Dos de las más grandes bandas del indie de la década, Beach House y The xx, tienen más en común de lo que parece. La música de ambas está diseñada para la intimidad, encaja mejor en la soledad y no en grandes recintos. Pero por caprichos del destino se han hecho incomprensiblemente populares (no porque no lo merezcan, sino porque se alejan mucho del prototipo de grupos de masas al que estamos acostumbrados). Dicho esto, resulta del todo natural el comunicado que emitió el dúo de Baltimore el pasado verano al hilo del inminente lanzamiento de su quinto álbum, “Depression Cherry”. Resumiendo, venían a decir que estaban de algún modo incómodos con su actual estatus de éxito comercial y querían volver a los orígenes. Musicalmente hablando esto se entendía por recuperar el sonido más espartano de sus primeros dos discos, cuando aún no dieron el salto al gigante Sub Pop, y también volver a salas más pequeñas. Por tanto, cuando hablaron con sus agentes de booking, pidieron que les llevasen a sitios con un tamaño medio. Es decir, que preferían tocar dos noches en Apolo, como hicieron el viernes y ayer, que una en, pongamos, Razzmatazz (para los suspicaces, dicen que si hoy tocan en La Riviera es porque les gusta el emplazamiento). Esto tampoco significa que no los vayamos a ver en festivales, de hecho, ya han avisado que les gustan también estos espacios amplios y, por tanto, es de esperar que el año que viene sean uno de los grandes reclamos del Primavera Sound.

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La entrada para su concierto del viernes la compré el mismo día que salió (fue un poco caótico porque salían en pleno Primavera y había confusión con la hora de salida, pero mi histerismo pudo conmigo aunque luego pudiese hacerme con ella sin problemas). Cuando se agotaron anunciaron rápidamente una segunda fecha y desde entonces pensaba en hacer un doblete. Nunca lo había hecho y tenía ganas de probar la experiencia y, si lo he de hacer con alguien, ¿quién mejor que ellos, una de mis bandas preferidas del presente? Pero entre mi indecisión y que no tenía cómplices para cometer tal locura, se agotaron y me olvidé un poco del tema hasta que Beach House anunciaron su segundo disco de 2015, “Thank Your Lucky Stars”. El caso es que no me decidí hasta ultimísima hora (literalmente, envié la petición de pase a la hora de comer el viernes con poca o nula esperanza de que me hiciesen caso) y salió bien la jugada. Bueno, ahora sí, sin rodeos, unos apuntes sobre el experimento.

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Las dos noches fueron bastante distintas, no porque cambiasen mucho el repertorio ya que cada concierto constó de 16 canciones de las que sólo variaron tres y duró hora y media de reloj (que es una pena, porque siendo conscientes de que hacían doblete y que en esta gira han tocado una treintena de sus temas, podrían haber variado un poco el set, pero bueno, que hagan lo que quieran), sino porque la primera jornada fue más cercana a lo que se entiende por velada de viernes con amigos con los que compartes el amor por Beach House y la segunda fui totalmente solo, llegué relativamente pronto para coger buen sitio y no me moví de ahí hasta acabar, concentrado en su música tanto como para que pareciese que estuviese escuchándola en la soledad del hogar. Los cambios que hubo, eso sí, fueron lo suficientemente sustanciales para que un fan histérico del dúo saliese contento. El viernes sonó “Master Of None”, ese tema sampleado por The Weeknd en su primera mixtape y que ahora cobra un nuevo significado con la reciente serie de Netflix de mismo título que se ha convertido en una de las sensaciones de la temporada. Ayer “Gila”, una favorita personal, que por algo fue con la que les descubrí, y “Saltwater”, “la primera canción que escribieron juntos”, según reveló Victoria Legrand, con ellos dos solos sobre el escenario. Pero, como decíamos, el guión era parecido. Cambiaron radicalmente el orden de las canciones, pero empezaron y acabaron con “Levitation” e “Irene”, respectivamente. Los primeros melenazos de la vocalista, esos que ya son marca de la casa, llegaron con “Wishes”, y los pocos parlamentos que hubo se centraron en sus temas recurrentes, el amor y el agradecimiento hacia una legión de seguidores que hace posible que sigan ganándose la vida con lo que más quieren.

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Dicho esto, realmente lo que importaban eran los cambios entre su anterior gira por España, el pasado marzo de 2013, y la de ahora. Teniendo en cuenta que han puesto en el mercado dos discos en el espacio de mes y medio, parecía que iban a ser sustanciales. Para empezar, esta vez se presentaron en formato cuarteto, con Graham Hill a la batería y Skyler Skjelset de Fleet Foxes al bajo y teclados de apoyo. Cuando hablan de una suerte de back to the basics no entendíamos precisamente eso, pues la sección rítmica que armaron fue de alto impacto. De hecho, en el comunicado que comentábamos antes ya dijeron que habían reducido drásticamente las percusiones. Pero no, en directo sonaron poderosas en muchos momentos (“10 Mile Stereo”, “Irene” o “Wishes”). Con todo se dejaron “Wild”, esa pieza enorme en la que se abrieron a un sonido más percusivo e impactante. Volviendo al tema de los golpes de melena de Victoria, que puede sonar a algo trivial, pero todos los fans de Beach House los consideran como un elemento indispensable de sus shows, la cantante los ha reducido drásticamente. Pero cuando se desmelena (literalmente) lo hace con la garra de antaño y contagia ese entusiasmo al personal, que celebra estas canciones coquetas y románticas como si fueran épicos himnos de estadio.

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Algo que mucha gente ha dicho es que sus dos nuevos discos son bastante inferiores al resto de su discografía. Es cierto que es difícil superar momentos tan inspirados como algunas de las ya citadas o las que se dejaron (“Take Care”, “Norway”, “Heart Of Chambers”, “Lazuli”…), pero a fuerza de irlas escuchando cada vez crecen más. Exactamente lo que pasó con “Somewhere Tonight”, el cierre de “Thank Your Lucky Stars”. Hasta hace poco la consideraba una pieza menor, pero cuando la tocaron el viernes y, sobre todo, ayer, la supe apreciar mucho mejor. En el fondo es comprensible. Ya lo dijo Victoria en la primera velada, “era la tercera o cuarta vez que la tocaban”. Démosles tiempo. Y en cuanto a los hits recientes más evidentes, “All Your Yeahs”, “Sparks” y “One Thing”, sonaron de lujo. Es decir, sí, queremos más clásicos, es inevitable, como también lo es que un grupo tenga que renovar su repertorio, y si lo hacen así de bien, nosotros encantados. En la primera, muy Chromatics también en vivo, y la tercera, Victoria se colgó la guitarra para alejarse de su casi inseparable teclado. Enlazar “Sparks” y “One Thing” como hicieron en la primera velada fue brillante, al mostrar una vertiente que apenas habían explotado, una guitarrera y shoegazer que nos mostró a los Beach House más estrictamente rockeros que hemos escuchado nunca. Así que no, digan lo que digan, el dúo no ha perdido fuelle, sigue siendo uno de los puntales de su generación, y tienen la inteligencia de abrir y cerrar sus conciertos con dos frases que resumen muy bien su imaginario: primero “hay un sitio al que te quiero llevar” y al final “es un extraño paraíso”. Ovación cerrada y lloros contenidos.