Electrosplash se va a quedar grabado en las mentes de mucha gente. No solo los 5.000 que disfrutamos del ¿evento del verano? si no también de los miles que van a leer ésta crítica y todas las demás que van apareciendo y sin contar todos esos amigos de los 5.000 asistentes a los que seguro les van a estar comiendo la oreja con lo bien que lo hemos pasado.

Sí, Electrosplash ha sido un éxito por varios factores, pero especialmente dos:

Música: Lo primero que llama la atención y atrae a alguien a un festival que, a priori sabes que se canceló hace nueve años y que ahora decide resurgir de sus cenizas cual ave fénix electrónica, es el cartel. Un cartel que en ningún momento ha pecado de lo que suelen pecar muchos festivales, cabezas de cartel comerciales para vender entradas. ¡Pero sí que había cabezas de cartel!, me gritareis algunos enojados. Sí, por supuesto que había cabezas de cartel, pero no estamos hablando de artistas que tengan un gancho comercial y arrastren a masas de niños levantinos o españolitos de pro que acaban de descubrir la electrónica tras recibir un tartazo de Steve Aoki o simplemente siguen a Richie y a Marco porque son Dios #1 y Dios #2. Nina Kraviz era probablemente el mayor atractivo a priori, o al menos el nombre que más podía atraer a la gente, pero desde luego su selección musical el domingo por la tarde hubiera mandado a casa enfadado y con ganas de despotricar en Facebook a cualquiera que hubiera venido pensando que ella era un atractivo comercial. Cabezas de cartel, sí, pero que levanten la mano los jóvenes de 20 años (año arriba, año abajo) que conocen a artistas como Crazy P, Diskjokke, Craig Richards, Coma, Legowelt, Bill Patrick, Tensnake, Stuart Patterson, Tomoki Tamura, Ejeca, Tevo Howard o Ivan Smagghe… Y aquí solo he nombrado a los internacionales, que en un país como el nuestro en el que es más fácil que triunfen los de fuera que los foráneos, pues pueden tirar más. Si nos metemos en ámbito nacional, del cual el Electrosplash iba cargadito y con mucho gusto, que levanten la mano los jóvenes de 20 años (año arriba, año abajo) que conocen a artistas como El_Txef_A, Capablanca, Marc Piñol, Simon Garcia, Los López, Begun, Elesbaan, Robert Lamart, Sutja Gutierrez, Bflecha, Chelis, Ángel Molina, Los Suruba, Sandro Bianchi, etc…  ejem, sigamos.

La música ha sido el factor básico para atraer a un público maduro, experimentado en festivales, con cultura musical, metidos en este mundo, no por la fiesta si no por el deleite y disfrute de la música electrónica de baile y no tan de baile. Y habiendo sido promotor, DJ, y llevar casi una mayoría de edad en esta industria por varios rincones del mundo, uno sólo puede quitarse el sombrero ante esta iniciativa por parte de la gente de Electrosplash, porque es una propuesta arriesgada. Todos los artistas nombrados antes, han venido a un festival en el que no hay servicio VIP de botellas, no hay escenarios con mega pantallas y fuegos artificiales, han venido a un festival a poder desarrollar un lenguaje universal, el de la música. Han venido y han tenido sets de dos horas mínimo para poder hacerlo. No solo eso, todos los artistas han salido luego alabando al festival y a la gente que les estaba bailando. No me voy a poner a diseccionar tema a tema las sesiones de los anteriores, no porque no quiera o no tenga espacio, simplemente porque tienes que venir a vivirlo y todo lo que aquí te cuente de que sonó este tema o ese otro, probablemente ya te lo habrán contado y aparte no llegaría a explicar con palabras el disfrute de la sesión por todos los factores ajenos que formaban parte de la experiencia. Todos los artistas estuvieron a la altura de los acontecimientos, se les veía disfrutar e hicieron sesiones underground, sin miramientos comerciales y sin la presión de tener que contentar a las masas, que han pagado un par de cientos de billetes sean del color que sean, por verles.

La música es lo primero en un festival, y siempre debería de ser así. Con buena música y buena selección de artistas, llega el segundo punto.

