Dice no pensar en nada cuando compone, proceso que le sirve como terapia vital y ejercicio de introspección. Pero lo cierto es que Aitor Etxebarría –al que conoceréis seguramente como El_Txef_A– se ha pensado y mucho su segundo disco. We Walked Home Together le aleja sustancialmente de la esfera bailable de la música, a la que tiene acceso de manera habitual cuando ejerce de DJ. Sin embargo, Etxebarría ha destapado sus cualidades como compositor de sensibilidad sublime con este trabajo plagado de instrumentación, colaboradores vocales y valentía. Pero hay algo que no ha cambiado en absoluto en El_Txef_A, que sigue haciendo cierto el dicho de que nadie es profeta en su tierra. Para esta entrevista, interceptamos al vasco recién llegado de Asia y a punto de partir para una mini gira en Estados Unidos. Y le preguntamos por cómo ha sido parir We Walked Home Together, la melancolía y qué opina de que tengamos que salir de España para verle tocar en directo. Éstas son sus respuestas.

– Acabas de llegar de Japón donde has empezado la gira del álbum, ¿Cómo ha sido el primer contacto entre el disco nuevo en directo y el público? ¿Cómo te trata el público asiático?

Pues mira, el disco salió el lunes 25 de mayo y yo tocaba el 23 y el 24 en Osaka y Tokio. La verdad es que muy guay; la fiesta de Osaka era más underground, más alternativa. No había más de 30 personas o así, nada masivo. Pero era un rollo clandestino, en la trastienda de un restaurante hindú. Nada más entrar en el espacio había una chica pinchando vinilos…  Y la verdad es que muy a gusto, vino gente a verme con mi primer disco en vinilo para firmarlo, me quedé flipando. Y muy contento. Luego en Tokio el bolo, el ambiente y todo era ya más de club, más habitual. También flipé porque habían puesto mi careto en grande en el flyer mensual del garito… Y como están a la última en tecnología el club sonaba que flipas. Me sorprendió que los japoneses bailaran tanto, como son así tan secos y cortados. Pero no, mueven el esqueleto que flipas –no solo los pies, como los vascos-.

Luego estuve tocando en Shanghai, pero fue un rollo diferente y en un ambiente muchomás occidentalizado.

– Hablemos de “We Walked Home Together”. La primera sensación que deja el disco es de melancolía. ¿Ha sido algo consciente, influenciado por la montaña vasca, por los colaboradores, quizás?

Yo creo que, en general, mi música desde el principio siempre ha sido un poco melancólica. Este disco igual es ya demasiado melancólico y todo… El por qué es una mezcla de todo: movidas personales, dos años haciendo el disco, altibajos sentimentales, cambios en mi vida, etc. Luego también he estado escuchando un montón de David Sylvian o Peter Gabriel y eso ha influenciado bastante el disco a nivel armonías. Y la música vasca también es una influencia. Creo que la música vasca de la época de los 80 y los 90, cuando había muchos “problemas”, siempre ha sido de armonías tristes. Tristes o emocionantes. Porque la melancolía también puede transmitir felicidad, ¿no? En casa siempre hemos escuchado folk vasco y yo creo que eso ha influenciado toda mi carrera. Y, además, no concibo hacer algo que no me emocione a mí mismo. ¡Lo que pasa es que siempre me sale así tristón! (risas)

– Con lo alegre que tú eres, Aitor…

Ya… pero creo que es porque cuando hago música me adentro mucho en mí mismo. Al final, es como una terapia, ¿no?

– ¿Qué aprendiste de tu primer disco que hayas aplicado en la creación de este segundo?

El primer disco fue muy fresco porque no notaba que mi carrera iba en serio y lo hice por ver por dónde iban los tiros. Después tuvo una repercusión bastante interesante, la verdad.Fue fresco porque no pensaba en nada. Sin embargo, en éste la creación ha sido un poco más espesa y larga. No por la gente con la que he trabajado, sino por mí mismo, qué quiero plasmar yo en mi carrera, ahora que lo que hago tiene un poco más de repercusión me he planteado qué voy a dejar hecho…

 ⁃Te has preguntado qué dejas de legado al mundo.

No al mundo, más bien a mí mismo. Qué me voy a encontrar cuando dentro de unos años diga “mira qué disco saqué allá por 2014”. En este disco le he dado más vueltas a todo. Lo que aprendí en el primero que he aplicado en el segundo es que yo no soy muy bueno mezclando. Y he contado con un ingeniero de sonido del País Vasco con mucha experiencia y que ha grabado con mucha gente de aquí. Teniendo un estudio de grabación potente, sólo dos semanas y queriendo meter muchos instrumentos delegué en él la grabación y la mezcla para poder concentrarme en desarrollar todas las ideas que llevaba y en la producción.

– Has trabajado con mucha gente en este álbum, sobre todo con vocalistas. ¿Cómo has planificado el trabajo con ellos? ¿Han trabajado sobre tus composiciones o a la inversa?

Pues un poco de todo. Con mi hermano era fácil, vivimos cerca y era sólo ensayarlo. Pero lo estándar es que yo me hago mis demos en casa y me los canto yo por encima. Como mi voz no me gusta demasiado pienso a quién le podría beneficiar esa idea que tengo y se la paso. Y según quién sea –si es más artista o menos artista- lo lleva a su terreno o plasma la idea tal y como le llegó.

