en Barcelona- que cuenta en su repertorio con temarracos de la estratosférica talla de tantatachaaannn… –¡y es aquí cuando los coreamos todos y a la vez!, no precisa de muchos esfuerzos, alharacas y demás tramposos maquillajes escénicos para volver tarumbas –y por la vía del cloroformo- a los muchos miles de maduritos fans que, una vez más, conseguimos elevar a “Losdepeche” a las alturas de absolutos jefazos del pop electrónico que, realmente y con todo mérito, son.

Enjoy “Losdepeche” y punto

Si además el sonido es bueno como así fue; siguen empeñados en hacer que cada gira y concierto sea diferente –y lo consiguen pesar de que casi todo es igual, solo las patas de gallo los diferencian de hace diez años- y ellos se muestran con la extrema profesionalidad habitual y reconocida desde hace tiempos inmemoriales la velada se convierte en inolvidable, justa y casi necesaria. Estos tipos son, desde que algunos éramos niños y los veíamos en El Súper Pop, una máquina sonora perfectamente engrasada y lo sabes. Y es que hasta se atreven a currarse sus remixes en vivo; que bemoles, oiga. ¡Para más inri, y como gran cierre, comentar que es el único bolo en el que nadie coreó el cansinísimo ‘Seven Nation Army’ los White Stripes –incluso sin saber ni quien carajo son- para pedir otro bis! Enjoy “Losdepeche” y punto.