Vivimos en una época de mestizaje sonoro en nuestros festivales.  Propuestas puristas y localizadas en un género y estilo, que las hay, se están convirtiendo en la excepción de la norma. Y si bien la tendencia, hablando de música electrónica en concreto, es una apertura al EDM por parte de los promotores en sus apuestas veraniegas, el mundo indie lleva explotando la electrónica -en término general- de forma muy inteligente como elemento aglutinador de un público más amplío y que no solo busca grupos de carácter indie-pop. Un festival de creación relativamente reciente que mejor ha sabido abrir brecha en ésto es el murciano SOS 4.8. Un evento que se ha convertido en la cita que marca el comienzo de la temporada festivalera española y en su séptima edición ha sido una nueva demostración del poder de convocatoria que tiene: unas 70.000 almas pasaron por el recinto de la FICA en los días 2 y 3 de mayo. ¿Cumplió las expectativas? Vayamos por partes.

En todo momento hubo una sensación a nivel general donde el festival nunca llegó a alcanzar las altas cotas de calidad que dejó la edición anterior, por poner un ejemplo gráfico donde la electrónica, por la parte que nos toca, tuvo mucho más protagonismo. Por un lado estaba un déjà vu constante que te decía “esto lo he vivido ya, pero mejor“. No ayudaba una programación donde lo ofrecido el insulso viernes se olvidó en la mañana del sábado (y no por la resaca ni los efectos de la química). Tampoco ayudaba unos horarios descompensados y descompasados del sábado, que bien solapaban artistas apuntados en rojo (decisiones cruciales como elegir entre East India Youth o Phoenix y Gold Panda o Pet Shop Boys es muy cruel); o bien se llegaba al paroxismo extremo cuando en los dos escenarios principales coincidía un cambio de banda/dj, o viceversa, produciendo un éxodo masivo a parajes botelloneros fuera del recinto. Porque si la organización se piensa que la gente va a calcular en múltiplos de 5 con el exagerado cambio de divisa para refrescar el gaznate o comerse un bocata mientras no hay una opción musical es querer tocar demasiado los Tokens del público.

Hasta aquí los contras. Los pros llegaban por el festival en sí mismo. SOS 4.8 tiene un recinto cómodo y cuenta con un público bastante heterogéneo. Durante un fin de semana Murcia se convierte en capital española de la música independiente y de la moda juvenil (con los outfits y disfraces más modernos) al mismo tiempo. Se respira un ambiente “sano” donde no se avistó ni una mala mirada, ni un conato de pelea en un evento de 70.000 personas. Un lugar de algarabía, diversión y buen rollo. ¡Joder!  Si es que hubo tan buen rollo que hasta un servidor llegó a dar una tercera oportunidad a The Zombie Kids en el final de la noche del viernes. Con nefasto resultado, eso sí, pero daba igual porque ya estaba suficientemente entretenido en barra recordando el por qué siempre fui de letras.

Hablando de esa primera jornada que pocos recordarán, hay que decir que Izal demostraron que con que solo se escuchen dos canciones suyas se convierten en un grupo a descubrir; que The Kooks supieron impregnar de energía al público asistente, que siempre te entrará pereza cuando lees The Prodigy en otro festival patrio pero siempre te pondrás berraco cuando Liam Howlett y cía saquen a pasear su “Smack My Bitch Up”, “Firestarter”, “Out of Space” u “Omen“, que para esos son clásicos. Otro momento bastante reseñable fue un cierre de concierto más que digno por parte del grupo electro-rock Rinoçerose y como Is Tropical se pueden marcar un show chusquero y precalentado para que suene “Dancing Anymore” (tema escogido por la organización en sus anuncios de TV) y todo el mundo bote a su son.

El sábado sí que estaba concentrado la escasa artillería electrónica seria (sin contar el cubo de una conocida tienda de ropa que tenía su propia rave dentro del festival) principalmente con dos nombres: Gold Panda y Totally Enormous Extintict Dinosaurs (T.E.E.D en adelante) que acaparaban la atención del público con ascendencia por el beat bailongo. Aunque hubo mucho más, como por ejemplo la actuación de BFlecha que enseñó con su buen hacer delicado pero que se marca a fuego por qué es uno de los talentos nacionales emergentes mejor valorados. Esta mujer, en 15 minutos, me hizo recordar que efectivamente aquí también iba a sonar buena electrónica. Del escenario más pequeño al más grande para ver como Phoenix prendió la mecha con “Lisztomania” en el primer tramo de su concierto.

Entonces, tuve la genial idea de buscar la zona de prensa que me dijeron que existía cuando recogí la acreditación. Cuenta la leyenda que si preguntas a tres personas diferentes de la organización y te hacen ir de un lugar a otro para volver al principio cual burocracia romana de las 12 pruebas de Astérix, aparecen tres compañeros de profesión al lado del meadero no oficial para lamentarse por el jodido panorama de la prensa especializada. Total, al final ni Phoenix, ni East India Youth, ni zona de prensa y de regalo un black out musical.

En la reincorporación, y a pesar de los cantos de sirena de Neil Tennant al ritmo de “It´s  A Sin“, el objetivo fue Gold Panda. Y al igual que hace un año en Sónar Día fue de lo más destacado. En su repertorio, basado principalmente en Half Of Where You Live, fue desde un 4×4 pistero hasta un glitch más pausado con sus característicos ramalazos orientales en las melodías. Posiblemente el artista que más unanimidad despertó. Uno de los triunfadores.

Tras él, otro paso por la zona más clubbing con un Undo demostrando que la experiencia es un grado y haciendo bailar a todo el mundo con su elegante selección musical, porque empezar con Rachel Row y su “Follow The Step (KiNK remix)” es ir con el smoking puesto, y depurada técnica. No es de extrañar que ese escenario en distintos niveles se quedara pequeño con el de Factor City, que supo leer perfectamente qué se necesitaba a las tres de la mañana. Melodías, bombos, vocales, toques ácidos, variedad dentro de una misma línea. Señores, esto es lo que hace la veteranía. ¡Bien Gabriel!

La sorpresa positiva del festival llegó con Branko & Yadi. Un set alocado a base de  ritmos rotos, momentos reagge, sonidos africanos y atreviéndose con R&B “basstorro” con Yadi cantando “Never Leave You” de Lumidee para regocijo del que quisiera ver, o intentar, los bailes más estrafalarios del personal. Lo dicho, divertidísimos para disfrutarlos en pandilla de amigos.

Para cerrar el festival había dos opciones claras como son Erol Alkan, que enseguida tiró de música editada en Phantasy Sound con Daniel Avery a la cabeza, y T.E.E.D que venía en formato dj set. El segundo ganó la partida y a base de una sesión bastante funcional con mucho House de regusto británico, obviously, con mucho feeling y baile se metió a un cansado público en el bolsillo con zurriagazos sonoros como “Booty Comes First” de Catz N´Dogz o la remezcla de Bicep al “Cielo” de Aster. Un final con el jolgorio suficiente para irte con una medio sonrisa en la cara porque sabes que te lo has pasado bien pero ha faltado un plus. Y como dijo Mario Vaquerizo tras el concierto de Fangoria: ¡Murcia, qué hermosa eres!