Nacido en Francia y de origen armenio, François Kevorkian aterriza en 1975 en Nueva York justo en el momento perfecto: el nacimiento de la cultura de clubs y la ebullición de la música disco. Pronto se olvida de buscar trabajo como batería de sesión (formación que marcará toda su carrera como productor) y se sumerge de lleno en el mundo de la música disco y la escena de clubs underground de la ciudad ejerciendo de DJ.

Lo que un día fue underground, con el tiempo, y gracias a figuras como François K, se convirtieron en “catedrales” de referencia en la historiografía de la música de baile: Studio 54, Paradise Garage y The Loft. Allí comenzó a hacer bailar a un público mayoritariamente homosexual, libertino y exigente que compaginaba la experiencia de la ingesta de drogas con el baile y el sexo furtivo: de esa miasma generada entre sudor, semen y disco nació el house.

Kevorkian compaginaba ya en 1976 su labor como DJ con su trabajo en el estudio que, al cabo de los años sería monumental (por lo cualitativo y lo cuantitativo): el día que mueran François K y Danny Krivit se tendrán que catalogar -solo en edits- más de 2.000 referencias, muchas de ellas inéditas.

En ese mismo año aprende a editar en cinta –sí, cortando y pegando a mano a la manera de Larry Levan– haciendo unos primigenios remixes orientados exclusivamente a la pista de baile: en las cabinas de los 70 en Nueva York se pinchaba con platos –normalmente 4- y ReVox (magnetófono de bobina abierta que servía tanto para reproducir remixes y medleys hechos ex profeso para los clubs, como para grabar las sesiones). Algunos de esos vetustos remixes en cinta podían durar hasta 25 minutos.

El remix de Kevorkian del Happy Song de Rare Earth trastocó de tal manera a Danny Tenaglia que lo tomó como punto de partida a lo que años más tarde conoceríamos como tribal.

Eric Morillo y Harry “Choo Choo” Romero deben gran parte de su facturación en los 90 a este tema que corría –memorizado como las tablas de multiplicar y somatizado como la lista de los reyes Godos- por sus venas. El clásico de Submission Women Beat Their Man (1997) no hubiese nacido sin el trabajo previo de Kevorkian. Corría 1976 y el armenio ya había inventado el tribal house.

Su primer gran hit lo consigue ya en nómina de Prelude Records con el In The Bush de Musique, radiado y bailado hasta la saciedad por un público ávido de un pìtch un punto más subido de lo normal y que encantaba a los consumidores habituales de cocaína que poblaban las pistas de baile. De ahí pasó a los remixes para D-Train (Keep On y You’re The One For My) y el Beat The Street para Sharon Redd, que instauraron la bendita tiranía del “sonido Prelude” en la música disco de Nueva York durante toda la mitad de los 70 y principios de los 80.

En 1982, y con la mayoría de singles que editó en el número uno del Billboard Dance Music Chart, se despide por la puerta grande de Prelude Records con dos piezas históricas y que aún hoy en día siguen sonando en clubs de medio mundo: el remix del Go Bang de Dinosaur L y el rework del Situation de Yazoo.

El gran éxito de sus produciones y remixes le llevaron a fichar por Island Records (la multinacional más potente de la época), allí edito su primera referencia propia Snake Charmer, rodeado de lumbreras del calibre de Jah, The Edge, Holger Czukay -miembro fundador de Can que falleció la semana pasada- y Jaki Liebezeit. Un disco mágico, una piyulada excelentemente ejecutada y grabada donde se mezclaban disco, vanguardia, proto house y atisbos techno. Una absoluta genialidad.

En Island Records puso su talento tras la mesa a disposición de artistas de diverso pelaje pero de indudable solvencia y éxito: Diana Ross, U2, Mick Jagger, The Cure, Eurythmics, Midnight Oil, Jimmy Cliff, Cabaret Voltaire, Jean Michel Jarre, Pet Shop Boys o los siempre problemáticos The Smiths pasaron por sus manos. Pero lo que destaca por encima de todo son sus trabajos con Kraftwerk, en la mezcla y la producción de Electric Cafe, en 1986 y de las mezclas de esa joya que es el  Violator de Depeche Mode y de muchos de sus remixes.

De 1983 a 1990 prácticamente se cierra en Axis Studios, en el mismo edificio donde estaba Studio 54, dejando de pinchar salvo contadas escapadas al Club Zanzibar de New Jersey, donde hacía catas de edits inéditos –primeras prensadas, pruebas y galletas blancas– ; allí tenía un público más connaisseur -y por ende homosexual- que en Studio 54, que por aquel entonces ya se había convertido en un escaparate de maricones, putas y drogadictos de alta alcurnia y baja casta: la camarilla de starlettes que arrastraba Warhol (salvo la diosa de ébano, Grace Jones, claro está) acabaron por convertir aquello en una especie de lujo asiático para la jet set del momento. Ríanse de la puerta del Berghain, de su famoso portero y de todos sus primos puestos en fila: el acceso a Studio 54 era imposible para el común de los mortales. Varios DJs, entre ellos el gran Nicky Siano, dejaron de pinchar allí para centrarse en clubs que salvaguardaban el espíritu del baile y la música por encima de la foto.

A principios de los noventa vuelve a los platos. En 1992 se embarca con Larry Levan en el Harmony Tour: Kervorkian fue el último acompañante del Maestro antes de su fallecimiento en noviembre de ese mismo año. En 1995 funda Wave Music, sello donde edita la controvertida pieza de Abstract Truth (We Had) A Thing, y decimos controvertida porqué de ahí mamó David Morales todo el sonido, coros y manera de producir garage para las masas que tantisísimos dividendos le reportó durante toda la década, con y sin camiseta, y que arrastró hasta bien entrado el 2000 –Mariah Carey mediante-.

En 1996, junto a su socio John Davis organiza las históricas sesiones dominicales en el Club Vynil de Nueva York bajo el sello Body & Soul, el último reducto de house de calidad en un mundo ya invadido por los superclubs británicos y el trotoneo ibicenco. Allí se dan cita, cada domingo por la tarde, Joaquín “Joe” Claussell, Danny Krivit y el propio Kevorkian en una especie de culto mariano hacía la buena música house. Afortunadamente ese espíritu (ya sabemos que no es lo mismo comulgar en la catedral de Burgos que en una parroquia de Villablino) se extiende como una catequesis de house y disco hasta nuestros días, llevando el cuerpo de Cristo (Larry Levan) por todo el mundo.

Otro punto de inflexión en la carrera de Kevorkian surge en Barcelona, en pleno Sónar de 2002, dónde realiza una sesión (abrió con Trapped de Syphon y cerró con el Module Overload de Phase) para enmarcar: aparcando sonidos más houseros para dar una lección a todos aquellos que se apuntaban al carro de sonidos más futuristas y orgánicos (techno y dub), pinchando de una manera exquisita tracks de Surgeon,  Phantom Power o Jeff Mills. Sónar tuvo a bien en editar esa sesión en un cd Françis K. Live at Sónar que ya pueden besar cada noche antes de irse a dormir todos aquellos que lo posean.

Ese mismo año gira con el genio de Detroit, Derrick May bajo el alías de Cosmic Twins, llevando su concepción del techno hacia terrenos colindantes al electro y hasta incluso minimal.

Sin François Kevorkian no entenderíamos el devenir de los colectivos disco y house (y sus correspondientes factorías) a finales del siglo XX y principios del XXI. Oportunidad única de contemplar un set de house clásico y disco del único francés respetado en las cabinas americanas, este sábado en Soundeat Barcelona: La reinassance.