JUEVES

Hacía varios años que un servidor no visitaba Benicàssim y la sensación de nostalgia, de retorno al pasado, hizo que todos esos recuerdos almacenados en ese recinto comenzaran a brotar de manera espontánea. Parte de la historia musical reciente de nuestro país se escribió en el FIB y era un placer volver a tener la oportunidad de visitar un festival que siempre tuvo un lugar especial en nuestra memoria. Tras la pertinente ronda de reconocimiento a los escenarios y zonas habilitadas para abastecerse de comida y bebida, nos percatamos que el espacio que alberga el festival sigue siendo fundamentalmente el mismo, con una disposición de las diferentes zonas muy parecida a lo que recordábamos. Con la puesta de Sol a nuestras espaldas y la silueta de los montes que flanquean el Desierto de las Palmas en el horizonte, nos dejamos llevar por las melodías de El Guincho que vendría a ser nuestra versión nacional de Panda Bear. Los belgas Soulwax subirían el nivel de revoluciones, arropados por tres bateristas y demostrando que las versiones en directo de su back catalogue siguen funcionando francamente bien. Another Excuse, con ese delicioso sampler inicial del Your Love de Frankie Knuckles, o E-Talking suenan igual de novedosas y frescas que cuando las escuchamos por primera vez aplastados contra la valla en primera fila de sus conciertos a mediados de la década pasada. El rapero británico Skepta abarrotaría el escenario principal para descargar su ácida crítica social y reivindicar el espíritu rebelde de su barrio del norte de Londres, contrario al star system y tan alejado del mundo real. “Fuck celebrities, I hate them”, esa fue su declaración de intenciones. Ver a Major Lazer actuar justo después fue un buen contraste entre alguien como el MC que básicamente rechaza todo lo que Diplo y los suyos representan a nivel musical. Con el retrovisor puesto en el criminal atentado que tuvo lugar esa misma noche en Niza, el resto de la noche cobró un sabor agridulce, mientras miles de jóvenes venidos de Irlanda, Gales, Escocia e Inglaterra se ponían del revés, decenas de personas morían aplastadas bajo las ruedas de un camión en la capital de la región sur de Francia. Seguramente Mr Oizo, productor y realizador francés, tuvo también el ánimo dividido al saltar sobre el escenario para clausurar la noche del jueves. Antes de abandonar el recinto Marc Piñol, uno de los mejores djs y selectores de nuestro país, pondría el broche final en la zona South Beach con una magnífica sesión plagada de buenos temas y ritmo elegante.

El Guincho

VIERNES

A diferencia de la jornada del jueves, que siempre tiene un sabor de aperitivo, a la que empieza el fin de semana podemos comprobar que hay mayor presencia de público en el recinto y la energía que se percibe a nuestro alrededor es superior a la de la noche anterior. Muchísima gente de otras regiones del país han ido llegando a Benicàssim y les puedes ver arrastrando sus maletas, tiendas de campaña y neveras portátiles, mientras hacen cola para hacer el intercambio de pulsera durante las primeras horas de la tarde noche. El FIB de verdad había comenzado. Seguramente los conciertos más sorprendentes de la jornada serían los de las islandesas Reykjavik Daughters y los irlandeses Le Galaxie a la espera de que los primeros pesos pesados del día hiciesen acto de presencia. The Vaccines llegaron con muchas ganas a Benicàssim y ofrecieron un señor concierto, la formidablemente emotiva All In White o la tremendamente bailable If You Wanna sonaron potentísimas, baño de masas y la sensación de aroma veraniego al más puro estilo californiano invadieron todo el recinto. Salimos corriendo para ver el final de Dorian que congregaron a casi todo el público nacional en el escenario Visa para darse todo un homenaje en casa. Jamie xx volvería a poner de manifiesto que el material de su último álbum se va a convertir en la banda sonora de toda nuestra generación y The Chemical Brothers darían otro de esos conciertos en los que entiendes aquello de que si no les has visto alguna vez en Benicàssim, no les has visto nunca realmente. Otro de nuestros djs y productores nacionales más internacionales, sino el que más actualmente, John Talabot actuaría casi a la misma hora en el segundo escenario de mayor capacidad y cerraría con un fantástico remix del famoso Smalltown Boy de los ya retirados Bronski Beat.

