El dúo Fuck Buttons, por lo visto esta noche pues agotaron las entradas de la última fecha del ciclo DNIT del CaixaForum barcelonés, es una de las sensaciones sonoras del público ávido de sensaciones fuertes y música electrónica diferente (y de eso en Barcelona vamos sobrados, por suerte o por desgracia). ¿Vamos a estos conciertos porque toca ir y hay que dejarse ver o sentimos un placer sincero al ver en directo a un grupo tan alejado de los convencionalismos como el que dio por concluida la temporada de DNIT? Imagino que un poco de ambas cosas hay en citas como ésta, en las que es casi tan importante el estar como el disfrutar de un espectáculo musical que, aunque cada vez vaya mutando hacia el formato clásico de canción pop (en líneas muy generales, claro), sigue siendo uno de los shows más epatantes del momento gracias a su combinación de distorsión sintética, bombos que son puñetazos en la mandíbula y muchos elementos prestados del rock industrial. Porque sí, Fuck Buttons son buenos, especiales y tienen aquello que llaman “actitud”.

Actitud para empezar su concierto con “Brainfreeze”, quizá su tema más escuchado y querido por el respetable, donde su particular mezcla de post rock, ambient enrarecido y glitches de la muerte alcanza cotas casi insuperables. ¿Es bueno empezar un directo con tu tema más conocido? Sí y no, no y sí. Sí porque con un tema tan sumamente redondo como ése, el público se pone en materia en cuestión de segundos, y no porque, no nos vamos a engañar, o por lo menos esa es mi no tan humilde opinión, pocos de sus temas resultan tan completos y compactos. A partir de ahí no diré que su concierto fuera cuesta abajo, porque no fue así, pero cuando la pareja se deja llevar por la psicodelia electrónica (que me pareció un poco pajillera e inocua), el factor amenazante y peligroso de su música pierde bastantes enteros. Excesivos en muchos momentos, barrocos y bastante punkis en actitud (y con una imagen muy “somos los personajes descartados de “Big Bang Theory””), Fuck Buttons me dejaron con un sabor agridulce. Cuando su propuesta se acerca a lo que grupos como Nine Inch Nails o Ministry nos han dejado como legado, vencen y convencen, cuando se alejan de esos postulados, muerden sin dientes.