No soy de los que se aferra al pasado. En la actualidad se hace una música que me deja más que saciado, y que tiene tanta o más calidad como la que se escuchaba en mis incipientes pasos como un clubber hace más de una década. Quizá, como he sido de esa gente de mi generación que ha continuado saliendo con la inquietud de seguir conociendo nuevos artistas de música electrónica, no me he anclado en otros tiempos. Tiempos irrepetibles, por otro lado,  ya que todos hemos tenido una juventud. Por eso veo necesario que se hagan eventos de forma puntal que rindan tributo a la música de una determinada época o sala porque para saber a dónde vamos, hemos de ser conscientes de dónde venimos. Fiestas de diversa índole regresiva que se llenan, no solo de jóvenes con ganas de revivir ritmos que ya no se suelen pinchar sino de aquellas personas que dejaron el mundo clubbing y quieren volver a sentirse esas almas rebeldes que se bebían la vida, donde no pocos se comían la noche y se esnifaban las mañanas. La nostalgia, con la manida frase de que cualquier tiempo pasado fue mejor, es gran aliada. Pero a parte de ese cariz mil veces machacado, ¿por qué siempre funcionan este tipo de fiestas que tanto proliferan en los últimos años, incluso club dedicados en exclusiva a echar la mirada continuamente atrás, llenándose fin de semana sí, fin de semana también?

Cuando Internet no era el principal medio para informarte, si te gustaba un tema en particular tenías que sudar lo suyo para averiguar el nombre del corte que había pinchado X en la sala Y. A veces podía ser toda una odisea descubrirlo. Otras veces era más fácil porque, por poner un ejemplo, sonaba en algún programa de radio especializado, aparecía en algún recopilatorio o revista que había caído en tus manos, contando que no fueras de los que te pateabas las tiendas de discos. Ese proceso de búsqueda, con cierto esfuerzo, hacía que la música tuviera un valor especial. Quizá por ese motivo siempre ha calado hasta el tuétano del imaginario colectivo las producciones con las que se cimentaban aquellas sesiones, principalmente en la figura -cada vez más residual- de los Dj´s residentes. A fin de cuentas ellos son los verdaderos responsables de dar una identidad musical a un club y una escena local, pero esa es otra historia.

Las nuevas tecnologías, con su inmediatez, han cambiado las reglas del juego de la industria. Todo está a golpe de un click. Con tu móvil con conexión a Internet puedes encontrar el temazo que acabas de escuchar en el club, pinchado por uno de los dj invitados de turno. Y si tu móvil no lo ha cazado siempre tendrás webs especializadas, charts, podcast, foros, o redes sociales donde el propio artista te puede decir qué es lo que pincha… nunca se han tenido tantas herramientas a mano para acceder a la información sin moverte de la silla.

El resultado es que la música se ha vuelto más volátil. Pocos trabajos guardan un poso y se recuerdan de forma colectiva una vez pasados dos meses tras su lanzamiento al mercado porque hay un afán de tener y poner lo último de lo último que no se da tiempo a que grandes producciones, que las hay, las asimile el público y sean reconocibles por éste. El mundo gira más rápido que nunca, y lo que se pinchó anoche ya está desfasado y olvidado por la mañana.

Por ese motivo, a veces me preguntó si el Remember que se escuchará dentro de diez años seguirá siendo la música que se publicó hasta principios de la década pasada. Un eterno regreso al futuro. Saludos Doc