Cuando se anunció “We Are Your Friends”, la película de la EDM, ya teníamos morbillo y ganas de verla porque suponíamos que iba a ser una mierda. Teníamos en la cabeza cómo iba a ser y qué tipo de bromas hacer. Vamos, que prácticamente estaba el texto escrito en la cabeza. Luego llegaron los números. En el fin de semana que se estrenó en Estados Unidos no llegó a los dos millones de dólares de recaudación, es decir, fue la 14ª más vista en esas fechas. Un filme con Zac Efron y que se supone que apela a una audiencia juvenil, o millenial, como se quiere llamar ahora. Se considera uno de los fracasos de taquilla más estrepitosos de la historia y no porque trate sobre un género tan denostado como la EDM, sino porque simple y llanamente es una auténtica basauri.

Como filme sobre la música, sea del género que sea, “We Are Your Friends” tropieza estrepitosamente. Compararla con “Eden”, “Trainspotting”, “24 Hour Party People”, etcétera es ridículo. De la EDM se puede sacar algo bueno. Es una música, a fin de cuentas, jovial, entusiasta, que transmite buen rollo. Una música para gente joven que no se quiere buscar complicaciones, que va a lo fácil, que es un buen drop. Sus festivales son coloridos, llenos de todo tipo de estímulos sensoriales que ayudan a que un cineasta con algo de habilidad haga algo chulo, pero de esto no va la peli. No, “We Are Your Friends” es un culebrón al uso, un intento de historia de coming-at-age que chirría por todos los lados. En él se nos presenta un triángulo amoroso, el formado por el joven aspirante a estrella de la electrónica (Zac Efron), el DJ veterano que “era bueno pero que ahora sólo da lo que la gente quiere” (Wes Bentley), y la novia y asistente de éste (Emily Ratajkowski). Como os imaginaréis, los dos hombres pelearán por el amor de la mujer, su amistad se irá al traste y todos esos tópicos que hemos visto mil veces en cine de sobremesa.

La música es, pues, un telón de fondo. “We Are Your Friends” podría haber utilizado todos los hits que ahora más lo petan en la EDM, contar con cameos de algunas de sus estrellas (vale, están Nicky Romero, Alesso y Dillon Francis pero de manera testimonial), utilizar toda clase de referencias musicales en sus diálogos para que des un leve codazo de excitación a tu colega en el cine. Pero no hay nada de eso. No hay nada del entusiasmo que genera una música puramente lúdica. De hecho, en lugar de darte ganas de salir de fiesta, ponerte el último banger de David Guetta, aprender a pinchar (aunque agujas ya no se pinchan) o comprarte abonos para el próximo Tomorrowland, el filme invita a sumirse en la más absoluta depresión, porque es un bajón total. No sólo por el tono, sino por la evolución de los protagonistas, que es plana, o lo que es lo mismo, nula. El director, también coguionista, esboza unos personajes estereotipados, que no transmiten ningún tipo de emoción, con los que es imposible empatizar. No es que el trío protagonista actúe mal, de hecho, las interpretaciones de Bentley (un actor cuyo talento está fuera de toda duda) y de Ratajkowski (una modelo que aunque aquí está de mujer florero, hace su trabajo actoral dignamente), es que no pasa absolutamente nada aquí. Decir que los temas se tratan superficialmente sería elogioso. En la hora y media que dura vemos una discoteca en California, una fiesta privada en casa del veterano DJ, un festival en Las Vegas y poco más. Al final intentan decirte que han madurado un poco, pero es imposible creérselo.

Puede que la intención de los productores fuese otra, que nosotros nos imaginásemos que esto iba a ser una película sobre el EDM y todo lo que ello conlleva. Pero la elección de Max Joseph como director evidencia que no es así. El cineasta es conocido por su trabajo en el docu-reality de MTV “Catfish”, es decir, que buscaban a alguien que tuviese cierta idea de la cultura pop. Y, sí, hay momentos que parece que lo intente, pero son ridículos por recordar demasiado a recursos que se han hecho antes y mejor. Por ejemplo, al principio, cuando utiliza una voz en off para explicar lo que es el valle de San Fernando, un lugar con muchos rodajes porno y el mejor sushi del país, o el texto escrito en pantalla en esas escenas de oficina del trabajo de día que tiene el protagonista con un jefe (Jon Bernthal) muy DiCaprio en “El Lobo De Wall Street”. Buenos intentos, pero el momento en el que Cole, el joven DJ, le cuenta a Sophie, es decir, la jacaza, qué es esto de pinchar, resulta absolutamente ridículo, o cuando explica las diferencias de los BPMs en cada género (el ejemplo que usa para describir el dubstep es para echarse las manos a la cabeza) dejan claro lo poco que saben de electrónica los responsables de este fiasco o lo poco que se han esforzado en hacer un pequeño trabajo de investigación. Al final todo se resume en una perezosa frase de la película que explica lo que se necesita para triunfar en esto: “sólo un portátil, algo de talento y un tema”. Si creen que la electrónica sólo trata de eso, ya está todo dicho.