A Erik Urano le ocurre lo mismo que a Dizzee Rascal. Ambos coinciden en recordar con especial cariño una época marcada por el videojuego Street Fighter. “En la sala de máquinas de mi barrio -afirma Erik- era el auténtico clásico, tenías que ganarte tu estatus contra los mayores y eso podía acarrear que te llevaras un tortazo por ganar a quien no debías, o verte involucrado en cualquier trifulca por saltarte las reglas que había pautadas”. En los videojuegos de los 80 y los 90 había y hay algo más allá del verbo “jugar”: la importancia de una banda sonora manufacturada en Japón y cuya influencia sigue vigente hoy en día. En esto, precisamente, se ha inspirado la Red Bull Music Academy para crear la serie documental Diggin’ in the carts (que cuenta con las declaraciones de compositores como Nobuo Uematsu o Yuzo Koshiro y artistas como Dizzee Rascal, J Rocc o Kode9). Con motivo de la emisión del sexto y último capítulo de esta serie, hemos hablado con diferentes artistas españoles aficionados a los videojuegos, que han echado la vista atrás para la ocasión, hasta plantarse en una etapa de su vida donde soltar adrenalina pasaba por monedas de 25 pesetas y melodías de 8 bits.
“Si te has criado comiendo Bimbocaos y jugando a la Playstation es normal que guardes con especial cariño la música de Final Fight o Metal Gear Solid y que eso tenga una influencia directa sobre lo que haces”; lo dice Fernando Arufe, uno de los artistas del panorama estatal que cuenta con un mayor abanico de iconografía nostálgica a su alrededor. Su viaje en el tiempo para este reportaje le traslada hasta su primera videoconsola (Sega Master System) y sus primeras experiencias con los videojuegos: “Yo era el pequeño de la casa así que básicamente tuve las consolas que mi hermano tenía. Guardo con mucho cariño la época Super Nintendo; lo recuerdo como algo increíble, aquellos viernes por la noche en casa de mis abuelos burlando con mi hermano hasta las tantas de la mañana. También guardo con especial cariño la época de las salas de juegos con todos los macarras de mi barrio, fumando pitis y gastando monedas de 25 pesetas como si no hubiese mañana”.

Ese sentimiento de añoranza de una época infantil concreta -dice Eme DJ– influye en la forma en que los videojuegos han marcado a una generación. “Los que crecimos en las salas de recreativos, los primeros ordenadores y con las primeras consolas de 8 y 16 bits tenemos un sentimiento muy profundo de pasarnos horas y horas evadiéndonos de la realidad, ya fuera solos o acompañados, delante de la pantalla. Creo que es nostalgia. Nos ha marcado tanto esos momentos, que nos gusta recrearnos en ello”.

La música japonesa de los videojuegos ha ejercido y sigue ejerciendo una influencia innegable en la música moderna. “Aparte de la metodología y, por supuesto, de crear ese tipo de atmósferas que han sido una influencia tan grande para la música moderna -afirma Erik-, muchos de los productores que están marcando las pautas de los sonidos más de vanguardia en el mundo actualmente han crecido escuchando todas estas melodías en videojuegos a los que han dedicado un sinfín de horas, así que es inevitable que todo eso emerja del subconsciente a la hora de crear a día de hoy”.

El productor barcelonés Daniel Guijarro, más conocido como Headbirds, reflexiona sobre su caso personal: “No tengo un referente claro, pero sí creo que me ha influido la estructura por fases de nivel en el juego a la hora de crear tensión y diferentes pasajes en mis temas”. Muchas de las características esenciales de la música utilizada en los videojuegos, no sólo han perdurado en el tiempo sino que han empapado diferentes terrenos de la electrónica. El propio Kode 9 afirma en el Episodio 1 de Diggin’ in the carts: “esto de los 8 bits es como un virus, es infeccioso. Ha salido del pequeño mundo de los videojuegos de 8 bits y se ha extendido a muchos otros géneros musicales, como el hip hop, el dubstep, el grime, el techno. Y ahora también el footwork”.

Sobre si existe una relación especial entre el hip hop y los videojuegos, Erik opina que “han llevado caminos completamente paralelos y que en determinados momentos han acabado por cruzarse”. Y añade: “es evidente que si miramos las fechas, son dos corrientes que han crecido muy a la par. Y el hip hop, como buena esponja cultural que es, ha absorbido toda influencia a su alrededor y la industria de los videojuegos es sin duda una de ellas. Al haber alimentado las cabezas de miles de jóvenes en el mundo, no es raro asegurar que prácticamente todos los artistas de hip hop con los que hemos crecido han jugado durante su vida a multitud de videojuegos y consolas o salas recreativas”.

En el libro titulado La Música en el Lenguaje Audiovisual (editado por Teresa Fraile y Eduardo Viñuela), el investigador Israel V. Márquez de la Universidad Complutense de Madrid afirma que “el género que mejor representa la relación música-videojuegos es el de la música electrónica”. Y especifica: “La música de los primeros videojuegos tiene mucho en común con la música electrónica, en especial con la música techno: es una música repetitiva, llena de efectos sonoros, y potencialmente infinita, a la manera de un bucle o loop. Hay quienes incluso han comparado los viejos arcade y salas recreativas con clubes de música electrónica (…)”.