Jamie XX_II

SÁBADO

Llegaba la noche grande del festival, pero mientras miles de camisetas de Muse infestaban todo Benicàssim desde las primeras horas de la tarde, The Coral se marcaban un conciertazo de traca, sonaron robustos, guitarreros, rodados y ese Dreaming Of You que la popular serie de TV Scrubs volvió a colocar en el horizonte sentimental del personal, sonó a puro homenaje al legado musical británico, del que el FIB siempre fue un grandísimo embajador. Y esa sensación no hizo más que prolongarse con el festival de hits que Ian McCulloch y sus Echo & The Bunnymen nos brindaron. The Killing Moon o Lips Like Sugar fueron la banda sonora de nuestros hermanos mayores en las islas británicas, pero también nos las hemos podido hacer nuestras. Y por fin el momento que muchos llevaban anhelando desde que entraron al recinto, había llegado el turno de ver a los espectaculares Muse. Poco importa si hay gente que no soporta el timbre de voz y los falsetes de Matt Bellamy, la épica de su propuesta musical y la hipérbole de su puesta en escena, no hay un trío de músicos en el mundo que suenen así en directo. Arrancaron fuertísimos con Plug In Baby, Hysteria y Bliss del tirón y luego hacia la parte central del show el ritmo decayó al encadenar varios temas mucho más relajados y de menor intensidad. Pese a ello, un concierto de Muse es siempre un acontecimiento digno de ser vivido y más sabiendo que para el final siempre nos reservan la apoteósica Knights Of Cydonia con esa mítica intro de armónica de Ennio Morricone.

Muse

Nuestros muy queridos Delorean tienen material nuevo que venían a presentar en directo y su concierto pese a la brevedad, fue justo lo que necesitábamos en ese momento, electrónica, baile y ritmo directo a la pista. Nunca nos cansaremos de verles, tan grandes sobre el escenario como modestos fuera de él. Bloc Party lo dejaron un tiempo y ahora volvían con nuevo disco pero sin su destacado baterista de siempre Matt Tong. Cuando publicaron el muy celebrado Silent Alarm parecía que estábamos ante algo que iba a ser grande y justo después con A Weekend In The City coparon los primeros puestos de las listas de éxitos y festivales de todo el mundo se los rifaban. Luego vinieron varios discos poco relevantes y una retirada temporal de la actividad. Quizá ya nunca vuelvan a ser aquel grupo que pensábamos iban a ser pero Helicopter en directo nos transporta de nuevo a ese mágico 2005 en el que todo parecía posible. Disclosure volverían a llenar el escenario Las Palmas para convertirlo en una gran discoteca, White Noise o F for You se bailan ya en todo el planeta y tienen ese halo a zona de probadores de Topshop en la céntrica Oxford Street de Londres. Los que la hayan visitado alguna vez, entenderán perfectamente de lo que les hablo. La famosísima Latch cerraría un show que siempre resulta agradable de ver y parte de su atractivo reside en contemplar a la juventud británica disfrutando de lo lindo en la pista. El homenaje discotequero seguiría en el escenario contiguo con el francés Breakbot acompañado de una banda que iría desgranando versiones funk y disco de su discografía.

Breakbot close up

DOMINGO

La tradición dice que la última jornada del FIB siempre depara sorpresas como la del granadino Kid Simius que triunfa en Alemania con su electrónica gamberra y unos videos musicales repletos de humor y referencias al cine y la televisión. Qué bonitos son los atardeceres de verano en Benicàssim, dar una vuelta por el recinto, tomarte un refresco, observar a los grupos de gente llegando al festival, disfrutar de este último día es siempre otro de los alicientes, saborear esos momentos, ya que en unas horas todo habrá terminado. Los galeses Catfish & The Bottlemen defienden su slot sobre el escenario La Palmas ante una numerosa multitud, aunque para baño de masas el que se daría el canadiense Mac DeMarco con su fórmula de rock y look campestre. Los prometedores Young Fathers defendieron con músculo y una sobria puesta en escena su catálogo de temas cruce entre hip hop, pop e incluso algo de rock en momentos puntuales, haciéndonos incluso pensar a ratos que tienen momentos muy TV On The Radio. The Maccabees son de esos grupos que quizá en nuestro país no resulten tan populares y valorados como otros compatriotas suyos – pensamos en Editors, Foals o Two Door Cinema Club– pero que tienen ya unos cuantos discos a sus espaldas y un buen puñado de temas de gran calidad compositiva como No Kind Words, Something Like Happiness o Grew Up At Midnight que fue recientemente utilizada en el biopic sobre Steve Jobs dirigido por Danny Boyle. Se despedirían como viene siendo habitual en ellos con la muy celebrada Pelican. Magnífico concierto de una banda que siempre ha sabido agitar los corazones de la juventud británica.