Por ejemplo, la canción con Hannot la compusimos a medias en Berlín. Woolfy me mandó dos versiones, una más fiel a mi idea y otra “rehecha” por él que era la bomba y que es la versión final, por supuesto. Para “Mugarrirantz” nos metimos un día entero en el estudio, 20 horas del tirón, para hacerla prácticamente desde cero. Así que hay de todo…

– Otro cambio significativo entre tu primer disco y éste es la intención de baile. “WWHT” es mucho menos bailable, ¿a qué se debe este cambio?

¡No ha sido premeditado ni de coña! Yo pinchando ahora mismo estoy poniendo mucho más techno que nunca, por ejemplo. Pero produciendo… Estoy más así. Estoy conociéndome mejor a mí mismo también, viajar mucho solo, últimamente ando un poco más tranquilo, relajado… No sé. Aunque “Claim Of Planet Earth” es el tema más technero que he hecho. Pero yo utilizo mucho la música como terapia y, cuando me pongo delante del piano no pienso si voy a hacer un tema house o un tema de baile. Me sale lo que me sale. Las armonías un poco más tristonas me llevan a hacer un concepto un poco menos bailable. Pero ni te sabría decir por qué.

– Por cierto, la portada es preciosa. ¿Qué/dónde/de quién es?

No tenía una idea fija de lo que iba a ser la portada pero sabía que iba a ser azul. No sé por qué pero eso lo tenía claro. La primera canción que creé del disco, que es “We Walked Home Together”, y en ese momento supe que el disco se iba a llamar así y que la portada iba a ser azul, no sé por qué. En aquel entonces vi la película… ¡Vas a pensar que estoy chalado! Vi “Los Puentes de Madison” (risas) con el rollo este de casitas pequeñas yanquis, en plan Maine o Maryland, y yo creo que me marcó esa película un poco. Esas casas pequeñitas, con sus porches, su balancín, la idea de la vida relajada en el campo… Por ahí deben ir los tiros.

Pero aparqué un poco el tema. Luego Sergio De Arrola se fue a hacer un viaje en bici desde Chicago a Los Ángeles y como soy muy amigo de él y es un puto crack le comenté a ver qué material tenía. Las cosas que había ido colgando en Instagram pegaban bastante con la idea que yo tenía. Me mandó material el material y cuando vi el azul de ese cielo pensé: “¡Buah! Ya lo tengo”.

– Volvamos al directo. ¿Cómo has trasladado el disco al live?

Es un poco complicado. He dejado de hacer directos yo solo -bueno, no dejar, pero sólo si es alguna petición un poco especial-. Si tuviese tiempo como para meterme seis u ocho meses súper intensivos de aprender sobre hardware, sí que lo haría. Pero yo ya no me veo capacitado para hacerlo yo solo. He visto a otra gente que sí lo hace muy bien, pero yo necesitaría ese tiempo para llegar al nivel y no lo tengo.

Lo que sí me veo es haciéndolo con banda; es más coherente con la idea de ambos discos y se plasma mucho mejor en un formato íntimo. El primer disco lo presentamos con banda en Viena, en un teatro del centro histórico y fue una pasada, ¡sold out! El segundo lo presentamos aquí en Bilbao antes de que saliera el disco. Y ahora andamos cerrando a ver si hacemos una gira para invierno, porque para verano no pega ni con cola. Barajamos tres o cuatro fechas por Europa. Inglaterra seguro y Berlín yo creo que también caerá. Iremos mi hermano al piano de cola, Hannot con la guitarra y a la voz, Biskonti cantando y yo con algunos trastillos: sinte, ordenador, bases, percusión.

⁃¿Ninguna fecha en España?

No lo veo muy claro…

⁃¿Por qué te salen tantos bolos fuera y ninguno en España?

A ver, ahora mismo sí me salen, pero de DJ. Y no me quejo. Pero no sé… Vivo en Bilbao, estás como más aislado. Al vivir en Madrid o Barcelona, pues oye, quieras que no estás más cerca de la gente que está programando, con los capos de un lado y de otro, todo es más fácil. Que esto pasa fuera también, pero yo creo que en España está un poco más marcado. Vivir en alguna de las dos ciudades grandes condiciona. Otros dirán “tendrá queja éste que toca fuera un montón” y no les quito la razón, pero también ha habido épocas en las que no he tocado nada. Y tampoco es que tenga una gira por España pinchando como la de Estados Unidos, tengo fechas con cuentagotas, no una agenda por clubs importantes de Madrid, Barcelona y lo que sea. ¿Por qué? Pues bueno, porque hay mafias y grupos y revistas que mueven el cotarro en Madrid, Barcelona, Ibiza…

– ¿Quieres decir que hay lobbies o grupos de influencia, como en la política?

Pues grupos de influencia no sé, pero grupos que meten pasta sí, ¿no? Yo me he quedado alucinado con ese rollo, lo desconocía. Recuerdo cuando fui a recoger un premio al que estaba nominado y la gente subía a recoger el suyo y a dar las gracias al grupo no sé qué y al grupo no sé cuál. Y yo pensaba: “¿y yo cómo puedo ser tan pringao que no tengo a ningún grupo metiéndome pasta ahí?”. Desconocía el rollo este por completo.

Pero vamos, que lo que quiero decir es que me salen bolos en Madrid y son en garitos pequeños, que me encanta y me flipa pinchar en ellos. Pero sí que es verdad que luego voy a Estados Unidos y los bolos son en garitos mucho más potentes. Es extraño, aquí te tienen un poco como “la cara B” y luego vas a Miami y tocas en el club de referencia.