Precisamente a ese vínculo especial alude el productor sevillano Lost Twin: “la naturaleza de la música de los videojuegos es mayormente repetitiva y efectista, y es fácil rastrear cómo estos atributos están presentes en gran parte de la música de baile desde los 80 hasta nuestros días. Por ejemplo, creo que pasar unas horas jugando a Wipeout 2097 puede acercarte a la esencia de la escena de clubs y raves de los 90 en Inglaterra más eficazmente que muchas crónicas escritas o filmadas”.

Carlos R. Pinto (el nombre que hay detrás del alias Lost Twin), no sólo reconoce su fascinación por esta música sino también la manera directa en que ha visto reflejado ese empapamiento cultural en sus producciones. “La era de los 8 y los 16 bits es una fuente de inspiración inagotable para mí: la capacidad de muchos compositores de crear bandas sonoras con melodías y arreglos verdaderamente memorables usando recursos tan limitados es asombrosa. No sólo he sampleado de ahí, algún día acabaré la versión que empecé hace unos meses de la maravillosa “Space Walk” de Thunder Force IV”.
SPACE WALK:

En su trabajo titulado “Energía Libre”, Erik Urano y Zar1 incluyen el tema “Arcade” (que cuenta con la colaboración de Elsso Rodríguez). “Con mi conciencia dando vueltas como Sonic y el Rey Lagarto hablándome del fin”, canta Erik en su letra. Cuando se le pregunta por cómo surge el track, el rapero reconoce abiertamente que tenía ganas de hacer algo tomando los videojuegos como punto de partida: “antes de maquinar Energia Libre, mi intención era sacar un trabajo que se iba a titular “8 Beats” en el que iba a haber 8 temas con sus correspondientes ritmos con sonidos 8 bits. Al final me rayé porque se empezaba a llevar demasiado toda la parafernalia y la estética 8 bits y ese tema pasó el corte para entrar en Energia Libre, propuse a Elsso que se escribiera unas barras sobre ese ritmazo del Zar y el resto es historia”.
ERIK Y ZAR1 – ARCADE:

A colación de esa inspiración en los videojuegos, Eme DJ admite que su adoración por este imaginario también se ha visto reflejado en su música: “Una de mis sesiones que tengo en Soundcloud se llama Shadow Moses, que es una de las ubicaciones en las que se desarrolla uno de mis juegos favoritos: Metal Gear Solid”. Y puntualiza: “Hace años confiaba en tener un proyecto musical o un grupo al que llamarlo de la misma forma”.
En el caso de Arufe, su particular homenaje tiene forma de EP (el cual firma junto a Judah), se titula “Computer Rock” y fue publicado en el año 2010. “Es un EP -explica el artista- que contiene referencias a la cultura pop de los 80’ y 90’ y está fuertemente influenciado por todo lo que consumí durante mi infancia: películas, videojuegos, gominolas…”.
COMPUTER ROCK – ARUFE Y JUDAH

Obviando la consecuencia más explícita de tomar como referente el mundo de los videojuegos a la hora de producir, lo que es cierto es que la relación entre la música de los videojuegos y la manera de trabajar de los artistas se ha ido haciendo cada vez más estrecha. “Mi generación -apunta Headbirds- se ha criado con una consola en casa y esa música japonesa seguro que tiene mucho que ver con el desarrollo en la manera de crear electrónica hoy. Más que por un estilo, yo creo que las herramientas de las que disponían los compositores de esas bandas sonoras han sido las mismas que han propiciado ese acercamiento a la tecnología musical actual, barata y accesible a todos”.

Nobuo Uematsu (el que fuera creador de la banda sonora del juego Final Fantasy), confiesa en el Episodio 5 de la serie: “cuantas más limitaciones se tienen, más se agudiza el ingenio, así que tal vez disfrutara pensando cómo se podría hacer música rock con tres sonidos o cómo lograr algo que sonara a clásico. Para mí era como un juego”. Israel V. Márquez (en el mismo libro que hemos señalado anteriormente) reafirma esta especie de paralelismo planteado por Uematsu entre jugar y producir: “Para los músicos que emplean la Game Boy como instrumento musical no hay diferencia entre tocar una Game Boy, un violín o una guitarra eléctrica, lo que nos lleva a formularnos, como hace Bittanti [investigador italiano especializado en este ámbito], la pregunta del millón: ‘¿Interpretar música es tan distinto a jugar con videojuegos? La respuesta es: no. En ambos casos, depende de la destreza, la ejecución, el timing, el estilo…’ (…) en muchos idiomas la ejecución de instrumentos musicales se denomina jugar, por lo que la relación entre tocar un instrumento y jugar a un videojuego nos viene ya desde el propio lenguaje”.

Pero sobre todas las influencias directas en los sonidos actuales y sobre todas las alusiones (descaradas o implícitas) que van unidas a su estética, sobre todo eso hay algo mucho más elemental, como señala el propio Lost Twin: la música de videojuegos creada en Japón durante los 80’ y los 90’ “sirvió además para que muchos nos empezáramos a interesar por la música electrónica y los sonidos sintéticos en general. Y ya sólo por esto, el reconocimiento ha de ser obligatorio.