 ambiente

Pasamos de puntillas por The 1975 sin entender demasiado el secreto de su éxito entre el público anglosajón y justo después llegaría el turno de las cosas serias con el aterrizaje de una de las figuras claves para entender esta nueva época dorada de la música negra, con todos ustedes mister Kendrick Lamar. El californiano ofreció uno de esos espectáculos sólo a la altura de unos pocos elegidos y se apoderó del escenario principal por completo. Con la frase “How Much A Dollar Cost?” impresa en la enorme pantalla que franquea el escenario, el menudo rapero de Compton entra de un salto en el escenario y empiezan a caer una tras otra: Institutionalized, Backseat Freestyle, These Walls, Money Trees… es un no parar. Apoyado en una grandiosa banda con una impresionante sección rítmica, Lamar también tiene tiempo de recordarnos que el mundo sigue envuelto en conflictos, acordándose de los recientes atentados ocurridos en Europa y los tiroteos acaecidos en EE.UU. Con un dominio absoluto de los tempos del show, Kendrick se mete al público en el bolsillo con su presencia y esa energía que derrocha autenticidad. Con m.A.A.d City la pista se incendia literalmente y el cambio de ritmo con parada, amago de fin de concierto y vuelta a empezar en Alright fue sencillamente bestial. Y como una explosión, así abandonaron el escenario, acojonante. Empalmar acto seguido y sin pausa ninguna con DJ Shadow en el escenario Visa fue brutal, uno de esos momentos en los que entiendes que el FIB sigue conservando esa magia pudiendo plantarte de Kendrick Lamar a DJ Shadow en apenas veinte segundos. Pocos festivales hay en el mundo en los que puedas hacer eso. Josh Davis venía con nuevo material bajo el brazo titulado The Mountain Will Fall de muy reciente aparición y presentó algunos de los nuevos cortes como el de Nobody Speak en el que aparecen Run The Jewels. Arropado por un elaborado montaje visual con todo tipo de referencias cinematográficas íbamos a poder viajar al pasado recordando las primeras veces que escuchamos Six Days, Midnight In A Perfect World, You Can´t Go Home Again o ese piano que nos erizó el alma en Blood On The Motorway. Historia viva de la música y un lujo absoluto poder disfrutarle en semejantes condiciones.

DJ Shadow I

Y de Estados Unidos nos íbamos a ir hasta Bristol con unos Massive Attack más vigentes que nunca. Los mensajes que aparecen en pantalla durante United Snakes, Risingson o Eurochild nos recuerdan la triste realidad política y social de nuestros días: ISIS, Donald Trump, falso golpe de estado en Turquía orquestado por Erdogan para aplastar a sus opositores, Siria y sus habitantes huyendo a una Europa central convulsa…Horace Andy no ha venido esta vez, así que en lugar de poder volver a escuchar Angel o Girl I Love You aparecen los Young Fathers sobre el escenario para cantar en varios temas. Suenan Safe From Harm y Unfinished Sympathy mientras en pantalla aparecen fotografías de damnificados en los recientes conflictos bélicos que azotan el mundo, junto a las palabras “ESTAMOS JUNTOS” sobreimpresionadas y algo se remueve en nuestro interior. Nadie agita conciencias y despierta la necesidad de defenderse y rebelarse contra la injusticia como lo hacen Massive Attack. Y como colofón final para despedir el escenario principal alguien de la organización decidió recuperar con gran criterio la maravillosa tradición de hacer sonar El Danubio Azul de Strauss por las PA´s. Daniel Avery pondría el punto final a cuatro intensos días de música, emociones y recuerdos que nos acompañarán el resto del año. Sale el Sol, la tierra rojiza que rodea todo el festival brilla con un color especial, decenas de personas emprenden la vuelta a casa, cargando sus mochilas, cansancio en sus rostros y a la vez sonrisas de satisfacción, Benicàssim sigue siendo especial.