Buen Rollo: Siento el vulgarismo del buen rollo, pero es que es lo que hubo durante los tres días del festival. Gente entregada a la música, sonrisas a doquier, nuevas amistades forjadas bajo una luna enorme y un sol suavizado por la brisa marina que nos saludaba cada día. La organización ha tenido la culpa de todo esto. Sonrisas en las barras, no había que hacer cola para ser servido en ninguna barra, no había que hacer colas para los baños, restaurantes con comida disponible y buena, sombras repartidas en lugares estratégicos para disfrute de los asistentes, vistas al mar y un paseo privado desde el festival hasta la arena de la playa para entrar y salir a tus anchas. Otro factor importante para que este buen rollo prevalezca han sido los precios. El festival, hasta el 30 de junio costaba solamente 40 Euros por los tres días. Luego 50 Euros y 70 en puerta si no me equivoco. Esto lo comparamos con los precios que se están cobrando en otros festivales, salas de España y ya no me meto en Ibiza porque necesito más ancho de banda, y son precios irrisorios. Los otros precios a tener en cuenta son los de las barras. Decir que eran precios populares sería casi hasta menospreciarlos. Cinco Euros por un combinado o un litro de cerveza, es el precio que se paga en mi pueblo… y en el Electrosplash. Buen rollo.

Además de estos dos puntos principales que son en los que he querido basar mi crónica del festival, habría que hacer mención al entorno en todos sus sentidos. Electrosplash es un festival boutique. Con esto a lo que me refiero es que es un festival en el que no se juntan masas ingentes de gente, es un festival agradable y no hay agobios de ningún tipo. Parte de esto, además del recinto, que estaba maravillosamente colocado al final del paseo marítimo y con el mar detrás de las cabinas y un lado, es responsable también la ciudad de Vinarós. Una ciudad con un turismo asequible. Los alojamientos estaban muy bien de precio (el festival ofrecía una opción de glamping, pero uno ya tiene una edad para meterse en una tienda de campaña por muy glamurosa que sea), la oferta de restauración inmejorable, y la gente del pueblo alegre de que llegue gente a consumir e interesados por como se iba desarrollando el festival.

Se que a esta crónica y al festival se le pueden echar cosas en cara, especialmente si lo comparamos con un festival grande tipo Sónar, Primavera o FIB. Está claro que la infraestructura, número de artistas, etc… que un festival de esa envergadura maneja, seguramente obliga a poner los precios que pone. Tan caros no lo sé, porque la verdad es que es una burrada, pero se que con 40 Euros por entrada no habría ninguno de los tres mencionados. Pero Electrosplash no es un Sónar, ni creo que tenga intención de serlo. La esencia del festival, o al menos lo que ha transmitido este año, es que quiere ser un punto de reunión para gente a la que nos gusta la música underground, que ya tenemos una edad para estar sufriendo colas, agobios y demás menesteres que sé que a mucha gente les hace no ir a festivales. Un lugar en el que año tras año te encuentres con esa gente con las que has compartido un buen arroz, vino blanco, licor de arroz y sebralín (you know who you are) y sobre todo has compartido buena música.

He leído un par de críticas por ahí en otras crónicas del festival sobre los horarios y la necesidad de ofrecer 14 horas de festival cuando al principio del día los escenarios estaban vacíos. Esto es España, y, por desgracia, los escenarios de primera hora, abran a las 12 o a las cuatro de la tarde van a seguir teniendo poca afluencia. Yo, personalmente, voto por mantener estos horarios diurnos. Creo que son acertados y permiten disfrutar del día, de parte de la noche y luego descansar y estar fresco al día siguiente. Para los más juerguistas, obviamente había una oferta de discotecas con artistas del festival para estar hasta altas horas de la mañana, pero mi experiencia fue que tras estar tan a gusto bailando al aire libre, era complicado meterse en una sala cerrada.

Otra de las ventajas de un festival boutique como Electrosplash, y con esto ya me despido, fue el metido de pago. No más tickets, ¡gracias!. El sistema de pulseras es obviamente algo que puede funcionar sin caos generalizado en un festival de este tipo, pero menuda comodidad.

Ya solo me queda poner la cuenta atrás en marcha para Electrosplash 2015, donde espero volver a disfrutar como lo he hecho este año y sobre todo, juntarme con toda la gente que he conocido este año.

Gracias y adios Electrosplash 2014, hola y bienvenido Electrosplash 2015.